Leo el último libro de Clara Usón, El asesino tímido, con prisa, aprovechando los tiempos muertos en la cola de la oficina de correos, mientras tomo un café a media mañana o al ritmo que me imponen mis pesados párpados a última hora de la noche. Leo con una fecha límite el mente: el viernes a mediodía. No es la forma más bonita de leer, lo siento por dentro, pero es la única que parece válida en las últimas semanas.

La fecha tope no la impongo yo, al menos no directamente. Sí acepto quedar en un encuentro informal con Clara Usón. Llamadme ilusa, pero para mí eso supone haber leído el libro antes. Al menos, haber hecho mi mayor esfuerzo.

La lectura se me ha hecho incómoda. No tardo en descubrir por qué. Baste con leer la sinopsis que ofrece la editorial Seix Barral: es una novela… No. El asesino tímido no es una novela, ni creo que pretenda serlo. Es un ejercicio literario en el que se mezclan hechos reales y autoficción, la misma autoficción que me persigue en la mayoría de mis lecturas “por compromiso” de los últimos meses. Me irrita que la descripción de un libro no se ajuste, con mayor o menor precisión, al contenido. Lo asumo con mayor o menor resignación cuando se debe a problemas de comprensión por mi parte. Pero dudo que este sea el caso. Tampoco es, como parece, la historia de Sandra Mozarovski y de su extraña muerte / suicidio.

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De izquierda a derecha: Iraide Talavera (palabritisaguda.com), Clara Usón y Patricia Millán

Le pregunto a Clara el por qué de tanta autoficción. Contesta que, mientras el joven mira hacia el futuro, con la seguridad de que lo mejor está por llegar, ella es ahora consciente de que su vida está ya hecha, de que el avión “mi vida” ha comenzado su descenso. Se ve ahora, hasta cierto punto, como un personaje al que analizar desde cierta distancia, uno que representa la época de la que quiere hablar. Para Clara Usón, por duro que resulte escucharlo, “la alternativa era el suicidio o la escritura”.  El suicidio la persigue —en todas sus obras hay alguno de por medio— y en El asesino tímido, título que alude al suicida y no a una novela negra, trata de explicarse a si misma por qué es así.

No llega a decir que la literatura le salvó la vida, pero sí le dio fuerzas para seguir adelante. Aún así, es lectora antes que escritora, y escribir es más un impulso por emulación que puede que cese algún día, mientras que su necesidad por leer no terminará.

El asesino tímido es una novela que, en su tercio final, se muestra cruda, reveladora, que desnuda con  frialdad y emoción contenida la vida de la autora. Ésta, comenta al respecto que sintió pudor, pero que, en el fondo, toda obra de ficción tiene parte de verdad, sea cual sea, y ella sentía la necesidad de purgar un secreto que pugnaba por salir.

En la historia se mezclan muchos hilos, no siempre bien avenidos. Como gancho actúa la vida y muerte a los dieciocho años de Sandra Mozarowski, estrella del cine de destape de bajo calibre. Bajo la excusa de renegar de la oclusión del franquismo, los jóvenes asumen que el desnudo es un símbolo de libertad, de liberación. Como también lo son las drogas, antes de que el pozo de los años ochenta dejara al descubierto enfermedades como el SIDA, muertes por sobredosis y adicciones insuperables que hundieron a muchos.

Clara Usón, que introduce a Sandra como un ejemplo de esa generación a la que ella misma pertenece y en quien encuentra ciertas similitudes, nos habla de que la suya fue una generación acomplejada, siempre viéndose atrasada respecto al resto de países europeos, aislada por una cordillera. Una generación que, en sus palabras “nos creíamos que ya éramos demócratas y eso nos volvió temerarios”. Una generación que se preocupó por si misma y que ahora ve, con preocupación, como ha dejado las cosas aún peor para quienes vienen detrás, una nueva generación, la actual, que ve el futuro turbio y lo observa con terror y preocupación.

Su generación es “la del escapismo”. El viejo régimen franquista fue una época terrible para la mujer, pero la recién llegada democracia hizo de la mujer desnuda un objeto para anunciar y hacer creer la existencia del cambio, con una clara intención política. Sandra era un ejemplo de ello, una víctima que, junto con otras tantas, formaban una estela de mujeres “de usar y tirar”.

Pero entre este mar de drogas, suicidios y apuntes filosóficos —Pavese y Wittgesnstein campan a sus anchas por buena parte del texto, a veces de forma acertada y otras su presencia parece estorbar al ritmo narrativo—, hay un tema que sobresale por encima de los demás: la relación de la autora con su madre. Es esta una figura que, en un buen ejercicio de realismo, muestra dos caras a lo largo de la historia.

En su niñez, Clara Usón ve a su madre como una figura de autoridad con una fuerte preferencia por sus hermanos por encima de su hermana y de ella. A una madre se la culpa en la niñez, se la entiende con los años pero nunca se la llega a perdonar del todo. Aún así, “nos trataba a todos por igual, lo que no era habitual en las familias que veía a mi alrededor. Nunca me dijo “cuando seas mayor y te cases”, sino “cuando seas mayor y trabajes”. Era una mujer adelantada a su tiempo pero, como cabe esperar, tenía sus claroscuros. Los bestsellers, comenta Usón, tienden a presentar los personajes de forma estática y simple, pero no es así, todos tienen contradicciones.

En la parte final del libro, la madre se muestra como un ejemplo de adversidad, de presentarse cuando su hija, que coqueteaba con el suicidio pero siempre acababa por pedir ayuda, reclamaba su atención. El asesino tímido es, ante todo, un ejercicio de agradecimiento, de comprensión hacia si misma pero también la historia de una generación que se creyó libre como contraposición a todo lo que habían vivido sus padres, al punto en que la libertad dio paso al descontrol y muchos llegaron a ser más esclavos de lo que jamás hubieran creído.

Tal vez su lectura se debiera plantear por tanto desde esta perspectiva, y no como una novela. Tal vez merezca la pena llegar al tercio final y obviar que el hilo conductor —la muerte de Sandra Mozarowski— aparece y desaparece de las páginas sin causa probable. La irregular narración esconde así un potente mensaje, un autodescubrimiento y una denuncia de una autora que no ha terminado de encontrarse a si misma.

  • Título: El asesino tímido
  • Autor: Clara Usón
  • Editorial: Seix Barral (podéis leer más información sobre el libro aquí y leer un fragmento del libro aquí).
  • 232 páginas. 18,00 Euros (formato papel); 10 Euros (formato ebook).
  • Puedes conseguir el libro clicando en la imagen de la portada

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