Los turistas desganados es el segundo libro del club de lectura en el que estoy participando. Es un libro que había apuntado en algún lugar pero que, con la de obras pendientes que tengo por leer, no creo que le hubiera llegado su lugar.

Es muy difícil coger en las manos Los turistas desganados y no pensar, de forma automática, en el ensayo de Iban Zaldua Ese idioma raro y peligroso. En él, Zaldua hablaba de si los escritores vascos deberían escribir en euskera o en castellano y si, fuera cual fuera su opción, deberían tratar o no el conflicto vasco en sus obras. Si tenéis alguna curiosidad por conocer la influencia del idioma en la producción literaria, además de conocer un buen puñado de autores y hacerlo a través de un tono negro y cargado de un humor muy ácido, os lo recomiendo vivamente.

Hay quien piensa que Patria, de Fernando Aramburu, ha descubierto el conflicto vasco al mundo. No es una novela que haya leído (sobre todo porque mi entorno me la ha desaconsejado en todo momento), pero se equivocan: ETA como elemento literario lleva existiendo desde la década de los setenta. Algunas obras que podrían considerarse entre las más relevantes, aunque no las únicas, son Martutene, de Saizarbitoria; Esos cielos, de Bernardo Atxaga (aunque varias de sus obras tocan el conflicto de forma más o menos colateral); Twist de Harkaitz Cano… la presencia de escritoras ha sido más escasa hasta estos últimos años, con obras como El comensal, de Gabriella Ybarra, algunos relatos de Luisa Etxenike o El eco de los disparos y Mejor la ausencia, ambas de Edurne Portela. Y, por supuesto, Los turistas desganados, novela recién editada en castellano y traducida por la propia autora, Katixa Agirre. Cabe pensar si el éxito de Patria ha impulsado o no esta traducción.

En Los turistas desganados, Katixa Agirre nos trae tres historias que se entrelazan: por un lado, la de Ulia, una chica que vuelve a su País Vasco natal después de muchos años para enseñárselo a Gustavo, su pareja; por otro lado, la historia de amor de la madre de Ulia y, por último, la del compositor británico homosexual Benjamin Britten y su devenir entre Europa y Estados Unidos huyendo de la Primera Guerra Mundial, objeto de estudio académico de Uria.

La novela es el equivalente a una road movie: con el acuerdo de circular siempre por carreteras secundarias, Ulia y Gustavo recorren un Pais Vasco donde los carteles por la liberación o acercamiento de los presos etarras están en cada bar. Lo que a él le parece pintoresco, desde una pose de turista que solo piensa en comer bien y disfrutar del paisaje, sin querer entrar a fondo ni impregnarse realmente de la cultura vasca, para Ulia es un recuerdo constante de una parte de su pasado que guarda con culpabilidad y que se refleja en cada telediario, en cada periódico: la huelga de hambre de un preso de ETA responsable de la muerte de dos niños en un atentado en Madrid por la prolongación no del todo legal de su condena.

Con una estructura de novela fragmentada moderna, que se construye poco a poco y deja al lector descubrir qué está pasando con calma, como piezas de un puzzle que solo dejan ver la imagen al final, Katixa Agirre desvela la razón de ser de la novela: la doble culpa o la victimización del inocente. Ulia se siente culpable, acosada, a lo largo de todo el viaje. Está confusa por lo que le ha contado su madre y no ve el modo de decírselo a Gustavo. Sin embargo, a ojos del lector es evidente que ella no tiene culpa de nada. Pero le ciega la ansiedad, la paranoia, la obsesión (“cargaré con la culpa de mi padre”, llega a decir), hasta el punto que no tiene ojos para lo evidente: el declive de su relación de pareja.

El contraste está en su madre: también llevó esa misma culpa inocente sobre sus hombros durante años, pero en el momento de la narración se ha librado de ella, se ha desprendido de ese peso para hacer frente a sus deseos al margen de la opinión de terceros. Ulia, por su parte, aún no se ve capaz de avanzar, está bloqueada e indecisa. Sin embargo, ambas han vivido una situación similar y frecuenten en entornos terroristas: la de las mujeres, hijas, hermanas, ese círculo femenino de condenados que sufren también, sin haber llevado a cabo ninguna acción condenable, la espera, el dolor.

Los turistas desganados está escrita en un tono árido, cortante, casi académico en algunos fragmentos, en especial en los pasajes dedicados al compositor Britten que no llegan a encajar en la narración general, sin que terminemos de ver su sentido, más allá de representar la vía de escape de Ulia hacia un futuro sin demasiado sentido para ella.

En medio de todo, la relación de una pareja bien mediada su treintena que actúa de una forma fría, condenada al fracaso, sin nexos de unión reales más allá de una afición al jazz más fingida que real.

Los turistas desganados no es una novela redonda, pero lejos de intentar explicar un conflicto en su totalidad, acierta a la hora de mostrar una visión sesgada, incompleta, emocional del mismo. Es una historia necesaria que, sumada a otros testimonios, reales o ficcionados, ayudarán en un futuro a comprender una historia que a veces se nos escapa.
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  • Título: Los turistas desganados
  • Autor: Katixa Agirre (traducido por ella misma del euskera. Título original: Atertu arte itxaron)
  • Editorial: Pre-textos. Colección Narrativa contemporánea (podéis leer más información sobre el libro aquí y leer las primeras páginas de la novela aquí).
  • 204 páginas. 20,00 Euros (formato papel)
  • Puedes conseguir el libro clicando en la imagen de la portada

¿Habéis leído Los turistas desganados? ¿Algún otro libro sobre el conflicto vasco o el grupo terrorista ETA que os haya llamado la atención, para bien o para mal? Tenéis los comentarios a vuestra disposición.