Richard Ford, el escritor de las llanuras

Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después. El atraco es la parte más importante, ya que nos puso a mi hermana y a mí en las sendas que acabarían tomando nuestras vidas. Nada tendría sentido si no se contase esto antes que nada.

Canadá comienza de esta forma tan abrupta que demuestra, desde su primer párrafo, que no es esta una historia de acción, de saber qué pasará. Domina el cómo, el por qué. Toda la acción de la novela está resumida en esas dos primeras frases. Y a partir de ahí surge de duda de qué nos encontraremos en las 500 páginas que le subsiguen.

Dell Parsons es un adolescente que vive con su melliza y con sus padres en Montana. Su padre Bev, licenciado del ejército del aire, vaga de uno a otro trabajo, es un pobre diablo incapaz de ver su fracaso y acaba metido en una operación ilegal de contrabando de carne. Su madre, hija de judíos, es una mujer débil que acompaña a su marido a pesar de no sentir ya amor por él y despreciarle en lo más profundo. Llegado un momento, para hacer frente a una deuda que no pueden asumir, ambos deciden atracar un banco, a resultas de lo cual son detenidos, dejando huérfanos a Dell y su hermana Berner. Ésta decide huir, mientras que Dell, siguiendo los deseos de su madre, viaja a Canadá a ocultarse en el hotel de Arthur Remlinger, un americano de carácter violento y extravagante.

Canadá es el regreso de Ford a un ambiente agreste que sin embargo resulta cálido a los ojos del lector, al rememorar un espacio ya conocido y descrito en obras anteriores. La dureza de los paisajes áridos, el polvo, el lento avance de los trenes de mercancías, los pueblos semi abandonados que aún conservan ciertos matices de un antiguo explendor, las bandadas de gansos a la espera de ser cazados… son descritos con pericia, con calma y exactitud, sin que el extenso nivel de detalles llegue a aburrir.

El libro está dividido en tres actos: dos bastante largos –los episodios que desembocan en el atraco en Dakota y los asesinatos en Canadá– y un tercero que, a modo de epílogo, supone el reencuentro de los dos hermanos, ya adultos. Cada una de las partes puede considerarse, en cierto modo, como un cuento en sí mismo. La historia la narra en primera persona un Dell ya jubilado que suma, queriendo desentrañar su significado, a sus propios recuerdos, las notas que escribió su madre en la cárcel, algunas impresiones de su hermana y noticias de los diarios.

Canadá es la historia de la abrupta entrada en la madurez de un adolescente expuesto a las circunstancias que no es capaz de tomar sus propias decisiones y  se ve arrastrado por las de los adultos a su alrededor, su angustia y la evaporación de sus sueños infantiles. Es también la historia del amor y de los lazos que unen a la familia y su fragilidad. La de las elecciones y sus consecuencias, el abandono, el mundo rural, la soledad y la incertidumbre.

Y entre todo este compendio de emociones, Ford se desplaza con calma, como una balsa en aguas tranquilas, desvelando de forma sutil el avance de los acontecimientos, el desarrollo de la psicología del protagonista. Sin artificios ni efectos estrambóticos nos deja hipnotizados.

Aunque en el prefacio de Canadá Richard Ford excluye la posibilidad de cualquier semejanza con la vida real y asegura que la historia está ficcionada en toda su extensión, no son pocas las coincidencias que se pueden encontrar entre Dell Parsons y él mismo: ambos han vivido en un hotel en la adolescencia –Ford fue enviado al Little Rock Hotel, gestionado por su abuela y el segundo marido de ésta, a petición de su madre, que trataba de controlar al autor, convertido en un adolescente problemático–; Ford perdió a su padre a los 16 años, mientras que la madre del protagonista se suicida cuando éste tiene 15; ambos cursaron estudios superiores después de haber pasado por varios empleos en la adolescencia y primeros años de juventud…

“Me necesitaba para que hiciera lo que los hijos hacen por sus padres: dar fe de que son entes con sustancia, de que no están huecos, de que no son carencias sonoras. De que importan, cuando tan pocas cosas parecen importar.”

Richard Ford es, sin ninguna duda, uno de los mejores escritores del panorama estadounidense actual. Pero es también un escritor lento, que no se prodiga demasiado en sus obras, que se hace esperar. Y tal vez sea esa la mejor noticia para los que, como yo, hemos descubierto su obra algo tarde y estamos deseosos por ponernos al día. Creo que ya he mencionado en alguna ocasión la pasión que siento por este autor. Su recopilación de relatos Rock Springs, que me gustó aún más que la novela que aquí reseño, me enamoró de forma incondicional, así que no creo que pase mucho tiempo antes de que incorpore una nueva obra suya a mi lista de lecturas.

Richard Ford (1944, Jackson, Mississippi) es escritor, guionista y editor y entre sus obras se encuentran las novelas Un trozo de mi corazón, La última oportunidad, Incendios, Canadá y la trilogía protagonizada por Frank Bascombe: El periodista deportivo, El Día de la Independencia (premios Pulitzer y PEN/Faulkner) y Acción de Gracias, tres libros de narraciones cortas y largas –Rock Springs, De mujeres con hombres y Pecados sin cuento–, y el breve libro emorialístico Mi madre.

  • Título: Canadá
  • Autor: Richard Ford (traducción de Jesús Zulaika)
  • Editorial: Anagrama (podéis ver más información del libro aquí)
  • 512 páginas. 24,90 Euros.

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