Adopta una autora

No iba a reseñar El pelícano, pero me han vencido muchos factores. En primer lugar, el ansia por volver —después de un vergonzoso año 2018 sin leer nada de la autora— al reto “Adopta una autora”. Con este breve relato completo la sexta entrada de la serie. Aún quedan en mi estantería muchos otros que esperan, con fe inquebrantable, su turno y voy a tratar que no pase un lapso de trescientos sesenta y cinco años antes de ofreceros una nueva reseña.

Para quienes  no conozcáis este proyecto o que queráis conocer por qué me uní os recomiendo leer la primera entrada: Adopta una autora.

Adopta una autora es un proyecto que tiene por objetivo dar a conocer la vida y obra de autoras pertenecientes a todas las épocas, nacionalidades, lenguas, géneros literarios y formatos de lectura.

Como viene siendo habitual, este libro supone un nuevo salto de editorial. La obra de Edith Wharton está dispersa entre editoriales que fueron y ya no son, otras que siguen firmes su andadura y otras que, como hoy, se estrenan.

En esta ocasión la obra ha sido traducida —en esta versión, porque he localizado alguna otra traducción por parte de una editorial española— por MS Aventuras Literarias, una editorial que hasta ahora se especializaba en mapas literarios y que ahora ha iniciado una nueva andadura con la colección Laminaria, que pretende aunar textos literarios con antiguas láminas de botánica y zoología apoyados por Sociedad Laminaria.

Quienes seáis fieles lectores de este blog, recordaréis que les hice una entrevista hace ya algunos años.

Edith Wharton Frederick Taber Cooper

Normalmente comienzo estas revisiones de la obra de Edith Wharton con una breve nota biográfica, pero en esta ocasión el propio volumen me ha ahorrado el trabajo. El pelícano incluye un estudio de la obra de la autora a cargo de Frederick Taber Cooper. Un estudio que se une a otros doce autores coetáneos en la obra “Some american Story tellers”, editada por Henry Holt and Company en 1911.

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Fotografía de Frederick Taber Cooper incluida en su obra Some American Story Tellers

Difícil resulta, tras la lectura del texto, deducir si tras la semblanza de Cooper se oculta un franco aprecio por la obra de Wharton o un leve desprecio tal vez llevado de la envidia. De ella destaca que ya desde un principio estaban nítidos los rasgos de sus obras y que el paso de los años no llevó consigo un desarrollo estilístico, sino un proceso de pulido que poca diferencia supone.

Comenta Cooper que destaca por su vasta cultura y un conocimiento profundo de la sociedad —de la alta sociedad, se entiende— y de las normas que la regulan. “Una mujer de mundo con inquietudes cosmopolitas y, sin embargo, con rígidos prejuicios de casta social”. Habla de su prosa en términos elogiosos pero sin conseguir eludir que Wharton escribe como quiere, sin preocuparse de la estructura ni de la extensión de sus obras, parando el tiempo cuando se trata de explayarse en descripciones de esos lujos y obras de arte de las que tan bien era conocedora.

Brilla también, según Cooper, la capacidad de descripción de los personajes, tan vívidos que cualquiera puede imaginarlos con precisión —más en el caso de las mujeres que de los hombres, añadiría yo—. En cuanto a los temas que trata, parece detenerse en exceso en lo que está predestinado, en unas vidas que parecen abocadas al fracaso o a la tragedia, cualquiera que sea la elección vital del protagonista.

Esta semblanza bien merece un repaso para quien quiera conocer, al menos por encima, la obra de la autora. Cooper se detiene además en algunas de sus obras (las que estaban escritas en aquel año, claro está).

El pelícano, una edición delicada

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Antes de abordar el texto de la escritora, bien merece la pena parar un momento y disfrutar de una edición que es, cuando menos, bonita: MS Aventuras literarias ha hecho un esfuerzo porque el volumen sea, además de interesante, estéticamente bello.

El lector se va a encontrar con un volumen negro, que parece un cuaderno de viaje —efecto que se incrementa con el canto superior redondeado—, pero que se viste con una sobrecubierta que no cubre toda su extensión. Esta se ilustra con un fragmento de una imagen de un pelícano, extraída de The birds of America, de John J. Audubon (1827 – 1838). La imagen completa puede disfrutarse en la parte interna, presta a ser rasgada y conservada aparte (algo que considero sacrílego, pero que está sujeto a gustos).

La elección del Pelícano como imagen no es casual, ni por parte de la editorial ni, claro está, por parte de Wharton. A este animal se atribuye (no es cierto) una especial capacidad de sacrificio maternal, llegando a arrancarse la piel sobre las crías hambrientas para que se alimenten de su sangre. Es una imagen que cuadra con el texto.

En El pelícano se nos cuenta la historia de Mrs. Amyot, mujer que ha enviudado con un bebé a su cargo y se ve obligada a impartir charlas como vía de sustento. La narración, en tercera persona y desde el punto de vista de un hombre que se cruza en diversos momentos de la vida con la protagonista, nos ofrece una visión cruda, de jaula de zoológico casi, de Mrs. Amyot y, como es frecuente en Wharton, nos permite pasar de la compasión a la extrañeza y al desprecio en apenas un puñado de páginas.

El pelícano, un primer relato que impacta

Es un relato brillante, que nos habla de un amor maternal que se transforma en un afán de protagonismo desmedido. Como bien indican los editores en el breve análisis que acompaña el texto, esta situación tiene su reflejo en la vida actual en esas redes sociales —o en las tertulias televisadas o radiofónicas— en las que el ansia por destacar, por estar en primera línea, desplaza la necesidad de saber de qué se habla. Mrs. Amyot es una buena oradora pero no una buena conocedora de los temas que trata. Pero su indiscutido afán de mantener a su hijo suscita una compasión tal que nadie parece darse cuenta de lo incoherente de sus textos. O, mejor dicho, nadie quiere darse cuenta.

El pelícano, como le es propio, es un relato irónico y mordaz que ataca las raíces de la sociedad de clase media y alta, la máscara de falsedad con la que ocultan sus acciones los individuos. Golpea incluso al narrador, espectador impasible que prefiere aislarse de la realidad a tomar parte de ella y que siguiendo el símil, es el vidente apoltronado en un sofá que asiste con placer a la exposición pública del dolor de los demás.

El libro se completa con una perspectiva científica y zoológica del pelícano a cargo de Wencelao Zúñiga, un texto publicado en 1923 por la Sociedad Laminaria y que da un toque final especial y diferencial al volumen.

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  • Título: El pelícano
  • Autor: Edith Wharton, del relato; Frederick Taber Cooper, de la semblanza de la autora; Wenceslao Zúñiga, del fragmento sobre el Pelícano americano; M&S Aventuras Literarias, del apunte sobre el texto y la traducción.
  • Editorial: MS Aventuras literarias
  • 100 páginas. 14,25 Euros (formato papel).

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Y vosotros, ¿habéis leído esta novela? ¿Conocíais el movimiento “adopta una autora? ¿Os habéis animado a leer alguna de las obras precedentes de la autora de las que ya he hablado o a acoger en vuestra librería a alguna otra autora? Tenéis los comentarios a vuestra disposición.