Todos los años se produce en la esfera bloguera la aparición de uno o varios libros que han escapado de las redes de la industria cultural convencional y que dan el salto a la palestra en forma enrevesada; es decir, en lugar de llegar desde los suplementos culturales a los blogs literarios, son los lectores quienes deciden que es una obra que merece la pena y, gracias al boca a boca —al blog a blog, podríamos decir—, acaban ocupando un espacio en las columnas literarias. Se expanden como las ondas provocadas por una piedra que cae en un lago: de forma concéntrica, en un círculo cuyo radio es cada vez mayor. Así recuerdo la creciente fama de James Rhodes y su obra Instrumental, y ese mismo fenómeno ha tenido lugar con La vegetariana, novela que se ha expandido como la pólvora por las redes sociales.

La vegetariana fue además premiada con el man Book Award en 2016, algo que ha ayudado a su rápida puesta en escena como novela de culto, superando las barreras coreanas para llegar hasta los confines del planeta.

En palabras de Boyd Tonkin, portavoz del jurado: “Relatada en tres voces, desde tres perspectivas diferentes, esta historia precisa, inquietante y bien dispuesta novela trata el rechazo de la mujer a las convenciones y suposiciones que la unen a su hogar, su familia y su sociedad. En un estilo que es a la vez lírico y ofensivo, descubre el impacto de este rechazo tanto en la protagonista como en quienes la rodean. Este libro breve, exquisito y perturbador permanecerá largo tiempo en las mentes de sus lectores y, tal vez, en sus sueños“.

Tal vez una de las razones del éxito de la novela sea el desconocimiento general que tenemos de la cultura oriental y de su literatura. Más allá de Murakami pocos son los nombres de autores que podemos recitar, y todos ellos nos trasladan a mundos que, aun cercanos, son lo suficientemente extraños como para ofrecernos un sentimiento de contraste, de incomodidad que choca con nuestra mentalidad occidental.

En La vegetariana, Han Kang lleva esta incomodidad a un lugar extremo, capaz de revolver el estómago del lector más duro y, sin embargo, lo hace de una forma melodiosa, dulce, característica de esa literatura oriental que a veces, más que narrar, deja que la acción discurra como mancha de aceite que se desliza sobre el agua. La novela narra la historia de Yeonghye, una mujer anodina, que siempre se ha ajustado a su papel de mujer sumisa y atenta para con su marido —cruel nos resulta el modo en que él habla de ella, casi despectivamente, como si se tratara de poco más que un mueble del salón— quien, un día, decide dejar de comer carne, algo que desde su entorno es percibido como una ofensa a las tradiciones.

Así, con una premisa tan fácil de narrar, comienza una historia que, a diferencia de lo que cabe deducir por el título, no trata de la diatriba sobre si comer carne o no es adecuado o moral, sino que se extiende mucho más allá: Yeonghye ha decidido dejar de comportarse como un animal para llegar a su objetivo que es asimilarse a una planta, dejar de dañar a quienes están a su alrededor, pues llega un momento en que tampoco soporta comer vegetales, arrancar una vida, sea la que sea.

La vegetariana es, sobre todo, una novela sobre la lucha de una mujer que quiere romper con lo que se ha establecido a su alrededor sin contar con su opinión. Es además, una historia de contrastes con una protagonista que gana a cada página en fuerza mental mientras que su cuerpo se descompone por falta de nutrientes, que pelea de forma pasiva sin querer imponer su opinión a los demás pero sin entender por qué no le dan a ella el mismo derecho.

La novela está estructura en tres partes, ninguna de ellas narrada desde la perspectiva de Yeonghye, que sólo toma la palabra a través de los sueños extraños, sangrientos, que le llevan a tomar su decisión. Tres narradores la describen y, más allá de fijarse en su mente, en su comportamiento, en la esencia que hace de un humano lo que es, las tres visiones se recrean en su cuerpo, en su físico. Y es que el cuerpo tiene una enorme presencia en la novela, y no siempre de la forma más agradable. Una de las habilidades de Kang es lograr transmitir sin llamar a las cosas por su nombre, con una delicadeza que choca con lo salvaje de la narración: desde una escena de sexo que difícilmente podríamos decir que es consentido, a los ingresos en hospital y psiquiátrico: purgas, vómitos, violencia física hacen mella sobre el cuerpo de la protagonista que se ve forzada de todas las formas inimaginables y acaba construyendo una coraza en el único lugar que no es alcanzable por los demás: su mente.

La vegetariana es una novela fuerte y débil a la vez. Fuerte en su contenido y débil, o tal vez delicada, en su forma. No ofrece respuesta y deja más dudas a su camino de las que cabría pensar: desde la ruptura de los esquemas tradicionales sociales a los mínimos derechos humanos, desde la figura de la mujer en la sociedad —si bien mucho de lo que plantea Han Kang es aplicable a cualquier sexo, la autora admite que son las mujeres quienes mejor han comprendido la fortaleza de la protagonista— al concepto de la locura. En cualquier forma, es una novela que no dejará indiferente, aunque ha creado ya tantas expectativas que tal vez su impacto pueda ser menor del que lograría si se abarcara con la mente vacía.

  • Título: La vegetariana
  • Autor: Han Kang (traducción de Summe Yoon)
  • Editorial: :Rata_ books
  • 240 páginas. 19,50 Euros (formato papel)

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