Estamos de enhorabuena: Sajalín pone a la venta la séptima edición de Indigno de ser humano, la obra más conocida del japonés Osamu Dazai. Aunque por mis manos haya pasado la quinta.

Después de haber leído El declive este mismo año —y azuzada por la pereza de acometer un libro de más de doscientas páginas que, además, cada vez se me hacen más cuesta arriba porque no muchos tienen la calidad o el contenido suficiente para justificar la extensión—, había ganas de repetir con el autor. Esta vez sí, con la novela que se considera cumbre en su trayectoria.

Aunque llegara a salir, llevaría siempre clavado en la frente el cartel de loco; mejor dicho, de muerto viviente. Indigno de ser humano. Dejé por completo de ser una persona.

Indigno de ser humano narra, con un estilo llano y delicado, carente de descripciones y centrado en las acciones, el declive como persona de Yozo, un joven de provincias que marcha a la ciudad a estudiar pero acaba cayendo en el alcoholismo y la adicción a la morfina, incapaz de mantener una relación coherente ni sana ni con mujeres ni con allegados.

La obra tiene mucho de autobiográfico, pero también de premonitorio: sobre los intentos de suicidio literarios de Yozo, incluido el intento de ahogarse en el río con su mujer, se suma la realidad de la muerte de Osamu Dazai. En 1948 —poco antes de cumplir los treinta y nueve años— se suicidó con su amante en Tokio arrojándose a un canal del río Tama. Fue el último de los cuatro intentos que había llevado a cabo a lo largo de su vida. Así, la obra tiene la forma de un grito silencioso, oculto entre las páginas; tal vez incluso una petición de ayuda.

Osamu Dazai

Osamu Dazai. A la derecha, algunos apuntes de su libreta de estudiante. Fuente: SoraNews24

La estructura de la novela es, cuando menos, curiosa. A su habitual uso de la primera persona (en el caso de El declive era también una joven de provincia en una familia venida a menos que trata de encontrar una huida a su estancamiento personal y emocional), en esta ocasión se suman un prólogo y un epílogo, redactados por una tercera persona que encuentra tres fotografías. Son tres instantáneas de Yozo —aún no sabe que se trata de él— en tres momentos de su vida: infancia, juventud y madurez. El análisis que hace de estas fotografías en el prólogo deja clara una idea que se repetirá constantemente a lo largo de la novela: la relación constante entre carácter y físico. Para Dazai, las acciones de un hombre, el camino escogido, quedan reflejados de forma evidente en sus rasgos faciales. No sólo en el caso de labores o profesiones físicas, sino también en las elecciones morales —a la manera en que hablaba en esos mismos términos Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray—.

[…] adquirí, sin advertirlo, un cierto aspecto repugnante del que no podía librarme, una especie de inesperado fruto de mi forma de vivir, que poco a poco se hizo visible hasta que el propio Horiki me lo hizo notar, dejándome estupefacto y disgustado.

A continuación vienen tres cuadernos —el tercero dividido en dos partes— en los que es el propio Yozo quien narra sus vicisitudes. En el primero se centra en su infancia y es en el que declara con mayor claridad el objeto de sus textos: denunciar una sociedad que al margen de su apariencia está podrida por dentro, de la que no se siente parte y que encuentra ajena y extraña. Tal vez debido a abusos que ha sufrido —que solo menciona de forma puntual sin entrar en detalles, como si fuera una zona de su pasado bloqueada en su mente—, Yozo describe su vida como un infierno del que puede escapar y al que hace frente a través del humor: se convierte en un bufón.

Mi idea de alguien respetado consistía en una persona que había logrado engañar casi a la perfección a los demás pero que, al ser visto por un ser omnisciente y omnipotente, era humillado en una vergüenza peor que la muerte.

En la segunda parte Yozo ya está en la ciudad y su camino de descenso a la marginalidad acaba de comenzar. Una falta de deseo de cumplir con las expectativas que se han fijado en él —terminar sus estudios académicos superiores—, unido a una situación de desamparo y soledad le llevan a iniciar una escalada de malas decisiones en las que el infierno que hasta ahora sólo se manifestaba en su mente se hace realidad de la peor forma posible. Un descenso que parece no tener fin y en el que se hace patente la incapacidad del protagonista no solo de entender a los demás, sino también su propia incapacidad de auto análisis.

La sociedad no te lo va a permitir. Pero no es la sociedad, ¿acaso no serás tú? Si te comportas así, la sociedad te va a castigar. Mas no será la sociedad, serás tú, ¿verdad? La sociedad te enterrará en el olvido. No la sociedad, tú lo harás.

En el tercer y último cuaderno, la reiteración hace presencia y continúa el descenso a lo más profundo de la ruindad humana. Pero, a diferencia de la biografía del propio Dazai, en el epílogo el narrador principal ofrece una chispa de esperanza, una ventana abierta a la salvación del hombre.

Indigno de ser humano es una obra muy autobiográfica, pero escrita con el arte suficiente y un cierto distanciamiento metal que permiten disfrutar de ella sin tener en consideración la vida de su autor, aunque conocida esta, las similitudes funcionan por acumulación. Tal vez Dazai también aspiraba a encontrar una luz, un motivo para continuar con su vida.

Es una obra dura y revestida de una gran dureza, que duele e invita a reflexionar sobre la propia vida, sobre el nivel de aislamiento del resto de la sociedad y las motivaciones que nos arrastran. Descarnada y carente de matices que suavicen el mensaje, es una obra de carácter universal que bien  merece el —breve— tiempo necesario para atravesar sus páginas. indigno de ser humano, osamu dazai, al margen, sajalín, montse watkins, portada

  • Título: Indigno de ser humano
  • Autor: Osamu Dazai (traducción de Montse Watkins)
  • Editorial: Sajalín editores. (Podéis encontrar más información sobre el libro aquí y leer un fragmento aquí).
  • 124 páginas. 13,00 Euros (formato papel).