Acabo de suscribirme a la revista literaria Buensalvaje. Ahora mismo estoy sumergida en un mar de artículos, reseñas literarias y relatos. A veces me dan esos prontos, leo algo que me llama la atención y me lanzo a por ello. Porque Buensalvaje, a pesar de que lleva dos años y medio de andadura en Perú y ya ha aterrizado en otros países hispanohablantes como Colombia y Costa Rica, es casi una recién llegada a España de la mano de David Villanueva, editor de Demipage. En realidad la revista se distribuye de forma gratuita, aunque yo haya decidido apoyarla económicamente con mi suscripción. No es la primera vez que me implico en proyectos culturales –el próximo aparecerá por aquí dentro de un par de meses–. No me pareció caro y venía con regalo: un libro de Demipage que podía escoger yo misma. No sabéis lo complicado que es avanzar y retroceder por las páginas del catálogo teniendo que decantarme por uno solo. Al final, fue El librero el escogido para unirse a mi biblioteca. Me atrajo la sinopsis y me atrajo el fragmento que podéis leer en su página web. Y me atrajo que tratara de libros, qué más voy a pedir.

El librero, escrito por Régis de Sá Moreira (París, 1973) y que se suma a otras novelas como Sin tiempo que perder (Prix le livre élu 2000), Cero muertos, Marido y mujer y La vida, es un retrato de un día de un librero. No un vendedor de libros, sino un Librero con mayúscula.

A miles de kilómetros del lugar donde te encuentras, en un país, en una ciudad, en un librería, un librero ocupa sus días en leer y releer todos sus libros. De vez en cuando algún cliente lo abstrae de su tarea y le pide algún libro extraño, «donde todo suceda en un bosque», por ejemplo, «no aparezca ningún aparato electrónico» o «se repita continuamente la palabra “indulgencia”».

El librero es, cuando menos, un libro extraño. Muy cercano a la literatura infantil en su concepto, aunque no en su desarrollo, nos narra la historia de un hombre sin nombre ni nacionalidad, sin amigos y con un cierto desdén hacia sus clientes, cuyo objetivo es “no vender basura”. Y ese objetivo se cumple de la forma más subjetiva posible: lee todo lo que puede y deja en las baldas de su librería sólo aquello que considera digno de ser transmitido, llegando a situaciones como que tan solo haya una guía de viajes –de Brasil– y sin embargo pueda haber decenas de ediciones del mismo clásico.

Régis de Sá Moreira se mueve sin disimulo entre la realidad y la ficción y sitúa en un escenario muy reconocible –más cercano tal vez a las librerías de anticuario que a las modernas inundadas por estanterias metálicas o de contrachapado pintado– a un personaje peculiar, que roza la locura, aislado de todo salvo de las historias que lee y aparentemente incapaz de mantener una relación social más que con aquellos clientes que también se sumergen en la paranoia. Los libros inundan su vida y su espacio y por eso deja todo de lado: en el pequeño apartamento encima de la librería, comunicado con ella por una escalera no hay dormitorio ni comida, ya que el hombre subsiste a base de infusiones, una después de cada cliente, que escoge en función del regusto que le queda de la conversación. Se comunica con sus hermanos a través de páginas de libros que arranca y les envía por correo, lo que deja los volúmenes inservibles y los va acumulando en la habitación de arriba, formando pilas que crecen sin parar.

El librero no soporta a las parejas pero mantiene una cordial e incluso amable relación con los testigos de Jehová que quieren infundirle la Verdad, pero que desisten al ver la paz en la que se encuentra sumido. Al librero le visita Dios de vez en cuando, la palabra y se siente muy disgustado durante la tercera hora después del mediodía.

La novela es una fábula dulce sobre el “espacio sagrado” que componen las librerías y el oficio de librero, pero está tal vez carente de un objetivo y una trama claras, de una acción que dé sentido a la novela más allá de describir la rutina del protagonista. Avanza con lenguaje sencillo y musical sin quitarse nunca de encima la neblina de lo irreal, desbordando imaginación. Es una novela que se lee rápido y sin embargo deja sensación de plenitud, de haberla disfrutado con calma.

El librero es, en todo caso, una obra de amor hacia el placer de la literatura y un ofrecimiento al lector a sumergirse en él con avidez.

  • Título: El librero
  • Autor: Régis de Sá Moreira (Traducción de Sofía Rhei)
  • Editorial: Demipage (más información del libro aquí)
  • 192 páginas. 17,00 Euros (6,90 Euros en edición digital)

Puedes conseguir el libro clicando en la siguiente imagen

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