Los reyes de la mudanza es una novela inesperada. Inesperada para mí al menos, porque cayó en mis manos gracias a la editorial De Conatus que ha empezado en este 2018 su andadura. Me acerqué con curiosidad a la presentación que hicieron en mi ciudad y me fui con dos libros en las manos. Este del que hablo hoy y un libro de poesía, Camaleón de Charlotte Van den Broeck , que me ha sorprendido muy favorablemente y del que me resisto a hablar por aquí, porque mis conocimientos de poesía son demasiado limitados.

La otra razón por la que Los reyes de la mudanza: una novela —no lo especifico yo, ni tampoco lo hace la editorial: el título original ya indica que se trata de a novel— es porque me ha calado de una forma extraña. No sé si decir que me ha gustado. Sé que no me ha dejado indiferente. Creo que se trata de esas historias que necesitan un poso de reposo en nuestra mente, que acrecientan la imagen que tenemos de ellas con el tiempo.

Tal vez una de las razones sea el estilo narrativo, que tiene mucho de entrecortado, de confuso. Me recordó algo a mi querido David Foster Wallace, pero cabe pensar si es así o si la influencia del traductor, Javier Calvo, que también lo es de buena parte de la obra de Wallace en español, se ha dejado sentir a través de las páginas, los párrafos y las palabras. El lenguaje se dispara rápido, cambia de bando, se mueve con agilidad entre un personaje y otro, muta y se transforma y el lector se ve abocado a un esfuerzo para que las palabras no se escapen de entre sus manos. No es solo una cuestión de ritmo, aunque los estudios de composición musical de Joshua Cohen seguro que han influido; es también un cambio constante del modo de hablar, de las expresiones, del lenguaje usado. Es un batiburrillo que apela a una constante en las novelas estadounidenses: su mezcolanza.

Tal vez sea este el punto para contar de qué va Los reyes de la mudanza, una novela en tres actos que se tropiezan entre ellos. Yoav y Uri son dos jóvenes judíos, israelíes, que después de cumplir el servicio militar obligatorio y veteranos de la guerra de Gaza, acaban en Estados Unidos trabajando en una empresa de mudanza dirigida por un primo lejano de Yoav, David King. A lo largo de sus tres actos (el primero centrado en David, el segundo en Yoav aunque interrumpido por la aparición de Uri, y el tercero un colofón final que nos trae un visión más lateral de la historia) Cohen nos enfrenta al absurdo de la sociedad capitalista actual.

De hecho, si tuviéramos que señalar con el dedo el protagonista de esta novela, ese sería sin duda el capitalismo: herramienta del primer mundo que no se menta en ningún momento en el texto pero que le sobrevuela como buitre esperando la muerte y transformación en carroña del hombre que se asfixia en la superficie. Tal vez sea lo más brillante de esta historia: la sombra que acecha, los temas que trata sin mencionarlos, porque no es necesario. A lo largo de las páginas de Los reyes de la mudanza nos encontramos con hombres y mujeres ajenos a una realidad que es la suya: apenas tienen control sobre nada. Sus acciones son fruto o bien de la reactividad o del simple dejarse llevar por las circunstancias.

Entre medias, una sociedad que coquetea con la gentrificación, donde a unos se les desaloja de sus viviendas, se les desahucia porque no pueden pagarlas mientras que otros pagan por guardar en trasteros objetos que no usarán jamás y que no echan de menos. Hay en el texto cierta ironía subyacente, cierta impresión que que, desde algún punto, alguien se está riendo de nosotros, está disfrutando con la forma en que nos aferramos a todo lo que es innecesario en esta vida.

En Los reyes de la mudanza hay judíos, hispanos, negros o blancos, todos mezclados pero incapaces de comprenderse entre ellos, destinados a una lucha encarnizada que no entienden pero que, en cierta forma, llevan programada desde niños, definida por un entorno social y familiar concreto.

¿Qué otra cosa se podía decir? ¿Qué significaba que siempre fuera más fácil trabajar que cuestionar, sudar que hacer preguntas? Era una rutina que embotaba la mente, pero no solo eso, también embotaba el músculo responsable del buen juicio. Qué era eficaz y qué no lo era. Esa era en realidad la lección más traumática del ejército, el hecho de que las mayores atrocidades que habían cometido habían sido simples productos de la repetición.

Los reyes de la mudanza es una novela intensa, con muchas posibles lecturas y muy enraizada en un momento actual, algo que se verá si la favorece en un futuro pero que ahora plantea un sinfín de interrogantes sobre cuál es nuestro destino si seguimos optando por obedecer a un ente, el capitalismo, que gobierna nuestros pasos.

Para terminar, me gustaría recomendaros que os deis una vuelta por la web de la editorial, porque han llevado a cabo un planteamiento bastante pedagógico de sus libros. En muchos de ellos vais a poder encontrar guías de lectura (en especial para el profesorado de alumnos de bachiller) y vídeos en los que, o bien se leen fragmentos de la obra en cuestión o se analizan algunos de los aspectos que trata. Me parece una propuesta muy interesante para quien quiera profundizar algo más en lo que ha leído.

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  • Título: Los reyes de la mudanza
  • Autor: Joshua Cohen (Traducción de Javier Calvo)
  • Editorial: De Conatus (Podéis encontrar más información del libro aquí) y leer el comienzo aquí).
  • 280 páginas. 19,90 Euros (formato papel).

Como es una editorial muy joven, tal vez no hayáis leído esta historia, pero si lo habéis hecho, me encantaría conocer vuestra opinión o, si conocéis algún otro libro que trate de forma novelada el capitalismo del primer mundo, también podéis dejarlo anotado en los comentarios.