Decir de nuevo que este ha sido un año complicado, como hice a finales de 2016, da la impresión de mi vida es un tiovivo, pero la verdad es que en el terreno de lo profesional está siendo así y no puedo negar su influencia en el blog.

Durante los primeros meses del año apenas escribí nada, y aún hoy me cuesta llegar a las dos entradas semanales. En muchos casos me cuesta hasta completar una sola. Supongo que he atravesado eso que se da por llamar la crisis bloguera, que para muchos llega al año y para mí ha llegado bien pasados los tres. En todo caso, sigo adelante, recibo impresiones positivas por parte de mucha gente y, gracias a este pequeño espacio que sí es mío, completamente, para lo bueno y para lo malo, han ido surgiendo oportunidades preciosas que he aprovechado en lo posible.

2017 ha sido el año en el que me he convencido de que leo al margen de los medios. Me da igual quién gane qué premio o qué libro sea el más vendido. Leo lo que quiero, y lo que quiero es descubrir y sumergirme en proyectos nuevos y diferentes. De ahí que, sobre todo en la segunda mitad del año, las pequeñas editoriales y las más independientes brillen. ¿Quiere eso decir que voy a dejar de leer libros de Anagrama, por poner un ejemplo? Pues no. A fin de cuentas, es la editorial de mi amado Richard Ford. Pero sí tengo claro que las pequeñas son las que están ganando la mano: porque se preocupan por sus proyectos, los miman y los cuidan, porque ponen atención a los detalles (ya está bien de grandes editoriales que te cobran veinticinco euros por un libro sin corregir).

A pesar de que tenía claro que eso iba a influir en mis estadísticas, en el fondo no ha sido para tanto: los meses que he estado ausente habéis seguido demostrando interés por lo que publicaba y en las últimas semanas ha pasado a ser el año con más visitas de la corta historia. No son números para echar cohetes, pero a mí me valen y me sobran.

En lo que a lecturas se refiere, los números de Goodreads dicen que ha sido un buen año: 88 libros en total. Yo, que no me dejo guiar sólo por eso, sé que ha sido más bien regular: libros muy cortos (no por ello peores, claro está), un ritmo muy, muy irregular y muchísima novela gráfica que, al fin, es más rápida de leer. He comprado más de lo que he leído (se me ha ido la mano una barbaridad) y tengo, no es broma, libros suficientes para todo 2018. He leído mucho libro bueno y poco malo y eso hace que me resulte muy difícil destacar unas obras sobre otras. Pero en este último post del año, haré el esfuerzo.

Así que ahí van las lecturas favoritas de Relatos en construcción

La editorial

Como ya he dicho, este ha sido el año de los descubrimientos editoriales: Contraescritura, Antipersona, La uña rota, La felguera, Minúscula, La biblioteca de Carfax, Cerbero, Artefakte, Pálido fuego, Rata Books, Uve Books, Sequitur, Newcastle… no son todas editoriales nacidas  en 2017 (algunas de ellas sí, y ya gozan de prestigio en los círculos que importan), pero sí son descubrimientos para mí y, además, muy placenteros. En su mayoría son reductos muy especiales, que editan obras de género o al menos de una temática muy concreta y que os aconsejaría descubrir.

Pero, por quedarme con una de ellas, voy a escoger Jekyll & Jill. He tenido el placer de leer dos libros maravillosos: Del enebro, con una edición tan cuidada que deslumbra con tan solo mirarlo; y Saturno, un libro que está sin duda entre mis cinco favoritos del año, con el que he descubierto a Eduardo Halfón (ya tengo otro de sus libros en la estantería). Dos más esperan su turno, así que no será este el último año en que me oigáis hablar de esta editorial.

El autor

Esta categoría es probablemente la que menos esfuerzo me ha costado este año y la que no vais a tardar en adivinar: mi autora de 2017 ha sido Edith Wharton. Muy actual, lo sé. No, en serio: si bien su obra está enmarcada en un ambiente que dista mucho de la época actual, en cada libro me demuestra que los sentimientos y las emociones humanas son universales y ajenos a la estética predominante de cada etapa literaria. El movimiento #adoptaunaautora y que un libro de Wharton, La solterona, pululara por casa fueron el incentivo suficiente para embarcarme en esta aventura o reto literario que durará, al menos, un par de años más, dada su extensa bibliografía.

En un año donde desde las redes se ha apostado por visibilizar a las autoras —en mi opinión no siempre de forma adecuada: ser escritora no debería ser la única razón para ensalzar una obra, y en muchas ocasiones no se está valorando bien la parte más literaria, con lo que flaco favor se está haciendo al movimiento—; donde autoras como las hermanas Brönte, Jane Austen o Virginia Woolf están recuperando su esplendor gracias a las reediciones de obras clásicas y aparición de otras nuevas (llegaremos al punto en que se editarán sus listas de la compra), todo suma para que las escritoras hayan tenido más visibilidad en general y en mi biblioteca en particular, algo que se verá más adelante.

Aunque, si tuviera que elegir a otro autor, sería un hombre: Jimmy Liao. la calidad poética de sus textos y sus ilustraciones me absorbe en cada página, y también seguirán sus obras desfilando por mis manos en 2018.

El cómic o novela gráfica

Muchísimas novelas gráficas han pasado por mis manos este año; la mayoría de ellas, de buena calidad, me han venido recomendadas por gente que sabe muchísimo más que yo (un abrazo en especial a los libreros de Joker Cómics, que responden a todas mis preguntas de novata con una sonrisa). Algunas pertenecen a series aún inconclusas, por lo que sólo podría hablaros de números sueltos y no de la obra en su conjunto.

Asi que voy a quedarme con el Premio Nacional de cómic de 2017: Lamia, de Rayko Pulido, editada por Astiberri. Es una obra que llevaba mucho tiempo en mi lista de cómics que quería leer y que se ha hecho de rogar. Una lástima, porque es una obra magnífica: encubierta de novela negra, Pulido describe una Barcelona sombría, donde las miserias se escondían de puertas hacia adentro y una mujer no puede dar rienda suelta a lo que de verdad siente.

Los libros sobre el duelo.

Una categoría libre y especial para 2017. La razón es que, casualidad o no, he leído varios libros relacionados con el duelo por un ser querido, por la ausencia. Libros emotivos pero no sensibleros. Libros cortos en general, que me han llegado y que, por si solos, podrían formar una estela de autores destacables.

Uno de ellos es el ya mencionado Saturno, de Eduardo Halfón. Pero en esa lista irían también Te me moriste, de José Luis Peixoto (minúscula), La isla, de Giani Stuparich (minúscula), El libro de mi madre, de Albert Cohen (anagrama) e, incluso, Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides (anagrama). De todos ellos, y por extraño que parezca, el que más me ha gustado (no coincido con gente a mi alrededor a quienes les ha parecido demasiado forzado en lo literario) es el único del que no he hecho reseña: Te me moriste. Es una obra minúscula en su extensión, pero grande en sentimientos que os aconsejo leer.

El libro

Termino con EL LIBRO. O más bien, los libros. Este año no ha habido una sola obra que haya destacado por encima de las demás, pero sí he encontrado un buen puñado de ellas que me han llamado.

Y escojo dos por una razón: una de ellas, Yo le pinté el bigote a Stalin, de Erika Riemann, aún no tiene reseña. Es una de mis últimas lecturas del año y una de las que más me han gustado. La próxima semana os hablaré más de ella —ya estaremos, quién lo diría, con 2018 recién estrenado— y del interesante proyecto editorial de Contraescritura que, os aviso, merece mucho la pena que conozcáis.

El otro libro que me ha gustado especialmente es La vegetariana, de Han Kang, editado por Rata Books. No creo que sea tan magnífico como se ha dado a entender —también pienso que se ha creado tal expectativa a su alrededor que después de su lectura la sensación es de vacío—, pero sí tiene aspectos brillantes, en buena parte mecidos por el tono oriental al que no siempre estamos debidamente acostumbrados. La vegetariana es una obra incómoda y tal vez ahí resida su poder: en la habilidad de combinar dureza de contenido con unas formas armoniosas y dulces.

En fin, no creo que me llegue a tatuar algo inspirado en estos libros (como sí he hecho con otros, bienvenido sea también en 2017 el tatuaje literario número dos), pero es una buena obra para abrir las puertas a 2018.

Con esto doy por terminado mi resumen del año. Si queréis saber qué más he leído —y reseñado— a lo largo del 2017, podéis consultarlo aquí. Si hemos coincidido en alguna lectura o si queréis sugerir alguna otra obra que os haya gustado especialmente, podéis dejar un comentario.

¡Por un 20187 con más y mejores lecturas! 

Fotografía: Abhi Sharma (Flickr con licencia Creative Commons BY-2.0)