Robo con descaro no fingido el concepto de reseña interruptus. No con tanto descaro, tal vez, porque ya planteé en las redes la posibilidad de acudir al él y justo me respondieron dos de los miembros del equipo de Un libro al día, web de reseñas donde este término se usa con cierta frecuencia (podéis leer todas sus reseñas interruptus aquí); tal vez no demasiada, pero sí la suficiente para que no les acusen de buen rollisimo exagerado.

Admito que la uso con cierto dolor. Un libro me ha vencido en mis actuales circunstancias (esto es preciso puntualizarlo: los libros salen victoriosos o no en función de muchas variables y, el libro odiado a los quince puede ser el más amado a los cincuenta, por poner un ejemplo). Como bien podréis imaginar, la reseña interruptus es la reseña que no debiera existir, la que se refiere al libro que no se ha terminado de leer, el libro que me ha obligado a decir: hasta aquí hemos llegado.

El quinto libro del club de lectura es La isla del padre, de Fernando Marías. Admito que me he acercado a él con desconfianza: no encaja en mi estilo de lecturas y ya de entrada me parecía una propuesta muy conservadora para mis gustos. Aún así, he intentado mantener la mente abierta: hasta ahora el club no me ha fallado con sus propuestas, aunque unas me hayan gustado más que otras.

En circunstancias normales, esta reseña no tendría cabida en este espacio. Hace mucho, en los inicios del blog, decidí que hablaría siempre de propuestas que, con mayor o impacto, me hubieran gustado o, al menos, no me hubieran desagradado. La segunda razón, es que este libro cae dentro del 0,01% de libros que no termino. Me he quedado alrededor de la página cien: casi la mitad. Consejos vendo que para mí no tengo: si siempre se dice que si un libro no te gusta, lo dejes y pases a otro, a mí me encanta criticar con la razón de mi parte. Es decir, con la lectura completa.

Pero arranco aquí a hablar de La isla del padre porque creo que es interesante pasar por todas las obras recomendadas en el club de lectura.

Comentaba David Foster Wallace en uno de los ensayos incluidos en Hablemos de langostas que a veces confundimos el campo profesional con el resto: si admiramos a un hombre o una mujer por su actuación destacada en su profesión, intuimos, de forma totalmente errónea, que también debe destacar en otros aspectos de su vida. Sin embargo, a pocos deportistas de élite podremos pedirles que den un discurso de física nuclear, lo que no resta que tengan méritos deportivos de sobra.

En el campo de la escritura, desde hace un tiempo se está dando una explosión de la “escritura desde el yo”: desde memorias o textos autobiográficos, pasando por diarios, textos de autoficción o, ya en el extremo, la metaficción. No hablo solo de obras escritas recientemente, sino también de ediciones que recuperan obras más antiguas, muchas fuera de derechos, que son de nuevo dadas a luz. En muchos casos, como el que nos trae el presente libro, se produce una confusión entre la brillante labor literata de un autor y la descripción de su vida privada: ¿es esta también interesante? ¿O es tal vez anodina y sin ninguna relevancia para su obra general? Está claro que, en muchas ocasiones y si el escritor es un narrador brillante, la obra tendrá una forma sublime, pero sacrificará un fondo endeble.

La isla del padre nos habla de una relación que pudo haber sido y no fue, sobre la oportunidad perdida. O eso parece que quiere darnos a entender, sin conseguirlo en mi opinión, Fernando Marías. El texto vagabundea entre hipótesis y ficciones, alejándose de la realidad y retornando a ella de forma puntual para tratar de enraizarla en un texto biográfico que se le escapa de entre los dedos.

Partiendo de la muerte de su padre, Marías indaga en su pasado, en lo poco que sabe en realidad de él, cayendo en más de una página en la autocompasión y engreimiento, más allá de la narración autobiográfica, en una eterna disculpa en la solo cabe el yo como eje literario. Su situación no tiene —y me permito aquí identificarme con él, puesto que mi referente paterno también era marino y pasaba largas temporadas alejado de casa— nada de particular ni es una oportunidad perdida: ni su padre podía renunciar a un trabajo con el que mantener a su familia, ni él tenía la edad para acompañarle; poco más es, entonces, que una mera descripción de unas circunstancias que no tienen nada de excepcionales. Tal vez así es como debe ser porque, como he comentado más arriba, la vida del autor poco tiene que ver con su fantasía literaria.

Fernando Marías, ante la figura del padre desaparecido —padre, además, reflejo de una sociedad y carácter vascos muy marcados, de escasa expresividad emotiva— fabrica de una forma artificiosa aficiones comunes, esas islas de conexión que nunca fueron, construidas a partir de casualidades.

Por otro lado, tampoco ha dejado de irritarme en todo momento el excesivo nivel de detallismo sin sentido que puebla las páginas del libro y que, fuera de darle verosimilitud al relato, lo retiene, lo hace más lento como si el autor, en definitiva, no supiera bien hacia donde dirigir su texto. Me influye, lo sé, que el año pasado leí unas cinco obras sobre el duelo —podéis leer los títulos aquí— y que cualquiera de ellas, todas más breves, por cierto, le dan mil vueltas a esta tanto en fondo como en forma.

Poco más quiero comentar. Sí dejar claro que hubo, como es normal, a quien le gustó, a quien le entusiasmó y quien abandonó el libro en la página veinte o en la cuarenta. En general, distó mucho de gustar en el grupo, pero al menos saqué en claro de la sesión un montón de títulos interesantes que añadir a mi lista de lecturas futuras. En las redes encontrareis reseñas magníficas y positivas que no se acercan a mi experiencia que es, tan solo, mi impresión.

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  • Título: La isla del padre
  • Autor: Fernando Marías
  • Editorial: Seix Barral (podéis leer un fragmento aquí)
  • 280 páginas. 19,00 Euros (formato papel); 7,99 Euros (formato digital)

Este es uno de esos libros en que me encantaría conocer vuestra opinión: ¿Habéis leído esta obra? ¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? ¿Por qué? 

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