Yo estaría cansada si llevara más de un año hablando de lo mismo. Harkaitz Cano atiende con tranquilidad cada pregunta que le planteo y se explaya con calma, reflexiona antes de contestar y conecta por propia iniciativa un tema con otro. Hablamos el pasado mes de La voz del Faquir, la traducción al castellano de Fakirraren ahotsa (Susa, 2017).

La novela, ganadora del Premio Euskadi, se traduce en tiempo récord gracias al sello Seix Barral, que cuenta en su catálogo con varias novelas y relatos del autor.

Harkaitz Cano

Harkaitz Cano
Fotografía: Jon Urbe

La voz del faquir: entre la ficción y la realidad

La novela relata la historia del cantautor ficticio Imanol Lurgain, reflejo de su homónimo, Imanol Larzabal. Ambos personajes comparten senda —gracias a las entrevistas que Cano hizo a cerca de una treintena de personas de su entorno próximo— pero no hay que dejar espacio al equívoco: La voz del faquir es una historia, ante todo, de ficción. Lo que no resta que el autor quiera dar respuesta a algunas cuestiones relacionadas con el conflicto vasco y con ETA.

El nivel de implicación es tal que Cano aparece en las páginas, en dos textos que funcionan como introducción y epílogo a la novela. Camuflado de familiar de Imanol, de escritor que quiere contar una historia, se cree portador de una grabación perdida de los primeros tiempos del cantautor. La reproducción de la cinta se retrasa, hay miedo de descubrir qué oculta, si la verdad o solo una promesa de éxito.

Las correlaciones entre la vida del personaje real y el ficticio se suceden. Ambos comienzan a cantar entre amigos antes de dar el salto a lo profesional. Los dos entran a colaborar con ETA a finales de los sesenta, acaban huyendo a Baiona y de ahí a París antes de volver a España tras la amnistía de 1977. Y ambos acaban distanciándose del entorno terrorista hasta llegar a ser amenazados por quienes fueron sus amigos décadas atrás.

Un relato íntimo de una historia pública

Harkaitz Cano cuenta en La voz del faquir la historia de un hombre para quien la música fue lo primordial, lo que le propició éxitos acompañados de fracasos personales; un autor que se mantuvo firme en sus convicciones y que era víctima de sus propias inconsistencias.

La primera parte de la novela refleja el interés de Cano por comprender qué llevaba a los jóvenes en los años sesenta a unirse a las filas de ETA. La respuesta es tal vez tan evidente como descorazonadora: las amistades, el entorno, lo que hacen los demás tiene más peso en las decisiones de Imanol. En cierto modo, el personaje sale perdonado del texto como si de un desliz de juventud se tratara. Su participación, nunca en el brazo armado de ETA, obedece a un error de juventud, a una falta de cálculo.

Cano corta y divide al personaje en sus facetas: como pareja muestra un comportamiento infantil, dependiente, incapaz de comprometerse pero tampoco de romper con las mujeres que le acompañan, siempre a la espera de que sean ellas quienes le dejen, siempre esperando unas atenciones que él nunca devuelve.

Seductor, parece buscar siempre la figura imposible de Lurdes Arakis (basada en Yoyes, la dirigente de ETA asesinada por la banda armada por traición). Nunca llegan a coincidir pero la considera una suerte de guía espiritual hasta el punto de que Cano convierte su asesinato en un punto crítico en la novela con el uso de un artificio literario tal vez discutible por su reducido encaje en la narración.

Como profesional, Imanol es tirano, acostumbra a despreciar el trabajo de sus músicos y acompañantes y está necesitado de un continuo aplauso que, cuando no llega, le lleva a bambolearse entre la depresión y la furia.

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Charlando con Harkaitz Cano el pasado 16 de mayo
(Fotografía: María Arana)

Cuarenta años de historia

En la voz del faquir Harkaitz Cano nos asiste con pericia en un viaje de cuarenta años que nos lleva del País Vasco a Francia para volver de nuevo. Se suceden los entornos rurales y urbanos, las cuidades, las provincias. A pesar de todo la coherencia en el texto es completa, la narración no se resiente por tanto vaivén. Hay pericia en quien sabe omitir lo intrascendente, saltar de un momento a otro y crear elipsis que el lector reinterpreta para acercarse más a una figura que no es necesariamente trascendente pero que se movió en unas circunstancias que sí lo fueron.

Harkaitz Cano homenajea en La voz del faquir a un personaje que no fue tal, porque en ningún momento niega que la realidad de la que parte está bañada en dosis más o menos grandes de ficción. El resultado es, en todo caso, magnífico.

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  • Título: La voz del faquir
  • Autor: Harkaitz Cano (traducción: Jon Muñoz Otaegi)
  • Editorial: Seix Barral (puedes encontrar más información sobre el libro aquí)
  • 400 páginas. 19,50 Euros (formato papel); 12,99 euros (edición digital)