Un cuento corto es algo por completo distinto: podría compararse con un beso dado apresuradamente en la oscuridad a una desconocida. Una cosa asno tiene nada que ver, claro está, ni con una relación amorosa ni con un matrimonio; pero hay besos maravillosos, y su propia brevedad explica su belleza.

Stephen King, autor de Mientras Escribo, que sigue siendo considerado uno de los mejores manuales de escritura, nos tiene acostumbrados a las introducciones de sus libros en los que desgrana su motivación, su inspiración y, por qué no, un alegato del relato como forma narrativa igual de valiosa que la novela, a pesar de sus diferencias. Pocos lugares más adecuados que La niebla, un conjunto de tres historias —un conjunto por otro lado bastante aleatorio y dictado, intuyo, por intereses editoriales—.

Llega la hora de revisar una de las obras del maestro en la suspensión de incredulidad. Sí, esa es su gran habilidad como escritor: el lector sabe que todo es una mentira desde la primera frase, pero se deja engatusar con gusto para sumergirse en un ambiente a veces mágico, otras terrorífico.

La niebla, obra trasladada a la gran pantalla en 2007 y de nuevo a la pequeña hace apenas un par de años en versión seriéfila, se ajusta bien a la extensión de una nouvelle: demasiado larga para un relato, un poco escasa para una novela, King la escribió por encargo de su editor para una recopilación de relatos de varios autores en la revista Dark Forces.

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Cartel promocional de la adaptación cinematográfica de La niebla (2007)

La niebla nos ofrece la típica trama de un único escenario oclusivo: tras una tormenta que se intuye histórica en la región, un padre y su hijo se acercan al supermercado del pueblo por suministros. De repente, una espesa niebla se adueña de todo y, entre el brillo inusitado y su consistencia espesa, surgen unas criaturas dispuestas a acabar con quien se atreva a salir a la calle.

La niebla es un relato imaginativo pero endeble, construido bajo la inspiración de una visita al supermercado del propio King —que se define como autor de brújula—. Con un final difuso y poco prometedor y sin dar demasiadas pistas de cómo se ha llegado a esa situación, o tal vez demasiadas, con lo que el lector no llega a salir de la fase especulativa, King en realidad nos lleva a un terreno donde no son las criaturas el objeto de estudio, sino la naturaleza humana.

No son poco habituales las historias que llevan al ser humano a una situación extrema, en la que se dan rienda suelta a todas las expresiones del mal menor, de “mejor ellos que yo”; son situaciones basadas en la supervivencia, en las que la capacidad racional acaba brillando por su ausencia y los profetas del apocalipsis –que en la historia se manifiestan en la figura de una mujer de fuertes y arcaicas convicciones religiosas que gana adeptos cuanto más se tuercen las cosas—. ¿Sacrificaríamos a otro para sobrevivir? ¿O para que sobrevivieran nuestros hijos? Con un halo de misterio y la fantasía a la que nos tiene acostumbrados —y cierta dosis de gore en este caso—, King nos plantea todas estas preguntas.

Stephen kIng durante la promoción de la adaptación al cine de It (2017)

Stephen kIng durante la promoción de la adaptación al cine de It (2017)

En La niebla podemos encontrar además otras dos historias. Por un lado, El mono, que nos remite a los mitos de los muñecos diabólicos. En esta ocasión en la forma de un mono de juguete que choca unos platillos como preludio de la muerte de alguien cercano al protagonista. Al menos eso piensa él. Es un relato más compacto, con una buena distribución narrativa en la que se entremezclan con acierto pasado y presente y se esquiva la narración lineal. Esta historia, de la que King se valdría más adelante, con modificaciones importantes, para un capítulo de la serie expediente X (capitulo que luego sería reescrito por Carter, pero que aún así mantiene una atmósfera agobiante), interroga al lector sobre lo que el protagonista piensa. ¿Está obsesionado? ¿Está en realidad maldito el muñeco? Como siempre, la credibilidad está presente a lo largo de toda la narración.

La última historia es El atajo de la señora Todd. Para muchos es un relato flojo y poco interesante, pero a mí me ha gustado especialmente tanto por cómo está planteada la historia como por la multitud de vías de reflexión que deja en su camino. No es una historia en la tónica del terror a que nos tiene acostumbrados —aunque la secuencia del trayecto en coche encierra detalles inquietantes— sino que se mantiene más cercana a un terreno fantasioso, en el que plantea la posibilidad de separar los planos de tiempo y espacio.

En conjunto, La niebla es una muestra interesante de los relatos de King. No los más brillantes, pero sí pertenecientes a tres áreas o géneros diferentes que comulgarán mejor con uno u otro lector en función de sus preferencias personales.

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  • Título: La niebla
  • Autor: Stephen King (traducción de Antonio Samons)
  • Editorial: DeBolsillo (Podéis encontrar más información sobre el libro aquí)
  • 320 páginas. 9,95 Euros (formato papel); 5,99 (formato Ebook)