El mundo de los felices es distinto del mundo de los infelices. (…) Pero cualquiera sabe que los felices no son felices todo el tiempo. El caso de los infelices es distinto, parecen más consecuentes consigo mismos.

Resulta difícil identificarse con la definición de Pornografía como “novela”. Sería más certero tal vez llamarla relato, cuento o incluso suspiro. Porque la lectura de sus apenas cincuenta páginas es rápida pero deja un poso que se digiere a lo largo de días y semanas e invita a revisitar una y otra vez algunas de las ideas vertidas que en su aparente sencillez encierran un significado muy profundo. Sería más correcto decir que el texto se mueve con ligereza entre diversos géneros (ensayo, novela, poesía…) en un claro ejemplo de literatura transversal.

Pornografía es una historia sobre el amor contada por un hombre maduro que trata de explicar el nacimiento, desarrollo y muerte de un romance que tiene plena vigencia en su mente. Para ello se apoya en recuerdos aislados, inconexos, no siempre relacionados de forma directa con esa vivencia, pero que le retrotraen a momentos a veces vulgares o cotidianos, a veces extraordinarios, de los que está sembrada cualquier relación. Es tal vez esa trama inconexa uno de los aspectos más atractivos para el lector, ya que le da la posibilidad, por un lado, de identificarse con algunas de las ideas que se expresan y, por otro, de llenar los huecos que Manuel Arranz deja en la historia con experiencias propias, haciendo suyo el relato y explorando otras posibilidades más allá de las expuestas.

A partir de cierto punto, ya no se puede volver atrás; ese punto es el que hay que alcanzar. Pero ese punto no lo quiere alcanzar nadie. Todo el mundo quiere poder rectificar, arrepentirse, empezar de nuevo, sin querer darse cuenta de que uno nunca rectifica, ni se arrepiente, ni empieza nada de nuevo. Pero ¿dónde está ese punto? ¿Cuando ya se han pedido los platos al camarero? ¿Cuando ya se ha saltado por la ventana? La frase es de Kafka, que se pasó la vida volviéndose atrás.

Manuel Arranz se apoya en citas y referencias a escritores y filósofos, muchos de ellos franceses, a los que ha leído y probablemente traducido en su vida profesional. Por las páginas de la novela se pasean, entre otros, citas de Arland, Wittgenstein, Ionesco, Bloy, Quignard, Hersch… En una primera lectura puede dar la impresión de que las referencias externas son exageradas en número, que no en propósito. Pero una relectura más pausada ayuda a comprender la claridad con la que están insertadas, el apoyo que suponen a las disertaciones del autor ejerciendo como pilares teóricos sobre los que apoya sus vivencias. Establece así un diálogo constante con ellos, si bien en general da la impresión de tratarse de un ejercicio de autocomprensión y mirada del personaje hacia su propio interior, más que un esfuerzo por entablar una conversación.

Pornografía no es sexo. Es una descripción minimalista y pausada del amor, desnuda e íntima, que desentraña paso a paso todas las sensaciones que éste abarca: la pasión y los celos, la soledad y la tristeza del adiós, la alegría del encuentro… Es, en definitiva, una novela sencilla y compleja al mismo tiempo que encuentra magníficos recursos estilísticos para expresar las emociones.

De cuando en cuando la acompañaba a visitar la tumba de sus padres. Comprábamos dos rosas y entrábamos en el cementerio del brazo, en silencio. Mientras ella rezaba una oración, yo trenzaba una rosa en la cruz. Aquellas oraciones y aquellas visitas al cementerio, eso es el amor.

Sinopsis: «Quisiera poder escribir una historia sencilla, un idilio, un relato de un centenar de páginas. Algo parecido a Así que usted comprenderá de Claudio Magris, ni siquiera tiene el centenar de páginas, pero qué intensidad, qué emoción. Orfeo sigue enamorado de su Eurídice. Mi relato es distinto al de Magris. Sus páginas cuentan la historia de un amor. Las mías, sin embargo, forman parte de la historia. Porque no se puede escribir mientras suceden los hechos. Lo que se escribe mientras suceden los hechos es también un hecho.
Las palabras también son hechos. Y necesitamos encontrar un sentido a todo lo que nos ha sucedido.»

Manuel Arranz (Madrid, 1950). Licenciado en filología moderna por la Universidad de Valencia, es traductor y crítico literario. Actualmente trabaja como bibliotecario. Ha traducido obras de Alain, Bataille, Berl, Blanchot, Bloy, Bove, Constant, Compagnon, Cravan, Derrida, Didi-Huberman, Jankélévitch o Quignard, entre otros autores franceses. Colabora habitualmente en diversas revistas culturales y de pensamiento (Archipiélago, Claves de Razón Práctica, Letras Libres, Las Nubes (revista electrónica), Revista de Occidente, Turia), así como en el suplemento cultural del periódico Levante (Posdata). Es autor de los libros: Con las palabras (aforismos), Pre-Textos, 1992; Voy a hablaros de vosotros (relatos), Huerga y Fierro, 2003; Ya no hablamos de lo mismo. Divagaciones sobre el vuelo de los búhos y el arte de tocar la flauta (ensayos), Pre-Textos, 2005; y Esto no puede acabar así (relatos), Huerga y Fierro, 2006. Pornografía es su primera novela.

  • Título: Pornografía
  • Autor: Manuel Arranz
  • Editorial: Periférica (podéis encontrar más información en el siguiente enlace)
  • 48 páginas. 11 Euros.

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