Comienzo con La educación de un ladrón mi serie de biografías de 2016. Voy a reseñar varias, lo voy avisando por si no fuera vuestro género favorito. Para mi es, casi, casi, un gran desconocido, y qué mejor para abrir miras y ampliar horizontes que acumular cuatro o cinco en la babilónica mesilla de noche y luego ponerme a ello, es decir, a leerlas.

Esta serie va a comenzar con el señor Edward Bunker. ¿No sabéis quién es? A lo mejor, si tenéis una vertiente cinéfila, sí que le conozcáis, si bien es posible que os suene más por otro nombre: El señor azul o Mr. Blue. Os voy a dar otra pista más visual:

De hecho, La educación de un ladrón tenía como título orginal Mr. Blue: Memoirs of a Renegade (1999), aunque fue publicada en Estados Unidos con el título Education of a Felon (2000), y es la quinta novela de Bunker (Hollywood, 1933 – Burbank, 2005), de quien podríamos decir que fue escritor de novelas policíacas, guionista y actor, pero que además fue muy conocido por permanecer durante dieciocho años en distintas instituciones penitenciarias acusado de delitos varios como robo de bancos, narcotráfico, extorsión, robo a mano armada y falsificación.

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Edward Bunker entró en su primer reformatorio a la edad de cuatro años,  tras el divorcio de sus padres. A partir de ese momento, su vida fue una permanente entrada y salida de reformatorios, escuelas militares, escuelas para niños problemáticos y, a los diecisiete, San Quintín, donde “celebraría su entrada en la edad adulta como el preso más joven en pisar esa prisión.

Enfadado de manera permanente con su familia, con sus cuidadores, con la sociedad y con el mundo en general, Bunker nos lleva a preguntarnos hasta qué punto el ambiente es el que marca el devenir de un joven, o si hay algo más, algo intrínseco al alma que le obliga a romper, una y otra vez a lo largo de esta extensa autobiografía, su promesa de no meterse en más líos.

Pero quien espere leer las toscas descripciones de un ladrón de poca monta semi analfabeto se dará de bruces con la verdad: Bunker es un escritor detallista, casi documental, alejado de una retórica poética. En ocasiones parece un periodista, profesional y objetivo, pero de repente intercala en la sucesión de hechos una reflexión, un adjetivo fuera de tono, que obliga al lector a parar, a asobrarse y reflexionar sobre lo que ha llevado al escritor hasta ese punto. No hay espacio para el melodrama, para lamentarse de “y si…”. Tan sólo encontraremos la cruda realidad, verosímil hasta el final.

Tampoco está la obra exenta de ética. No la de una persona integrada en la sociedad, adaptada a sus leyes y a sus normas, no. Bunker se mantiene fiel a las reglas de la carcel, a su propia moral que le guía por esos entornos de asesinos, tramposos, narcotraficantes y chulos en los que tan bien se mueve y donde se siente a gusto porque sabe qué es lo que cabe espera, aunque su mimetismo le permite moverse con soltura en casi cualquier ambiente.

La educación de un ladrón es un viaje que tiene, al menos en su primera mitad, cierto aire de rueda de hámster, de no querer salir de ese círculo vicioso. Sin embargo, a medida que Edward nos relata su vida, a lo largo de las páginas, nos sumergimos en una evolución sutil al principio, más rápida al final, apenas perceptible de forma consciente hasta el último capítulo carcelario: la crisis racial en las prisiones de California. Es ahí cuando Buker deja clara su madurez, su necesidad de salir de ese ambiente que ya no comprende como antes —aunque se siga moviendo en él como pez en el agua–, que ya no ve como suyo. Es precisamente ahí donde da por finalizada su vida, lo que cree que interesa contar, reservando a un minúsculo capítulo final los últimos años de su vida, la publicación de sus obras, su adaptación al cine y sus incursiones en este mundo audiovisual, su matrimonio y el nacimiento de su hijo. Curioso cuando menos que esto último le parezca menos relevante, más común o que no sienta la necesidad de escribir demasiado sobre ello, a pesar de el magnífico párrafo que cierra esta obra:

Habría podido jugar mejor las mías, sin duda, y hay cosas de las que me avergüenzo, pero cuando me miro en el espejo mer siento orgulloso de lo que soy. Los rasgos que me hicieron pelearme con el mundo son también los que me hicieron salir adelante.

Edward Bunker fue un escritor prolífico que demostró que la constancia y el consabido “si quieres escribir bien tienes que leer mucho y escribir mucho” tienen su punto de verdad. Lector autodidacta de los grandes clásicos de la literatura universal, su primera novela publicada, No Beast So Fierce (No hay bestia tan feroz, 1973) es en realidad la séptima novela que escribió, además de cientos de relatos que cayeron en el olvido, artículos y columnas de opinión publicadas, sobre todo, en periódicos y panfletos carcelarios. La editorial Sajalín Editores se ha encargado de editar o reeditar su obra completa en castellano, por lo que, si os gusta su estilo, no hay excusa para sumergirse en su universo criminal, de pactos no escritos y códigos morales dudosos.

La educación de un ladrón es una biografía negra y criminal, en la que no encontraréis arrepentimiento ni duda, tan solo la cruda y difícil vida de un hombre que logró sobreponerse a su destino.

  • Título: La educación de un ladrón
  • Autor: Edward Bunker (Traducción de Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté)
  • Editorial: Sajalín Editores (podéis encontrar más información en el siguiente enlace y leer el prólogo y el primer capítulo aquí).
  • 586 páginas. 25,00 Euros (edición en papel)
  • Puedes leer algunas citas literarias que he resaltado aquí.

¿Has tenido la oportunidad de leer a este expresidiario? ¿Te gusta su prosa directa y cruda? ¿Cuál de sus otras obras me recomendarías? Tienes los comentarios abiertos para cualquier tema que te interese.

Si quieres leer esta autobiografía, puedes conseguirla clicando en la imagen:

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