Que empiece la fiesta y la búsqueda del humor literario

Lo del humor y la literatura es un tema cuando menos peliagudo. Preguntando aquí y allá, descubro que más que la tragedia. Porque parece que todos coincidimos en qué es un relato dramático, pero lo de las risas tiene un componente subjetivo muy difícil de precisar.

Por generalizar, la mayoría de la gente confirmará que el humor inglés de La hija de Robert Poste es una delicia. A mí, aunque no me disgustó la historia, no le vi la gracia por ninguna parte. Sin noticias de Gurb, de Mendoza, es otro de los libros en los que suele haber consenso. La conjura de los necios también tiene algún que otro párrafo que se puede entender como hilarante. Pero es complicado, no cabe duda. Por cierto, a mí me divirtió mucho Spam, de Francisco Castro.

Harta o saturada de leer dramas —buenos, entretenidos, pero dramas a fin de cuentas— le pedí a mi librero que me sugiriera algo más bien entretenido. Así llegó a mis manos Que empiece la fiesta, de Niccòlo Ammaniti.

Niccòlo Ammaniti, lejos de la literatura turística.

Niccòlo Ammaniti (Roma, 1966) tiene el honor (o la carga) de ser lo que se llama la gran figura de las letras italianas de su generación. Aunque cursó estudios de Biología, dejó de lado la carrera para dedicarse a la escritura. Eso no restó para que convirtiera el proyecto de tesis en su primera novela: Branchie! (1994). Escritor realista, refleja la sociedad italiana con cierta brutalidad, alejándola de los estereotipos del romanticismo y el turismo.

En 2007 ganó el Premio Strega, el galardón literario italiano más relevante, por Come Dio comanda (Como Dios manda, 2006). Su obra ha sido traducida a más de cuarenta idiomas y algunas de sus novelas han sido llevadas al cine.

Que empiece la fiesta, publicada en 2009, consiguió la nominación al premio Alabarda d’oro en 2010.

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Niccolò Ammaninti
(Fotografía: Roberto Nistri)

El desfase a la italiana

El rico constructor Sasa Chiatti, una suerte de Silvio Berlusconi, organiza en su nueva residencia de Villa Ada, en el corazón de Roma, una fiesta que pasará a la historia como el acontecimiento mundano más grande de la República italiana. A la fiesta asistirá la crème de la crème de la curia del corazón: cantantes, futbolistas, actores, escritores, políticos, periodistas… Pero también aparecerán por las páginas de Que empiece la fiesta una colección de frikis y personajes de lo más peculiares: equipos desaparecidos de gimnasia rusa, miembros de sectas satánicas…

Si buscamos definir esta novela con una palabra, esta sería desfase. Si queremos una segunda, sería entonces un desfase realista. Ammaniti no esconde en sus letras la inquina con la que arremete contra la rama más acomodada de la sociedad italiana. Se sirve de una delirante mezcla de personajes que en ocasiones rozan el absurdo más absoluto para denunciar que, bajo el esplendor que desprenden las revistas del corazón, se esconden las más viles bajezas.

La acción transcurre en Villa Ada, un palacio privado otrora residencia de reyes que ha sufrido un proceso de privatización y ha dejado de ser un parque público para convertirse en un parque de atracciones, safari para ricos incluido —no se escapa la similitud con algún personaje público español ya retirado–. La decadencia de Roma, dejada de lado por las autoridades que no invierten en su mantenimiento es el primero de los golpes que el autor dedicará con poca sutileza.

El nuevo propietario, Sasa Chiatti, es un constructor que ha alcanzado una posición privilegiada trabajando y amañando una buena cantidad de negocios, robando y especulando, y que ahora busca el reconocimiento público, la fama que no da el dinero sino sus equivalentes en el estrato social, montando para ello la mayor y más sonada fiesta de la historia.

Villa Ada, segundo mayor parque público de Roma y escenario de Que empiece la fiesta.
Fuente: Rome and Italy

El escritor patético y el satánico frustrado

Dos personajes nos llevan de la mano por esta aventura desquiciada.

De un lado, Fabrizio Ciba, un escritor que ha logrado el éxito entre el público y que sin embargo es rechazado por la crítica de su país y ve peligrar constantemente su estatus de consejero y tertuliano, derribado por las nuevas generaciones de escritores que llegan tras él. Egoista, alcohólico, aficionado en exceso al sexo, mentiroso y menos trabajador de lo que presume, Ciba vive en una perpetua cuerda flojo, aterrado por la opinión de los demás, inseguro, temeroso de que todos sepan que su imagen de escritor despreocupado es una fachada y nada más, un ejercicio de búsqueda de reconocimiento.

Por otro tenemos a Saverio Moneta, alias Mantos, líder de una secta satánica en plena decadencia que, con solo tres miembros, eternos adolescentes, parece destinada a ser absorbida por otra secta más grande. Para evitarlo, Mantos decide ejecutar una acción sonora que llamará la atención de los medios y le devolverá el esplendor: matar a una cantante, ex pareja de un líder satánico, quien, por supuesto, asistirá a la fiesta de Ciba.

In Crescendo hacia el colofón final

Partiendo de una situación base más o menos normal —dependerá del estándar de cada cual— Ammaniti lleva la acción a unos límites que superan con mucho la realidad plausible. Aunque la ironía y el humor negro están presentes a cada página, no es un libro de risa fácil, tal vez porque es demasiado evidente contra qué se dirige y porque ese mal que acucia a la sociedad italiana ataca también a la nuestra.

La corrupción, el culto al qué dirán y a la belleza, la prevaricación, la impunidad de los poderosos, el maltrato animal… todo tiene cabida en este gran jolgorio con el que Ammaniti, esperemos que se haya desa

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  • Título: Que empiece la fiesta
  • Autor: Niccolò Ammaniti (traducción de Juan Manuel Salmerón Arjonja)
  • Editorial: Anagrama. (Podéis encontrar más información sobre el libro aquí)
  • 336 páginas. 9,90 Euros (formato papel, edición en la colección Compactos de Anagrama).