Eres consciente de que una novela está de moda cuando las redes sociales se inundan de comentarios sobre ella a todas horas. Sin venir a cuenta te bombardean sin descanso y parece que la novela te persigue, te acosa y no te va a dejar descansar hasta que la leas. Es lo que me ha pasado con Blitz, de David Trueba. Justo esta semana, mientras la estaba leyendo, me he encontrado con reseñas en dos de mis blogs de cabecera Cosas que (me) pasan y Mobas. Reseñas, por cierto, que no pueden ser menos afines entre sí y eso ha acrecentado aun más mi curiosidad. Normalmente suelo estar de acuerdo con Mónica, pero en esta ocasión me rindo ante el análisis –con su maravillosa mala leche– de Molinos.

Te juro que el pasado estaba olvidado, Beto, superado. Yo asentía con la cabeza, pero no estaba de acuerdo. Ella seguía hablando. Él es ahora una persona nueva y yo también. Intuí, pues, que el único que se había convertido en una persona vieja y gastada era yo.

Blitz es la historia de Beto, un arquitecto especializado en paisajismo que acude a una convención en Alemania junto con su novia Marta para presentar un proyecto. Allí recibe un mensaje, supuestamente dirigido a otra persona, con el que se entera de que Marta va a dejarle por un antiguo novio. De repente se encuentra perdido, abandonado y desorientado en Múnich, resistiéndose a volver a Madrid con el fracaso a cuestas y con la única compañía de Helga, una mujer alemana de avanzada edad, voluntaria del congreso, que le acoje hasta su vuelta.

Blitz es un cúmulo de despropósitos resumidos en una historia de poco más de ciento cincuenta páginas. David Trueba (Madrid, 1969), escritor, periodista, director de cine, guionista y actor, nos sumerge en esta su cuarta novela en la vida de un personaje insulso, carente de personalidad, que se deja arrastrar por las circunstancias sin poner nada de su parte por mejorar su situación. Mantiene su empresa de arquitectura gracias al apoyo y firmeza de Marta y, una vez ésta le abandona, ni siquiera se plantea la posibilidad de continuar con un proyecto que, en base, es solo suyo. Del mismo modo, depende de Helga –convertida en una sustituta de madre, amante y compañera– para sobrevivir en Múnich el tiempo necesario hasta coger el vuelo de vuelta.

Uno de los principales problemas de la novela es lo desdibujados que están los personajes, sus intenciones, lo que los guía: el arquitecto se transforma en diseñador de app móviles en un fracasado intento de avanzar una historia que se queda atascada desde el nudo incial y que no llega a resolverse en ningún momento; el enemigo profesional se transforma en protector y la novia desaparece a las primeras de cambio a pesar de la influencia que, sin ninguna duda, ejerce en Beto quien, por su parte, no reacciona ante nada y parece un adolescente incapaz de razonar, movido por los primitivos instintos de comer y reproducirse.

Tampoco me ha gustado el estilo narrativo de Trueba aunque, como no he leído ninguna de sus novelas anteriores, ignoro si se trata de algo relacionado con esta obra en concreto o de algo general. Por un lado, la sencillez de las frases me resulta en ocasiones exagerada, como si estuviera dirigiéndose a un público muy joven que necesitara de ayuda para comprender. Es cierto que las frases excesivamente largas, plenas de subordinadas y conjunciones pueden suponer un engorro para el lector, pero aquí de lo que se peca es de exactamente lo contrario. Frases muy cortas, cortantes y aún así a veces incomprensibles, al punto que me dan la impresión de estar mal construidas, lo que doy por sentado es una apreciación mía. No me convence además el uso que hace de los diálogos sin ningún tipo de indicación, como rayas largas o saltos de línea. No es algo infrecuente, pero en ocasiones confunde y cuesta ver dónde acaba la conversación y dónde continúa la narración. Además cae con demasiada frecuencia en la cursilería, en un intento por salir victorioso en esa difícil tarea que es expresar las emociones con letras sin tropezar por un lado en lo patético ni en lo basto por el otro.

El último punto que no me ha convencido ha sido la inmersión social que Trueba recrea en la novela. La historia se sitúa en el momento actual, con una España asfixiada por la crisis del ladrillo, el  alarmante nivel de paro juvenil y un enfrentamiento entre la relajada vida del sur y la notable disciplina germana. Pero la forma de sumergirnos en esa casuística tiene en ocasiones algo de adoctrinamiento, de hacer creer al lector que la realidad es esa y no otra, que no existen visiones diferentes. Y esas verdades, expresadas con tanta vehemencia y sin venir siempre a cuento, desplazan la historia de Beto a un papel secundario, poco relevante, una sensación que se incrementa por el acelerado final.

Porque necesitamos volver a mirar el mundo real, no vagar por la ficción, ni levantar una fantasía, ni permanecer evadidos. Necesitamos un espejo pero curativo, volvernos a enamorar de nosotros mismos, de nuestro hecho concreto y humano, por defectuoso que sea.

Como es normal, no todo en Blitz son desaciertos, pero estos superan con mucho a los aciertos. Personajes con reacciones poco creíbles que se mueven impulsados por el destino sin voluntad propia. Por destacar alguna escena que sí me ha convencido, diría que la descripción del encuentro sexual entre Beto y Helga –aunque lo veo muy poco factible– y la trifulca en la mesa redonda, que es de los pocos momentos donde el protagonista demuestra tener algo de sangre recorriéndole las venas.

En la contraportada se define esta novela como una tragicomedia romántica. Yo no he sabido verle el lado trágico, que roza más el patetismo, ni por supuesto la parte cómica. Y como historia romántica tampoco le doy gran valor, ya que el protagonista es incapaz de explicar qué tenía Marta que la hacía tan especial.

En las redes casi todas las notas y reseñas sobre esta novela que vais a encontrar son entusiastas y muy positivas, pero para mi Blitz ha sido mi primera gran decepción en lecturas de este año. Ya veré si le doy una oportunidad a alguna otra de sus novelas –Cuatro amigos es la que más me han recomendado– pero, ahora mismo, no está entre mis prioridades.

  • Título: Blitz
  • Autor: David Trueba
  • Editorial: Anagrama. Colección narrativas hispánicas (más información del libro en la página de la editorial)
  • 176 páginas. 16,90 Euros

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