A mí me llena de vergüenza ir a una entrevista a un escritor sin haber leído su libro. Es un tema que he  comentado con escritores y periodistas. Entiendo que estos últimos, por el volumen de trabajo que tienen, no pueden en ocasiones pasar de la nota de prensa —si la hay— o se tienen que buscar la vida en internet. Hay autores que agradecen el espacio que se les ofrece desde los medios y no les importa lo más mínimo.

Pero yo llego a la entrevista con Joaquín Camps habiendo leído poco más de la mitad de La silueta del olvido, su segunda novela. Llego por tanto con vergüenza, a la que se suma la inherente por enfrentarme a un trabajo que no es mi día a día. Llego con la excusa de haber estado de vacaciones y no haber tenido acceso al libro hasta el día anterior. Al menos llego y la conversación fluye.

Claudia Carreas, una inspectora que ha huido de Madrid a Valencia acosada por la culpa y el dolor, se enfrenta a la desaparición de Lara Valls, una niña bien de familia acomodada. La trama se complica a medida que indagan en la vida de Lara, una joven con unos extraños hábitos fuera de lo común a su edad y con un pasado que hace pensar a la policía que hay gato encerrado.

Joaquín camps

Joaquín camps
Fotografía: Nines Mínguez

La silueta del olvido: tópicos que retratan una sociedad

El libro tiene mucha rabia contenida y dispara en muchas direcciones: instagramers que quieren ser influencers y en realidad no hacen nada, sanidad pública falta de transparencia, cuerpos de seguridad corruptos…

También trata la situación del periodismo en la figura de Héctor. Con la promoción de la primera novela, La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, conocí un montón de periodistas que venían a decirme que se tenían que prostituir para sobrevivir. Por desgracia es muy habitual que gente haga lo que sea para malvivir. La profesión, con ese aura romántica y además esa importancia social que tiene, es una profesión que se ha abaratado muchísimo.

Tampoco es mi intención verter furia. No me gusta enarbolar banderas ni creo que los escritores tengamos una obligación de renuncia. Sí tenemos una responsabilidad. Pero creo que argumentalmente encajaba bien hablar de todos estos temas.

Valencia ha sido vista como terreno de corrupción durante mucho tiempo. Tal vez eso influye en el enfoque, al estar ahí ambientada la novela. 

Es verdad. Cuando se juntan urbanismo y el dinero Valencia ha sido uno de los ríos de la especulación urbanística. Pero no he querido tratar el tema inmobiliario porque está ya muy trabajado en literatura, como en el caso de Chirbes.

El tema de la sanidad sí lo conozco algo por dentro y hay cosas que creo que merece la pena denunciar. Ese mantra de «tenemos la mejor sanidad pública y todo el mundo es bueno» contrasta con casos como el de Juan Maeso, situaciones que siguen pasando a otros niveles, profesionales tapándose unos a otros. Falta transparencia. Yo, como paciente, no tengo derecho a conocer el historial de médico que me va a operar a corazón abierto.

La escena del dron evidencia un muy buen control del espacio físico por el que se mueve el texto. 

Vivo en Valencia desde los seis años. He tenido que recaminar la ciudad con ojos de escritor. Me da hasta vergüenza lo ingenuo que fui cuando planteé la posibilidad de que la historia estuviera ambientada en Nueva York, sin haber estado nunca. Mi editora me dijo, con buen tino, que iba a disfrutar más y ambientarlo mejor si la situaba en Valencia, además de ser una ciudad poco explotada en lo literario pero con potencial. Menos mal que lo hice, porque noto que la novela ha salido mejor porque conozco los lugares físicos y los describo desde las emociones que he vivido ahí. Es mucho más auténtico.

La protagonista me genera sentimientos encontrados por el tipo de liderazgo que ejerce sobre sus subordinados. Es muy estereotipado y asume roles masculinos para ejercer su trabajo. Es algo que no me agrada en especial. ¿Todavía estamos en ese punto en que tiene que ser así para llegar a un puesto de responsabilidad? 

Soy catedrático de economía, pero mi especialidad es el comportamiento humano en organizaciones. Trabajo temas de liderazgo, recursos humanos, trabajo en equipo… leo más de sociología y psicología que de economía. Lo que más me gusta en el mundo de la empresa es el factor humano. Me burlo de estas corrientes que hay obsesionadas por un liderazgo mal entendido, de tirar tabiques sin ton ni son. Le doy una biz cómica.

Te hablo más como profesor que como escritor: se ha definido y está funcionando en los países escandinavos lo que se ha llegado el liderazgo femenino o empresa en femenino. Es un liderazgo basado en los valores estereotipados femeninos que es mucho más efectivo: el compromiso, la cooperación, el consenso, la empatía…

Pero a pesar de que la ciencia está demostrando que esos valores funcionan mejor, las mujeres cuando llegan a puestos de dirección siguen forzándose a utilizar valores de liderazgo masculino porque sienten, y por desgracia es verdad, que si no no van a poder progresar. Es una pena, porque los valores más femeninos generan mejores resultados no solo a nivel humano y de calidad de vida en general, sino económico: los equipos rinden más. El ordeno y mando está cada vez más desprestigiado con razón económica. Claudia es víctima de esa situación. Cree que la única forma de dirigir es esa.

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Estructura cinematográfica, narrativa opaca

La novela tiene muy pocas descripciones, es muy «cinematográfica». Se construye desde el pensamiento y, sobre todo, desde el diálogo.

Ambas novelas lo son. De hecho, una productora compró los derechos de la primera aunque no los explotó al final. Pero tampoco pienso en eso cuando escribo. Estoy muy influido por las series. Creo en la hibridación de géneros.

Con 38 años se me ocurrió la idea de mi primera novela y la escribí, de forma más bien casual. Planeta en seguida me dijo que sí.Siempre me ha gustado leer. Mi mente es científica y leo muy analíticamente. Cuando una página me emociona, para bien o para mal, la releo hasta descubrir qué ha hecho el autor. Lo mejor para escribir es leer, pero no solo hedonistamente, para el placer, sino también para descubrir qué hay detrás. Siempre que pierdes la ingenuidad como lector, como en otros campos, pierdes esa capacidad de disfrutar de forma más instintiva. Cuando vas descubriendo los hilos que mueven los títeres, se pierde la magia. Pero a mí me compensa.

Yo también he pensado en el titiritero porque se varía constantemente el punto de vista en un mismo párrafo, sin saltos de capítulo, y se entra y sale de las mentes de los personajes. 

El enfoque es muy diferente del de mi primera novela. Estoy en un momento en que hago esto por diversión, no vivo de ello. Necesito sentir que es un reto, que me músculo con cada novela, que aprendo cosas nuevas. Quería otra técnica narrativa.

Recurro a un narrador que no es el clásico omnisciente neutro, que opina, que hay cosas que no sabe, que pregunta al lector o a otros personajes, que a veces se confunde con la voz interior de los personajes. Es un pensamiento sin filtro. Al principio confunde mucho, pero cuando consigues atribuirles diferentes personalidades a los personajes ya sabes que ese pensamiento es del personaje, no del narrador. todo ese juego me supuso un esfuerzo bastante complejo y también requiere una lectura más activa por parte del lector. Pero quería darle un carácter más directo a la novela aunque a veces pueda ser más incómodo de leer.

Yo admiro mucho, por ejemplo, a Pierre Lemaitre. Leo todo lo que hace de novela negra. Y de repente saca un libro como Nos vemos allá arriba y me quedo extasiado al ver esa novela costumbrista. Me di cuenta del que necesita retos, reinventarse. Me han preguntado por qué no seguí con los personajes de mi anterior novela. Porque no quiero. Ahora estoy trabajando en una historia con un estilo narrativo totalmente diferente porque de momento necesito sentir que estoy aprendiendo.

Pero esos cambios, esos giros de enfoque al abordar un nuevo libro, pueden suponer un problema con la editorial

Lo pensé. Después de esta novela es tan sencillo coger a sus protagonistas, Claudia y Ramón, y meterles en otra historia, cuando ya tengo el estilo narrativo. Pero Planeta no me ha puesto ninguna cortapisa, me ha dejado seguir por esta vía. Estoy encantado con ellos porque ni en el anterior ni en este libro me han obligado a cambiar nada. Sí me han hecho sugerencias, pero siempre desde el plano del trabajo conjunto. Lo hemos enfocado como un proceso de edición constructivo para enriquecer la novela. Por ejemplo, me invitaron a desarrollar más los personajes de Ramón y Bruno, porque podían dar más juego.

Mi primera novela tenía ochocientas páginas, algo poco habitual en un primera novela de un autor que no conoce nadie. Los del departamento comercial se llevaron las manos a la cabeza. Plantea riesgos para la editorial y aún así se mantuvo su extensión. Esta tiene la extensión que tiene porque lo necesita.

El personaje de Bruno en concreto es un golpe a la realidad de los que acceden al mercado laboral y se topan con una ruptura de sus ideales. 

Da pena, pero como comentaba, perder la ingenuidad quita placer, pero en el mundo real ni ser profesor, ni periodista ni médico es tan ideal como parece.

Revisando los estereotipos de la novela negra y el gusto por el morbo

Se ha convertido también en un estereotipo la dicotomía personal/profesional del investigador, donde lo personal está también sumergido en el caos. ¿Por qué nunca tenemos protagonistas que lleguen a su casa y se limiten a poner los pies sobre el sofá?

Una periodista me preguntó cuándo llegaría la novela negra con policías felices. Sería muy sorprendente pero pecaría de veracidad. Asociar la novela negra con vidas oscuras no es obligatorio, pero son profesiones duras que viven situaciones que acaban contaminando su vida personal. La atmósfera de la novela es más creíble, aunque no sea verdad. Hay que aspirar a la credibilidad, no a la veracidad.

Vengo leyendo varias historias en las que escritores tratan el tema de abusos a la mujer y crean un misterio alrededor que no se sostiene, que para cualquier lectora es evidente y se desmonta desde la primera página. ¿Es el lector hombre menos consciente de ello y por eso sí ve intriga? ¿Era tu objetivo? 

Intento que el lector intuya que ha pasado algo, evidencio que así ha sido. Al final de la segunda parte trato de golpear al lector para derribar todo lo que creía que estaba pasando. La novela negra es un juego entre el escritor y el lector, un juego al que ambos están dispuestos a jugar. Yo voy a intentar engañarte y tú vas a intentar pillarte. Es un juego de manipulación. Trato de generar ese morbo.

¿Por qué nos gusta tanto la novela negra? 

Porque tenemos un instinto primario brutal de interesarnos sobre las desgracias ajenas. Necesitábamos saber qué pasaba en la tribu porque la información nos permitía protegernos de cara al futuro. Creo que esos estigmas siguen en nosotros y el morbo tiene un sentido evolutivo. Me interesa saber que hay gente mala, es una forma inconsciente de muscularte frente al peligro.

Así que la novela negra es una suerte de cuento infantil para adultos. 

Exacto.

La inspiración para La silueta del olvido llega de todas partes

Me han llamado la atención los agradecimientos. Son extraños. De Berto Romero a Jonathan Franzen, pasando por Juego de tronos. No es lo típico. 

No son los típicos agradecimientos pero quería ser honesto. He puesto toda persona, organización, serie… que me ha inspirado de una u otra forma. Soy ordenado y según iba escribiendo recopilaba ideas. Una novela tiene influencias inconscientes, que no aparecen, pero las que sí que noto que han influido quiero homenajearlas. También hay personas reales, familiares y amigos que me han ayudado. El mundo today, por ejemplo, lo llevan dos filósofos y hacen un humor muy inteligente. Llega a dar un poco de miedo porque se podría hacer realidad.

Cuando leo y veo algo que me gusta lo anoto, igual que grabo las ideas que se me ocurren. Tengo un archivo digital lleno de ideas. Así que algunas influencias son ore-escritura y otras surgieron durante la redacción.

¿Qué tipo de libros lees? ¿Con qué estás ahora mismo? 

Leo muy variado. Aunque el género negro me gusta mucho no es lo que más destaca. Hace poco leí El balcón en invierno, una pequeña autobiografía de Luis Landero que me gustó mucho. Ahora estoy con el último de Juan José Millás, La vida a ratos, totalmente diferente, una especie de diario donde él es un personaje. Hace un par de semanas estuve de promocion y en el aeropuerto cogí La chica del tren. Creía que iba a ser el típico best sellar mal escrito y me pareció un libro con una trama bien construida.

No leo nada en digital. Quiero seguir asociando las pantallas al trabajo. Eso me genera sensación de desconexión. Es a veces poco práctico ir con tanto libro encima.

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  • Título: La silueta del olvido
  • Autor: Joaquín camps
  • Editorial: Planeta. Colección Autores españoles e iberoamericanos (puedes encontrar más información sobre el libro aquí)
  • 464 páginas. 20,90 Euros (formato papel); 12,99 Euros (formato digital)