Voy a empezar diciendo que, como ciudadana de a pie, cuando digo «¡Es verdad! Es que vuestro trabajo es muy importante» referido al oficio del traductor, lo digo sin la menor condescendencia. La mayor parte de los libros que leo están traducidos (de ahí que me haya autoimpuesto el reto lector). Esos textos han llegado a mí gracias a mucha gente: a los editores que apostaron por ellos pero también a los traductores que hicieron posible su lectura en mi lengua materna, esa que comprendo con facilidad y en la que me expreso (creo) bastante bien.

Así que no está de más comentar que no estoy de acuerdo con esa afirmación que hace Amelia Pérez de Villar. Sí con otras muchas que convierten a Los enemigos del traductor —que lleva por subtítulo: Elogio y vituperio del oficio— en un libro muy disfrutable que nos lleva de la mano de una traductora con treinta años de experiencia y que nos muestra a cara descubierta que es un oficio no tan romántico como muchos creen. Aunque en esto también disiento: el romanticismo profesional no sé dónde quedó, pero me temo que en ninguna parte.

Los enemigos del traductor: la cara bonita y la no tan romántica de la traducción

Pero que no esté de acuerdo con algunas de las afirmaciones de Pérez de Villar (y me pregunto si, estando como estoy fuera del oficio de la traducción, puedo afirmar o negar algunos de sus comentarios) no resta para que el libro sea más que interesante para profanos en el tema. Como también lo era El fantasma en el libro, de Javier Calvo. Ambos ensayos hablan de la traducción, pero mientras que Calvo le daba un tinte más histórico o cultural, Pérez de Villar habla del día a día, de los problemas que surgen en lo cotidiano.

Los enemigos del traductor se acerca a la profesión a través de un conjunto de artículos, algunos de ellos inéditos, otros publicados con anterioridad en el blog De libros y de hojas (ya no en activo, pero con las entradas disponibles para su lectura), el El trujamán, en República de las letras o en La linterna del traductor. Tal vez hubiera sido interesante que la contraportada o la solapa remarcase este aspecto, porque no es por tanto, en sentido estricto, un ensayo.

Amelia Pérez de Villar

Amelia Pérez de Villar
Fuente: Fórcola ediciones

[…] creo firmemente que este oficio no se ciñe ni a James Joyce ni a la erudición: es mucho más grande, más amplio y más real. Nos permite ensanchar las fronteras del conocimiento, del ocio y de la imaginación, y que se siga leyendo por entretenimiento

Las dudas en el oficio

La prueba más clara de la de Pérez de Villar es su modo de insistir en el «depende». ¿Esto se traduce así o de otra forma? ¿Es mejor aferrarse a la lengua original o buscar la comunicación en la de destino? Depende. Sólo sé que no sé nada, que decía Sócrates, para reflejar que el hombre más sabio es el que más dudas tiene, pues el que más conoce las variables que afectan a la cuestión en estudio y su extensión.

En Los enemigos del traductor hay muchas «dudas», muchas cuestiones que dependen de la experiencia, en la que hace hincapié la autora. Se habla del intrusismo profesional, de la necesidad de acumular experiencia en un sector que cada vez lo pone más difícil: plazos más ajustados, traducciones vendidas al mejor postor (al más barato) o directamente rotas en fragmentos para repartir  entre varios traductores…

También se trata la cuestión de la visibilidad del traductor, que en la legislación española está considerado como autor pero que aún a día de hoy muchos medios obvian en sus reseñas o artículos e incluso los editores borran de sus portadas.

los enemigos del traductor, amelia pérez de villar, Fórcola ediciones

Los enemigos del traductor junto con la edición de Tres hermanas de Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, con traducción de Amelia Pérez de Villar y al que dedica tres artículos del ensayo.

Cuando el traductor pone las cartas sobre la mesa

Amelia Pérez de Villar se ha dedicado siempre a la escritura. Tal vez por eso juzga con demasiada severidad su propio oficio o, más bien, defiende que las condiciones del traductor son peores que las de otros profesionales. Yo le diría que no, que ni muchísimo menos, y eso es motivo de duelo conjunto. Igual que no creo que el traductor tenga ya ese velo romántico de artesano ensimismado, tampoco creo que, lamentablemente, su situación sea peor que la de otros sectores. Sí estoy de acuerdo, por lo que cuenta ella, por lo que cuentan otros, que tienen por delante un duro camino por recorrer, reivindicaciones que poner sobre la mesa, derechos que ejercer.

Es precisamente este diálogo interno que me ha provocado Los enemigos del traductor, este hablar con Pérez de Villar, que no está ahí más que a través de sus palabras, sencillas y directas, lo que engrandece el libro: da pie a discutir, a revisar, a pensar en un oficio/profesión que durante mucho tiempo se ha mantenido en un discreto segundo plano, en muchas ocasiones a su pesar. Así, el lector puede, desde las aristas de una profesión que no es la suya, comparar, valorar y, al menos, observar un mayor respeto por aquellos que nos ofrecen esos textos que nos estarían vetados de otra forma.

Si piensan que me equivoco, mencionen ahora mismo diez traductores. De corrido y sin mirar.

los enemigos del traductor, amelia pérez de villar, fórcola ediciones

  • Título: Los enemigos del traductor
  • Autor: Amelia Pérez de Villar
  • Editorial: Fórcola ediciones (puedes encontrar más información sobre el libro aquí)
  • 208 páginas. 16,50 Euros (formato papel)