Como me ha pasado con tantos y tantos autores –y los que están aún por venir, y no quiero pensar en aquellos que nunca llegarán– he descubierto a Truman Capote muy tarde, o tal vez fuera el momento exacto, eso no hay forma de saberlo. Después de leer la crónica A sangre fría, se convirtió en uno de mis escritores favoritos, algo que confirmé tras sorprenderme con Desayuno en Tiffany’s –tan igual y tan diferente de la versión cinematográfica que ya había visto–. Entre mis propósitos lectores del año está leer alguna obra de Foster Wallace, de Ford y, claro está, de Capote. Así he llegado a El arpa de hierba.

En El arpa de hierba Collin Fenwick se retrotrae al pasado y recuerda un suceso de su adolescencia, a los diecisiete años, cuando tras morir su madre su padre le envía a vivir a casa de unas primas sesentonas, las hermanas Verena y Dolly Talbo. Ambas mujeres son totalmente diferentes: mientras que Verena, que regenta una tienda de ropa, es calculadora, terrenal, carente de confianza hacia nadie y con un punto tacaño, Dolly es una mujer más espiritual, amable y de mente dispersa, que comercializa junto con su confidente y amiga negra Catherine un remedio hecho de hierbas y flores contra la hidropesía, remedio que le trasladó una familia gitana cuando era pequeña.

La novela, con cierto aire autobiográfico, sigue la estela de otras obras de Capote, enmarcada en el sur de Estados Unidos, en una zona rural y una época que podemos situar en las primeras décadas del siglo XX. Es en ese escenario donde el autor despliega su magia, donde el relato se desliza sereno, lento, como el agua de un remanso. Capote no tiene prisa por introducir esta historia y deja que continue más allá de su fin, pero no nos traslada la sensación de una prosa inútil, de relleno, sino que más bien nos hace pensar que lo que viene después es tan trascendente que es necesario preparar el camino y detallar el movimiento de cada hoja en los árboles por si pudiera influir en el desenlace.

El arpa de hierba es además un relato circular, una historia en la que la paz de la rutina se ve interrumpida por la piedra que golpea la superficie del agua, que trae consigo una perturbación, que nos deja la sensación de que los personajes han cambiado de alguna forma y para siempre. Y sin embargo acaba en un punto similar al del comienzo. La acción en sí transcurre en apenas una semana, pero en ese reducido espacio de tiempo todas las emociones surgen, se desatan y vuelven a su cauce. Desde la óptica de Collin, quien participa de la narración pero a veces parece despegarse de ella, observarla desde una butaca dispuesta en medio de la pradera o junto a la casa del árbol, la envidia, los celos, el odio, el miedo pero sobre todo, el amor y la libertad, son definidos, explorados desde distintos frentes, para al final achacarlos a la naturaleza humana.

La novela tiene un punto de tristeza, de nostalgia, acorde con el ritmo. Es cierto que, a diferencia de otros libros suyos, no consigue conectar tan fácilmente con el lector, quien tendrá que perseverar y sumergirse en el acto central para lograr así disfrutar de esta historia familiar donde la naturaleza juega a ser un personaje fantástico. Pero una vez alcance el punto en el que la prosa de Capote le inunde, disfrutará sin duda con este breve placer que es El arpa de hierba y que deja con ganas de más.

  • Título: El arpa de hierba
  • Autor: Truman Capote (traducción de Joaquín Adsuar)
  • Editorial: Anagrama (podéis encontrar algo más de información aquí)
  • 192 páginas. 8,90 Euros (Edicion en papel)
  • Puedes leer aquí algunas citas que he escogido en esta novela. 

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El arpa de hierba, anagrama, truman capote¿Has tenido la oportunidad de leer El arpa de hierba? ¿Te gusta la literatura de Truman Capote? Tienes los comentarios abiertos para cualquier tema que te interese.