El despertar hubiera sido mi libro con mayúsculas de 2018 si lo hubiera leído en 2018. Lamento no haberlo hecho, porque sigo con la sensación de que el año se quedó un poco cojo, de que me faltó un pequeño esfuerzo para ponerle una guinda lectora en condiciones.

Una buena razón es que me obsesiono demasiado con los libros que escojo y no dejo que sea el azar el que decida mi próxima lectura. Una lástima, porque tal vez así podría encontrar más libros como El despertar, de Kate Chopin.

Por momentos, al señor Pontellier le parecía que su mujer podría estar perdiendo la cordura. Era evidente que ya no era ella misma. Es decir, no entendía que estaba transformándose en ella misma precisamente, dejando cada día un poco más atrás a ese personaje ficticio que llevamos como un disfraz, y con el que nos presentamos ante el mundo.

Kate Chopin, artífice de la literatura feminista moderna.

Kate O’Flaherty —Chopin fue su apellido de casada— nació en 1850 en St. Louis (Missouri) en el seno de una familia con dinero y bien posicionada. Su inmersión en el mundo literario fue algo coyuntural. Resultó además muy irónico, ya que su obra, que critica con fuerza el papel secundario de la mujer en la sociedad, tiene su origen precisamente en ese mismo papel.

Chopin llevaba una vida muy convencional como ama de casa hasta el fallecimiento de su marido —propietario de una plantación en Lousiana— en 1882. Acosada por las deudas y con cinco hijos, decidió volver a su hogar materno en St. Louis. Su madre falleció poco después, sumiéndola en una depresión. Su médico y amigo de la familia le recomendó entonces la escritura con un triple objetivo: enfocar su energía, como medida terapéutica y como fuente de ingresos.

La literatura, vía de desahogo y de subsistencia

Chopin se tomó al pie de la letra la recomendación. A principios de la década de 1980 ya publicaba relatos breves, artículos y traducía a autores como De Maupassant. Su calidad literaria no se tenía en demasiada estima. En 1899 publicó El despertar, obra que se consideró muy por delante de su época. Chopin fue tan criticada que dejó de escribir novela y se centró en los relatos breves a partir de ese momento.

En sus obras incluyó referencias a su ascendencia irlandesa y francesa. También han estado siempre presentes las influencias criollas y cajunes de Lousiana. La esclavitud y los derechos de la mujer han sido temas constantes en sus obras, retratando a las mujeres como personas con deseos y necesidades individuales y no como clichés de la época.

Kate Chopin

Kate Chopin

—Uno de estos días —dijo ella— voy a decidir qué tipo de mujer soy porque, la verdad, no tengo la menor idea. Si me atengo a los códigos que conozco, soy una arpía de la peor especie de mi sexo. Pero por alguna razón no acabo de verme como tal. Tengo que pensarlo.

El despertar: un choque de género y de cultura.

El despertar es una obra de una elegancia abrumadora. Las influencias de Chopin están claras desde el primer momento. No se trata solo de una obra que marca la figura de la mujer. Es, además, una mujer de clase acomodada en una región sureña de Estados Unidos donde la esclavitud es la norma. En ese sentido, resulta una novela icónica.

En El despertar, Kate Chopin nos presenta a Edna Pontellier, la esposa de un hombre de negocios bien posicionado y madre de dos hijos. Cerca ya de la treintena se enfrenta a un deseo de libertad e independencia, tanto en el plano personal como en el romántico y sexual que la lleva a ser infiel a su marido.

La novela, que recuerda bastante a las obras de Wharton —ambas mujeres acomodadas, de clase media alta que se cuestionan su papel en la sociedad, aunque en el caso de Wharton la esclavitud no es un tema clave—, no tiene por tema clave la infidelidad que es lo que más críticas generó por la actitud amoral de la protagonista. Es sin embargo una historia de auto consciencia, donde la protagonista se mueve desde una posición cómoda, tradicional, a un final en el que sus deseos como individuo se imponen por encima de lo convencional.

Edna-and-Robert

Ilustración de André Hubert para la primera edición en Francés de Cyrille Arnavon de El Despertar en 1952. La imagen muestra a Edna y Robert.

Tópicos puestos a prueba

Chopin golpea página tras página los tópicos de finales del siglo XIX. Por un lado, tenemos a Edna, una mujer de constreñida moral —la educación católica de la autora se deja traslucir— que se ve inmersa en el relajado clima sureño, donde las bromas y los tonteos casuales son habituales. Es ese mismo ambiente el que le dará la espalda cuando lleve sus deseos más allá de lo socialmente permitido. Hay una ironía que se respira en cada página. Su marido le permite pasar —le recomienda, incluso— tiempo con otros hombres cuando se ausenta por trabajo, pero al tiempo le critica su actitud poco hogareña.

También la maternidad es puesta a prueba. Frente a su amiga, perfecta esposa y madre —la relación entre ambas también tiene un final con tintes de comedia negra, porque la perfección de la mujer según los estándares no conlleva recompensa— Edna siente un desapego evidente hacia sus tareas como madre, que delega con gusto. Chopin no pone en cuestión el amor hacia los hijos, sino el sacrificio que este amor exige de la mujer, un sacrificio que se muestra vacío, sin sentido.

Una maravillosa descripción del individuo.

A pesar de las críticas de la época, Chopin se rinde a las evidencias y el final de El despertar es a la vez sublime y despiadado. Edna intuye cuál debe ser su camino, da los primeros pasos en la dirección que marcan sus emociones, pero se deja aplastar por la evidencia: el lugar de la mujer está prefijado. Ese final que da prueba de lo bien construida que está la historia, es un titubeante inicio de lo que está por llegar.

El despertar es la descripción de una mujer que se desintegra a los ojos del lector para renacer como el ave Fénix, convertida en una pieza que no encuentra su lugar en el tablero de juego. La naturalidad y la habilidad con la que Chopin nos adentra en la evolutiva mente de la protagonista es un lujo que el lector no debe dejar pasar.

 

Pensó en Léonce y en los niños. Eran parte de su vida. Pero eso no les daba el derecho de a dar por sentado que su cuerpo y su alma eran de su propiedad.

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  • Título: El despertar
  • Autor: Kate Chopin (traducción de Esther García Llovet). Epílogo de Jorge Urrutia
  • Editorial: Mármara (Podéis encontrar más información sobre el libro aquí)
  • 312 páginas. 13,50 Euros (formato papel).

Por cierto, si queréis leer más sobre esta novela, o sobre la autora, os recomiendo muchísimo que visitéis la web Katechopin.org donde tendréis toda la información que podáis desear, incluyendo guías de lectura. Aquí tenéis en enlace a El despertar.