Mi brazo izquierdo. Me pregunto que han hecho con él. Cuando le cortas el brazo a un hombre tienes que hacer algo con él. No puedes dejarlo tirado por ahí. ¿Lo envías a los hospitales para que unos tipos lo troceen y aprendan cómo funciona? ¿Lo envuelves en un periódico viejo y lo tiras al cubo de la basura? ¿Lo entierras? Al fin y al cabo es parte de un hombre una parte muy importante de un hombre y debería ser tratado con respeto.

Es 1918, la Primera Guerra Mundial casi ha llegado a su fin y, en algún lugar de Francia, el joven soldado estadounidense Joe Bonham sufre el impacto de un obús. Cuando recupera la consciencia se da cuenta de que ha sido reducido a casi nada: no hay rastro de sus brazos ni de sus piernas y su rostro ha sido barrido, sin que disfrute ya de los sentidos de la vista, el oído, el olfato o pueda hablar. Los médicos, que desconocen su identidad, han decidido mantenerle en este estado de vida semi vegetativo conectándole a sondas. Pero el mayor horror en el lector llega cuando se da cuenta de que el cerebro de Joe sigue funcionando, de que está encerrado en un cadáver. Así es como comienza la impactante novela Johnny empuñó su fusil.

Este relato duro, durísimo, fue escrito por el guionista Dalton Trumbo en 1939, después del horror de la Primera Guerra Mundial y como anticipo de lo que sucedería en la segunda. Dalton Trumbo (Estados Unidos, 1905 – 1976) fue un novelista, guionista y director de cine conocido por haber sido denunciado y obligado a declarar ante el Comité de Actividades Antiamericanas en 1947, cuando se negó a afirmar o negar que perteneciera al Partido Comunista y fue por ello encarcelado durante once meses, además de continuar trabajando en la sombra, firmando sus libretos con pseudónimos, hasta que Kirk Douglas lo rehabilitó empeñándose en que su nombre apareciera como guionista de ‘Espartaco’ (Stanley Kubrick, 1960).

Johnny empuñó su fusil es considerada el mayor alegato antibelicista de la historia literaria. Y si bien es cierto que el alegato final resulta demoledor, después de leer sus páginas, observamos que el horror no es tan evidente en el texto, sino en lo que éste implica. Apenas se describen escenas de guerra y éstas se reducen casi a dos: el momento en que recuerda el impacto del obús, y una escena en la que entra con otros compañeros en una trinchera enemiga y se topan con un roedor

Más allá de este propósito, la novela esconde otro mucho más relevante: descubrir qué es lo que hace que un hombre sea considerado un hombre. Está dividida en dos partes o libros: en el primero “Los muertos”, Joe se centra en sus recuerdos del pasado, su familia, su novia que espera a que regrese de la guerra… y los va entremezclando con su situación presente, tomando consciencia, capítulo tras capítulo, de todo aquello de lo que se ha visto despojado. Es casi al final cuando nos enfrentamos a la terrible y angustiosa realidad: Joe se ha visto reducido a poco más que su mente. Ya para ese momento el lector se ha visto obligado a pensar en su propia existencia, en reflexionar sobre cuáles cree que son los límites éticos de la medicina —aunque hay una crítica al papel de los médicos en los conflictos bélicos, que Trumbo define como “campos de experimentación” donde se logran los mayores avances en medicina, al mismo tiempo los defiende, pues el protagonista sigue siendo él, sigue existiendo bajo un cuerpo destrozado—, en descubrir cuáles cree que serían sus reacciones frente a una situación similar, pues cuesta entender la entereza del soldado frente a la pérdida de sus piernas o sus brazos.

La segunda parte del libro, “Los vivos”, nos arrastra un paso más allá. El hombre ya no es hombre sólo por el hecho de existir, sino que le resulta imprescindible poder contactar con los demás hombres y comunicarse con ellos. Asistimos sin poder ayudar a los esfuerzos de Joe por definir los límites del tiempo primero —tal vez el punto más flojo en lo narrativo, por lo inverosímil de muchas de las conclusiones— y por encontrar la forma de comunicarse con los médicos y enfermeras. Es la lucha del hombre que ha sido alejado de la sociedad pero que busca la forma de volver a ella, que no la considera una causa perdida y no cree que vivir aislado del mundo sea la solución, sino que quiere regresar para contar su experiencia, para evitar que se repita.

¿Qué demonios significa libertad en todo caso? Es solo una palabra como casa o mesa o cualquier otra palabra. Sólo que es una clase especial de palabra. Un tipo dice casa y puede señalar una casa para probarlo. Pero un tipo dice venga luchemos por la libertad y no puede mostrarte la libertad. No puede probar las cosas de las que está hablando así que ¿cómo demonios puede pedirte que luches por ellas?

Con una prosa sencilla, puesta en la mente de un joven que aún no es adulto aunque el texto no esté escrito en primera persona, carente de comas para hacer más creíble el fluir de los pensamientos, intercalando recuerdos a cada paso, volviendo una y otra vez al pasado, mezclándolo con el presente y soñando con un futuro viable, Johnny empuñó su fusil nos produce dolor, vértigo y angustia, nos despoja de todo lo superficial para obligarnos a buscar nuestra esencia, nos lleva a un viaje a nuestro interior al que sólo podemos llegar aislándonos de todo.

Incluso los dos prólogos que el propio Trumbo incluyó en las ediciones de 1959 y 1970, en las que resume el impacto que su libro tuvo en la gente y en los movimientos políticos tras su publicación, nos adelantan el horror en el que estamos a punto de sumergirnos:

Una ecuación: 40.000 jóvenes muertos = 3.000 toneladas de carne y huesos, 124.000 libras de masa cerebral, 50.000 galones de sangre, 1.840.000 años de vida que jamás serán vividos, 100.000 niños que nunca nacerán. (Estos últimos podemos ahorrárnoslos: ya hay demasiados muriéndose de hambre por todo el mundo)

Resulta interesante también descubrir que Trumbo adaptó su obra al cine en 1971, en forma de monólogo desesperado del soldado, con Timothy Bottoms como su protagonista.

Johnny empuñó su fusil es, sin ninguna duda, una novela única, imprescindible para comprender qué es lo que nos hace humanos. Es un relato duro y despiadado, pero no carente de belleza y hermosura, y es un ejemplo de que las palabras pueden llevar a nuestra mente mucho más lejos en ocasiones de lo que podría hacerlo una burda imagen de sangre en el campo de batalla. Es una novela antibelicista, sí, pero es, ante todo, una oda a la vida.

  • Título: Johnny empuñó su fusil
  • Autor: Dalton Trumbo (traducido por José Luis Piquero)
  • Editorial: Navona (consulta aquí la ficha técnica del libro).
  • 280 páginas. 14,50 Euros

¿Has leído Johnny empuñó su fusil o has visto la película? ¿Qué otras obra antibelicistas recuerdas que te importaran? Tienes los comentarios abiertos para hablar de lo que te apetezca.

Si quieres leer esta novela, puedes conseguirla clicando en la imagen:

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