Volver a Bunker es volver a casa, pero a una casa destruida, en ruinas, que se autoanaliza, que rebusca en cada piedra caída para encontrar respuestas a preguntas no formuladas. Aún así, Edward Bunker ejerce a veces de padre protector, que acuna al lector y le hace sentirse cómodo en un ambiente que, en lo literario y nunca fuera de ello, le resulta apacible y sosegado por conocido.

Edward Bunker es la definición pura de lo que Raymond Chandler dio por llamar Hard Boiled en su ensayo El simple arte de matar (1950).  No es lo mismo que novela negra o novela policíaca, aunque tengan siempre muchos elementos comunes y se destaca porque sus protagonistas son individuos derrotados, decadentes, que se sirven de la violencia, la injusticia y la inseguridad para acometer sus tropelías, con un fuerte tinte egocéntrico. Pero, sobre todo, lo que distingue a este tipo de historias es su lenguaje llano, franco, lleno de términos de la calle (porque su escenario habitual es el urbano) y sin el refinamiento que a veces destila el género negro.

Pero si el lector se predispone, al leer esto, a pensar que la historia va de cuatro tiros mal dados, un par de escenas de sexo en un tugurio oscuro y poco más, yerra en su apreciación: aunque en el Hard Boiled se dé más importancia en general a la acción que al análisis, es un género que ahonda en la descripción naturalista de la sociedad. Un ambiente en el que, al margen de consideraciones moralistas, los criminales no nacen: se hacen. Un género que ahonda y reflexiona en segundo plano sobre las circunstancias de la vida y la toma de decisiones como factores determinantes del carácter y el destino.

Todo esto a cuenta de que la última obra de Bunker que he leído es una colección de seis relatos —casi siete si tenemos en cuenta la carta a su editor de Bunker que hace de prólogo—: Huida del corredor de la muerte. Y que estas seis historias breves se ajustan como un guante a este guión de almas acosadas por las circunstancias que además caen en la tentación de dejarse llevar por malas acciones.

Bunker encuentra en su vida de entradas y salidas continuas de prisión —ya desde niño, desde los cinco años, saltando de casa de acogida en casa de acogida y de ahí a los reformatorios juveniles— un infinito repositorio de ideas, de historias vividas por él o por aquellos que poco más tenían que hacer en la cárcel que hablar. Como poco más tenía que hacer Bunker, que optó, sin embargo, por aferrarse a la escritura como forma de subsistencia. A ello le llevó tal vez el teclear continuo de la máquina de escribir de Caryl Chessman, un preso condenado a muerte —y ejecutado en 1960— que logró publicar antes de que le dieran boleto cuatro novelas.

Probablemente haya más, mucho más, porque los presos de la calaña de Bunker que han pasado por esas mismas prisiones —esas mismas celdas— se cuentan por miles, y sin embargo no hay ahí tanto escritor que enarbole la bandera de sus miserias, ni ninguna otra.

Leyendo Huida del corredor de la muerte tampoco puedo escapar de la idea de que tal vez no estamos ante relatos como tales, sino ante borradores de lo que podrían haber sido grandes historias. Estos seis relatos —solo seis, el sonido de una voz que se ha apagado— junto con la novela Stark son  su legado póstumo, obras que se encontraron entre el material sin publicar tras la muerte de Bunker en 2005. Es una sensación que me asalta con toda obra póstuma: ¿Estaba lista para ser publicada? ¿Quería en realidad el autor que se publicara?

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Y es que en Huida del corredor de la muerte hay cierta irregularidad en las historias que, al menos, sí ofrecen un nexo en común: son historias carcelarias. Pero algunas están más abocetadas mientras que otras pisan con fuerza sobre su legado literario, reclamando su lugar. La mayoría tienen como eje central el periplo que sufre un preso desde que es dictado su ingreso en prisión hasta que se asienta y habitúa a sus usos y costumbres. Así, poco dista la rutina de un ejército militar. Bunker además tiene la habilidad de meter al lector en lo opresivo del ambiente, lo cerrado y oclusivo: le hace sentir las puertas cerrarse tras de sí, a su paso, a medida que se mueve por edificios, pabellones y celdas.

También merece la pena destacar la cuestión de raza: la mayoría de los protagonistas son negros y varios, lo son —protagonistas— precisamente por su color de piel. Bunker no es ajeno a la segregación racial y las luchas por la liberación. La actividad del movimiento por los derechos civiles de Estados Unidos junto con el apoyo de los presidentes Kennedy y Johnson llevaron a la firma de la Ley de Derechos Civiles en 1964. Pero Bunker demuestra en sus textos que eso es papel mojado: en las calles la ley que se aplica es otra, y los prejuicios policiales y judiciales hacia los negros llevan a situaciones dantescas, como la que sufre el protagonista de La justicia de los Los Ángeles, 1927, el relato que abre la compilación y que es más una novela breve por su extensión.

Temen a los hombres negros. Dios santo, ojalá no los temieran… porque cuando alguien tiene miedo es cuando se odia y se es cruel, por miedo. No vayas por ahí metiéndole miedo a la gente, chico, y sobre todo no a los hombres blancos” 

Edward Bunker ofrece así una colección de historias interesantes en Huida del corredor de la muerte. No es su mejor obra pero tampoco va a decepcionar a quienes hemos reservado un hueco para su trabajo en nuestras estanterías. Hard Boiled en estado puro.

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  • Título: Huida del corredor de la muerte
  • Autor: Edward Bunker (traducción de Zulema Couso)
  • Editorial: Sajalín Editories (Podéis encontrar más información del libro aquí y leer un fragmento aquí)
  • 211 páginas. 18,00 Euros (formato papel).
  • Puedes conseguir el libro clicando en la imagen de la portada

Si has leído Huida del corredor de la muerte, me encantaría saber tu opinión ¿Crees que es, en efecto, una colección de relatos, o tal vez son más los borradores de novelas no desarrolladas? ¿Has leído algo del autor? ¿Qué libro te gusta más? Tienes lo comentarios a tu disposición. 

Otras obras de Edward Bunker:

la educación de un ladrón, edward bunker, sajalínno hay bestia tan feroz, edward bunker, sajalín

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