Un Hurra por esos momentos en que necesitas un cambio de registro y te equivocas. Hace algo más de un año hablaba de Lolito y hace poco más de tres meses de Crezco. Pensé que era el momento adecuado para enfrentarme a Hurra, la última novela de Ben Brooks editada, por primera vez, por Blackie Books, pero, o bien no he dejado pasar el tiempo suficiente entre borrachera y borrachera o bien la fórmula con la que Brooks destacó se ha agotado y ya no me afecta como hicieron los dos libros anteriores.

La ansiedad se acumula, a diferencia de los momentos de tranquilidad o satisfacción. Te visita esporádicamente como ciertos parientes y después desaparece sin dejar rastro. Mi ansiedad es como una mascota: siempre está ahí, aunque a veces se echa la siesta acurrucada entre mis pies. Cuando esta despierta no para de intentar que le haga caso.

¿Cómo se puede tratar la muerte desde la perspectiva de un post adolescente apático, hastiado de todo y de todos? Hurra comienza con el suicidio de Ellen, la hermana de Daniel y Adam. Era tal vez la persona de la familia —que se completa con una madre incompetente y un padre del que, como poco podríamos decir que es calzonazos, siempre ansioso por llevarse bien con todo el mundo y evitar peleas— con más visión de futuro, lectora de los clásicos rusos, con claras opciones de ser becada para estudiar en Oxford y tal vez enfocarse en el mundo de la traducción rusa. Sin embargo, un día se lanza desde un aparcamiento de varias plantas desnuda, con ropa interior que no conjunta, y nadie entiende por qué.

Pero Ben Brooks tampoco hace nada porque lo entendamos. Desde el punto de vista de Daniel, quien ya se ha alejado del núcleo familiar en Londres y trabaja escribiendo artículos y encuestas absurdas de relleno para una publicación online, la muerte de su hermana es un grano más en la montaña de penalidades que arrastra: una vida personal, profesional y familiar insatisfactoria en todos los sentidos que ahoga en drogas y cerveza desde el momento en que se levanta hasta que cae dormido en cualquier parte. En una especie de huida a ninguna parte, marcha junto con su hermano –a todas luces un psicópata o perturbado— y Saskia, una amiga de su hermana y recorren París, Berlín y Barcelona buscando un sitio donde depositar las cenizas de Ellen.

En Hurra están todos los rasgos característicos de Ben Brooks: un lenguaje soez, vivo, una falta de argumentaciones por considerarlas innecesarias, una naturalidad que a un adulto le daría hasta vergüenza… De nuevo el lector se enfrenta a jóvenes sin futuro, cansados a pesar de su juventud, que no buscan nada porque nada creen que puede ser encontrado en su futuro. Maleducados, violentos, adictos a todo lo que les haga pasar un buen rato… y sin embargo con un toque sensible. Generan empatía, es cierto, ganas de protegerles como lo hacían ya los protagonistas de Crezco y Lolito, pero es una protección más vaga, más cansada, porque hasta el lector, al enfrentarse de nuevo con más de lo mismo, puede preguntarse ¿para qué?. Brooks escribe de lo que sabe, de lo que conoce, y lo conoce bien, pero da la impresión de que, al margen de la fama que ahora acumula, los ocho años de diferencia entre Crezco y Hurra no han hecho mella en él, no le han llevado más allá y está estancado en el mismo tiempo y espacio.

Pero en algún momento esa rutina se pierde aún más, al salir los personajes de su ciudad natal para encaminarse a París, a revivir la pasión por Amèlie de Adam. La historia, rocambolesca hasta ese punto, se torna inverosímil, fantástica, y solo algunos párrafos, brillantes y agudos, consiguen que merezca mucho la pena seguir con la lectura de la novela. Los diálogos se desdibujan, cuesta diferenciar qué personaje dice qué en algunos momentos, porque todos ellos parecen perder parte de su identidad en medio de una generación llena de etiquetas.

Hurra ofrece muchos interrogantes y no da respuestas. Hurra mantiene en nosotros el miedo de si esa es realmente la generación actual, si está abocada al fracaso antes de intentarlo. Plantea cuestiones interesantes pero Ben Brooks no tiene ningún interés en responderlas. Y tampoco da pie a que lo hagamos nosotros.

Un hombre al que no conocemos ha organizado un tour por nuestro dolor para un grupo de gente a la que tampoco conocemos. Son turistas visitando el cráter con forma de Ellen recién creado, pero en breve volverán a sus flamantes casas carentes de cráteres. Mientras, nosotros pasaremos de puntillas por delante de la habitación de Ellen, por la noche. Ojalá pudieran demoler su cuarto como hicieron con la casa de Fred West después de que asesinara a doce niñas y las enterrara en los cimientos. Nadie va a dormir en esa habitación nunca más.

 

 

  •  Título: Hurra
  • Autor: Ben Brooks (traducción de Zalema Couso)
  • Editorial: Blackie Books (podéis encontrar algo más de información sobre el libro aquí)
  • 304 páginas. 19,00 Euros (Edicion en papel)
  • Puedes comprarlo aquí:

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