La biblioteca de agua es el último libro de relatos de Clara Obligado. Bajo la apariencia de un grupo de relatos de mayor o menor extensión, nos encontramos con un collage o puzzle servido al esfuerzo del lector. Sin ser los textos demasiado exigentes, sí obligan a reconocer en ellos pequeñas sutilezas de estilo, así como a encontrar las piezas que conectan unos y otros cuentos hasta formar un todo.

El disfraz, la ciudad de Madrid. Más concretamente, el Barrio de las letras. Yendo a un extremo, una casa en la calle Lope de Vega donde se suceden hechos en diferentes momentos en el tiempo que nos dan una idea de lo efímeros que somos frente a la concreción del espacio físico.

Extranjera en todas las tierras

Llama la atención que sea Clara Obligado (Buenos Aires, 1950) quien tome Madrid como seña de identidad de La biblioteca de agua. A pesar de que reside en Madrid —y, durante muchos años, en la misma casa de que se menciona— desde el año 1976. Recurre al eterno tema del emigrante que, una vez se ha marchado de su tierra natal, no llega a pertenecer —o no se lo permiten— a ninguna ciudad, a ningún lugar.

¿Puede alguien considerar que una persona que lleva más de cuarenta años en una ciudad se apropia de ella? Apropiarse de Madrid resulta además extraño, cuando es una de las urbes españolas con más movimiento, más gente que llega y se marcha, que está de paso.

A veces tienes la sensación de que la única forma en que la gente termine por ver que no eres extranjera es con un cambio de ADN, con una transfusión de sangre. Uno es extranjero cuando se va de un lugar; llega a otro y nunca es del todo aceptado. Yo soy latinoamericana y hay una barrera que nunca voy a atravesar. Eso no quiere decir que me traten mal. Pero si se hace una antología del cuento español no me incluirán. Siempre hay una pequeña incomodidad. Me pasa lo mismo en Argentina. 

Ser extranjero es una identidad que te va a acompañar el resto de tu vida; es algo que la gente no sabe. Es mejor saber cuáles son sus límites y sus posibilidades: ser extranjero es una actitud muy libre frente a todo; te permite decir lo que quieres, moverte… es una libertad mental. 

Al tiempo, mirar el barrio con los ojos de un extranjero me libra de los estereotipos. Cuando llegué a Madrid en el setenta y seis, a esa casa, inauguré una ciudad por decirlo de alguna forma, porque todo era nuevo. Eso me permite recoger en La biblioteca de agua tanto historias de los vecinos, como cosas que me llamaron la atención, los bombardeos que vi en las paredes… conocer un barrio es eso: ver quién vivió allí. 

¿Sabemos hoy hacer eso? Descubrir no ya quién vive en el apartamento junto al nuestro, sino quién estuvo antes en nuestra casa y qué había ahí antes de ser levantada sobre sus cimientos.

Creo que no, creo que es un libro crítico en ese aspecto. Este libro habla de las ciudades en general, más que de Madrid. De cómo se construye y se destruye una ciudad. El centro de las grandes ciudades europeas está ahora devastado: por AirBnb, por los comercios para los turistas, desaparece le pequeño comercio, los pisos son demasiado caros y los vecinos se tienen que ir… el libro cuenta, de forma amable, el deterioro de las ciudades. 

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Con Clara Obligado el pasado dieciséis de mayo

El castellano neutro no existe

El texto, el estilo narrativo, no evoca el castellano argentino, no tiene voces ni localismos llamativos. Clara Obligado sí parece española desde ese punto de vista.

Yo me considero bilingüe, anfibia. Hablo como argentina y escribo como española. Siempre ha sido así, no es impostado. Cuando empecé a escribir, en España además, estaba muy acostumbrada a leer literatura española. Yo escribo como quien se traduce. Proust decía que un escritor debía escribir como si se tradujera. Sopeso todo el tiempo lo que estoy escribiendo. No intento escribir como española, es que me sale. 

El castellano neutro no existe. Yo creo que eso es una falacia. La lengua siempre está connotada de una manera o de otra. Hay quien quiere escribir neutro para vender, es una opción comercial. Pero no podemos lograrlo, somos escritores. 

La biblioteca de agua es un artefacto, un lugar para la reflexión sobre el lenguaje

Como decía, el lector despistado puede que pierda el hilo de las conexiones que se ofrecen entre relatos. Se refuerza la idea de que el relato, en contra de la opinión de algunos, no tiene nada de fácil e incluso puede resultar más complejo y más difícil que una novela. Se intenta acaso que al lector le cueste un poco la lectura.

Me interesan los lectores pensantes. Construyo unos artefactos, los libros, donde el lector tiene que ir armando conmigo una historia. En estas idas y venidas que se le piden él también imagina su propia historia, la completa con imágenes que yo no doy. Trabajo más con el silencio que con las palabras. 

La literatura es el lugar de la reflexión sobre el lenguaje, sobre las historias… No es un divertimento equivalente a un concurso de la tele, es otra cosa. Yo trabajo en esa órbita de la literatura. Hay una literatura más comercial, más fácil, que no exige tanto. Pero yo no creo que La biblioteca de agua exija tampoco tanto. Me parece un libro que se puede leer si uno está dispuesto a ello. 

El libro es de difícil clasificación, porque está a medio camino entre una compilación de relatos y una novela armada a través de un espacio físico.

Este es el tercer libro que trabajo así. Yo quería hacer una investigación en ese espacio entre la novela y el cuento. El primer libro, El libro de los viajes equivocados, es una espiral logarítmica en la que los cuentos se enganchan muy sutilmente. El segundo libro es un puzzle, donde los textos encajan entre sí.

Este libro es como una ciudad. Cuando conoces una ciudad, entras por cualquier punto, según la suerte que tengas: entras por el pasado si ves cosas antiguas o por la modernidad más absoluta. El libro reproduce un poco nuestra forma de caminar por una ciudad: eso hace que puedas entrar de forma dispersa, de delante hacia atrás o de atrás hacia delante. No sé si voy a seguir investigando en esta línea. Yo creo que he dicho lo que quería decir. 

La sensación al leer los relatos es que los primeros relatos, los más próximos en el tiempo, son también más cercanos al recuerdo, menos ficticios y, a medida que nos alejamos hasta ese génesis que es el principio y el final de todo, la ficción cobra más cuerpo y los textos son más imprecisos, más diluidos y, tal vez, más inspiradores.

No necesariamente. También es real el Madrid de los árabes o el Hispanotherium matritense (una especie de rinoceronte). Real es todo, incluso lo que yo imagino es real. Lo que he intentado es que cada relato reproduzca el estilo de la época. Los primeros tienen una textura más moderna, son más directos. A medida que te alejas hay un texto que es romántico, hay una novela árabe… Hay una forma de escribir del que se aleja en el tiempo. No puedo contar un texto ambientado en el barroco como lo haría hoy. Hay un guiño permanente, sutil, a cómo se redacta en cada época. 

Clara Obligado

Clara Obligado
Fotografía: Manolo Yllera

El amor infeliz es más literario

Muchas de las historias se articulan en torno a parejas que no encuentran la satisfacción en el amor: desencantadas, engañadas, rotas. Sobre ellas pesa como aire viciado lo que se espera de una relación y no se cumple, el contraste entre lo que se quiere en realidad supeditado a lo que conviene en cada momento.

Las historias de amor felices son para las películas americanas. Las historias infelices o que no terminan en el matrimonio, si es que el matrimonio es una salida feliz, suponen una dinámica del amor mucho más literaria. Interesa más la búsqueda del amor que conseguirlo.

El primer cuento dice que el amor está en la imaginación. Uno, a partir de lo que se imagina, construye su pareja, que no está muy ligada a la realidad. 

Uno de los textos, el del perro, está sin embargo situado muy lejos de Madrid, es la excepción a la norma. Está enlazado con el resto pero su ubicación rompe el esquema general.

Las antípodas es todo lo contrario a Madrid. Me parece fascinante porque no todo territorio tiene antípodas, lo normal sería acabar en el mar. La idea del doble que está en literatura permanentemente es lo que sucede aquí. Yo creo que el mundo está conectado. 

También hay una crítica a la figura masculina cuando se transmite el legado de Cervantes o de Lope de Vega a través de sus hijas o cuando el hombre es quien reniega, quien huye y abandona para buscar no sabe qué, el que no es capaz de amar lo que tiene a su lado.

En el sigo XX es muy difícil hablar de que el hombre tenga una afectividad como la que podemos exigir hoy en día. Las mujeres hemos sido casi botín de guerra durante muchos años. El libro, al recorrer la historia, recorre también estereotipos masculinos y femeninos de cada tiempo. La historia de la doncella guerrera, por ejemplo, tiene muchas posibilidades y me interesa mucho. También el cuento romanticismo, que habla de las enfermedades venéreas, refleja que la historia nos ha llegado como le ha interesado contarla al hombre. Así hasta el siglo XX cuando las mujeres son propietarias de su propia historia en gran medida. 

El libro busca, por ejemplo, a las mujeres del Siglo de Oro que no están reflejadas como sí lo están sus padres. Me interesó hacer una búsqueda no sólo de los orígenes de Madrid sino también de mi propio género. 

Ese relato es además muy interesante porque contempla que la sexualidad es un aspecto fuerte también en la mujer, algo que parece inaudito.

Su confesor quema la obra de la hija de Lope de Vega, sólo nos llegan sus villancicos esdrújulos. Así qué trascendencia iba a tener. Pero si se leen esos textos con atención están cargados de erotismo. Es la historia cercenada y la imaginación puede rellenar cosas que parecen obvias. 

Un espacio creado sobre la memoria

A pesar del tiempo transcurrido entre relato y relato, a pesar de la trascendencia de algunos personajes que pueblan las páginas, La biblioteca de agua desprende una sensación de espacio que supera a todo lo demás, de burbuja que permanece incólume a la presencia humana, de espíritu ancestral que va a persistir. Y ese espacio está colmado de agua, contra lo que muchos podamos pensar.

Madrid quiere decir la madre de las aguas (del árabe Mayrit). Los árabes eligen ese lugar en un pasado que está muy poco reconocido y sobre lo que se ha construido una tradición cristiana que no es verdad. Fundada sobre siete colinas, los árabes la eligen por el agua, agua que sigue ahí, pero bajo tierra. Me atrajo ese símbolo de lo oculto. La zona en donde ocurre la historia era un humedal y todos los relatos hacen referencia al agua de una u otra forma. Es un símbolo de lo que escondemos. El agua es algo que une a la gente. 

Esa Madrid oculta a los ojos es tal vez un problema que tenemos de memoria.

La memoria es una actitud. En España creo que la memoria ha sido obstruida tras la guerra. En Argentina sí hemos trabajado la memoria. Es lo que aporto también: si recuperamos el pasado con su parte dolorosa, somos capaces de enterrar lo que nos pasó, seremos capaces de ver la ciudad de otra manera; de lo contrario la veremos de forma epidérmica, superficial. 

La biblioteca del agua, páginas de espuma, clara obligado, portada

  • Título: La biblioteca de agua
  • Autor: Clara Obligado
  • Editorial: Páginas de espuma (Podéis encontrar más información sobre el libro aquí y leer las primeras páginas aquí)
  • 184 páginas. 17,00 Euros (formato papel); 5,99 Euros (formato Ebook)

¿Habéis leído La biblioteca del agua o alguna otra obra de Clara Obligado? ¿Te gustan estas construcciones narrativas diferentes?