Iván Repila ya ha aparecido por las páginas virtuales de esta casa. Poco y mal, todo hay que decirlo. Demasiado pronto tal vez. En una de esas entradas de las que una se arrepiente con el tiempo, con la experiencia y con la mejoría que da dedicarse a esto, aunque sea por amor al arte.

Así que hace unos días me puse en extremo nerviosa cuando me ofrecieron entrevistarle con motivo de la reciente publicación de su última novela, El aliado (Seix Barral), novela que leí, dicho sea de paso, de un tirón la madrugada anterior, por andar justa de tiempo y por problemas no aclarados con las compañías de transporte. Esos detalles son los que dan emoción al tema.

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Iván Repila. Fotografía: Aixa de la Cruz

El aliado es una novela que no puede haberse publicado en un momento más preciso, más candente, a poco más de un mes de un 8M que se intuye el más activo de la última década y con varios sonoros escándalos de por medio.

Pongámonos en situación: El aliado es una novela en la que el protagonista descubre, a raíz de la relación con una mujer que ejerce un feminismo muy activo, que su actitud es muy mejorable. Para ayudar no se le ocurre nada mejor que emprender una aberrante campaña machista desde el anonimato y así lograr que la sociedad se ponga en pie de guerra y destierre costumbres y formas que no tienen lugar en el mundo actual.

La novela destila un humor negro —que recuerda, cómo no, a esa Comedia Canalla tan tarantinana— que se identifica, tal vez, con un carácter más bilbaíno, más norteño y más difícil de asimilar en otras áreas de España. Es, desde luego, una novela muy irónica. Es una historia que juega con el mansplaining como herramienta para, precisamente, denunciar esta práctica. 

Siempre pensamos que no tenemos acento hasta que alguien nos lo dice. No sé si es bilbaíno o no, pero sí muy negro o muy cabrón. Es el mansplaining más grande jamás contado. En esa contradicción basé la idea del libro, me pareció muy definitoria de lo que somos los hombres, lo que venimos haciendo históricamente y lo mucho que nos resistimos a dejar de ocupar el centro de la habitación, dejar de ser los protagonistas, dejar de tomar las decisiones. Nos resistimos incluso a conceder que en el movimiento feminista las mujeres deben ser las protagonistas. Nosotros podemos y debemos hacer muchas cosas, pero desde luego no ser los protagonistas y ese es el error «genial» en el que incurre el protagonista. 

De hecho, yo veo el epílogo de Aixa de la Cruz incluso como una vuelta de tuerca más a ese concepto, porque el final de la novela es lo suficientemente claro como para que el lector pille la situación. ¿Hacía falta incurrir en esa doble explicación? 

Igual no tanto explicarlo, pero cuando le propongo a Aixa la idea, enseguida detectamos que había una contradicción en el personaje, porque es un hombre que se apropia del feminismo para convertirse en un mártir por el feminismo, y esto es una incoherencia con el discurso que a nivel profundo defiende la novela. Nos parecía interesante observar esa idea desde la distancia académica. A Aixa se le ocurrió, en un homenaje al epílogo de El cuento de la Criada, incluyendo citas falsas y otras verdaderas, para mostrar en un nivel más complejo hasta qué punto incurrimos en contradicciones. 

¿No tienes la impresión de que el libro tiene un recorrido corto, porque está demasiado contextualizado en el ahora? 

Mientras más está luchando el movimiento feminista por la igualdad más están surgiendo fuerzas contrarias que reman en la dirección opuesta. Sospecho, esto es una intuición, que este hoy va a durar mucho tiempo porque estas fuerzas enfrentadas tienen un recorrido juntas bastante largo. Esta es una idea un poco negativa, pesimista, pero cuanto más veo que las mujeres trabajan por un mundo más igualitario y más reman en la misma dirección más estoy viendo desde las posiciones más conservadoras, más de ultraderecha, pero no solo desde ahí, más hombres remando en la dirección contraria. Cada vez que se señala con el dedo la actitud de los hombres, que creo que es lo que hay que hacer, en seguida saltan cada vez más hombres y de perfil más bajo, con el discurso de Not all men o el de «no, no, yo soy de los buenos». 

El aliado, iván repila

El aliado, de Iván Repila (Seix Barral, 2019)

En la novela hay una parte referida a las redes sociales, un movimiento que no se corresponde, o sí, a la vida real. 

Desde mi punto de vista es algo muy residual. Las redes sociales no son el mundo real. Tengo Twitter, que es el mundo más incendiario, donde estamos más gente, pero creo que no es una muestra representativa de la sociedad contemporánea. Me gusta seguir a gente de distinto sesgo para tenerles localizados y enterarme de lo que se está diciendo. En Twitter estamos los que nos creemos más listos, estamos más cabreados, o los que quieren la risa fácil o los que quieren provocar… en la vida real las personas no son así. Muchas veces comento en el ámbito familiar, laboral o con la cuadrilla temas que han sido candentes en redes y nadie sabe de qué estoy hablando. 

Pero el personaje sí usa las redes sociales como herramienta de agitación.

Al comienzo. Pero en un momento dado se da cuenta de que es insuficiente. Twitter puede calentar un poquito el ambiente. En momentos determinados, en cosas muy concretas, algo que sucede en Twitter puede tener repercusión en medios más grandes, pero es residual. El personaje empieza intentando hacer ruido en las redes y enseguida se da cuenta de que si quiere acelerar o cambiar cosas hay que salir a la calle. 

La escritura del texto fue previo al MeToo, al llamamiento a salir a las calles… tiene cierta ironía que, como hombre, pronosticaras lo que iba a pasar. 

Desde hace unos años, gracias a Aixa que me involucra en el feminismo y me pone frente a un espejo comprendo que he sido un mal compañero en la lucha por la igualdad y que he alentado actitudes micro o macromachistas. Empiezo a escuchar y a tener conversaciones serias con mujeres cercanas, en número importante, que me cuentan cosas que han vivido. Tras dos años o más descubro que en mi estadística de mujeres a las que aprecio, tal vez siete de cada diez, mínimo, han sido abusadas o agredidas sexualemente y nunca lo han denunciado. Esto me supone un gran impacto, me quedo desolado. Intuyo algo parecido a lo que luego ha sucedido, como cuando surgió el caso Wenstein. No me extrañó porque ya lo estaba viendo a mi alrededor, lo estaba viviendo, antes y durante el proceso de escritura. 

¿Cuándo se empezó a gestar el libro?

No hay un momento preciso. Mi relación personal, estas conversaciones… empiezo a darme cuenta de que el mundo no es como yo pensaba. Hay un mundo de terror a mi alrededor que les ha tocado siempre a las mismas, a las mujeres. En el plano social se suma que el movimiento feminista desde hace unos años hace cada vez más ruido, está en la agenda política. Comienzo a cuestionarme muchísimas cosas, a hacerme preguntas… y un día acabo volcándolo en forma de artefacto narrativo de ficción que es lo que yo hago. 

¿Los libros sobre el feminismo están de moda? ¿Son buenos libros? 

Sí, si entendemos estar de modo como ocupar espacio en las librerías y en los medios de comunicación culturales, sí. Sí creo que son las mujeres las que están haciendo las apuestas literarias más interesantes. Si sigues el boom de escritoras latinoamericanas que hemos tenido en los últimos dos tres años hay nombres como Samantha Schweblin, Mariana Enríquez, Maria Fernanda Ampuero, Mónica Ojeda… antes sólo oíamos nombres de hombres venezolanos o mexicanos y ahora se oyen nombres de mujeres y eso está bien, porque descubres que se está haciendo una literatura que no nos llegaba. Y creo que está pasando lo mismo con la generación de los ochenta o los noventa: son muchas mujeres con propuestas muy distintas y con libros muy interesantes.

Lo de si son buenos o no, eso hay que preguntárselo a los lectores y a los críticos culturales. 

¿Hay un miedo a escribir desde actitudes que no están bien aceptadas ahora mismo en la sociedad, incluso en el campo de la ficción? 

No, mi libro es bastante duro, sobre todo para los tíos. Porque lo que vengo a decir sobre hombres machistas es «chicos, no estamos haciendo bien el trabajo, todos somos machistas y más vale que nos pongamos las pilas». El protagonista es un súper machista, lleva el machismo teórico a niveles estratosféricos. Con buenísima intención, eso es lo más peligroso. 

¿Qué tienen que hacer los hombres en el campo del feminismo? 

Desde mi opinión, la gran mayoría de los hombres tenemos que hacer autocrítica, examen de conciencia, descubrir y reconocer honestamente cuáles han sido todas nuestras actitudes machistas, cuáles son ahora, corregir todo lo que podamos, asumir que no podemos ser intachables y que esto nos va a llevar toda la vida y hacer lo mismo con los hombres a nuestro alrededor. Desde luego no ser protagonistas del movimiento feminista. 

¿Y las mujeres reconocen siempre las actitudes machistas? Hay temas donde hay discusiones. 

Hay temas que son bastante complejos, tienen muchas piezas y no se resuelven de un plumazo, como  la prostitución o la gestación subrogada. El hecho de que sobre todo el primero lleve años como debate abierto demuestra hasta qué punto es complejo, tiene muchas caras e implica muchas cuestiones, no solo sobre el cuerpo de la mujer, sino también sobre la economía, la construcción social… son cosas que están debatiéndose. En tanto que mujeres, creo que percibís mucho antes que nosotros las actitudes machistas porque sufrís las consecuencias de la sociedad patriarcal y machista de forma directa. Pero también creo que hay tantos machismos que de algunos somos conscientes y de otros no lo somos. Las mujeres también incurren en comportamientos machistas y no son conscientes. 

¿A quién va dirigida la novela? Las mujeres que ejercen un feminismo más activo ya son conscientes de los temas que tratas. Los hombres que sí se están replanteado sus actitudes y se acercan con curiosidad ya han despertado a una nueva realidad. Y por último están los hombres que no se han dado cuenta, no se quieren dar cuenta y el libro no les interesa lo más mínimo o les interesa para ir en contra de lo que planteas. 

Sin embargo bastantes mujeres vinculadas de forma activa al feminismo me han comentado que les había gustado y les había parecido muy interesante. Hay hombres que creo que son irrecuperables y deben ser aislados, pero la mayoría están en ese punto intermedio de curiosidad y espero que el libro les escueza, que se sientan interpelados porque lo que les estoy diciendo es que todos los hombres somos machistas, de forma consciente o inconsciente. Y hay muchas mujeres en ese mismo grupo a quienes les puede interesar porque trato un machismo cotidiano desde el punto de vista de un varón y os puede resultar interesante ver cómo pensamos, cómo funcionamos por dentro, las contradicciones que tenemos. 

Está claro que para un sector del feminismo muy especializado, muchas de las cosas que se cuentan son «de primero de feminismo» y no les estoy diciendo nada nuevo. Pero tal vez el libro les parece recomendable porque ayuda a la construcción de un espejo donde podemos mirarnos todos. 

He tenido la sensación de que las primeras páginas pueden llegar a ser más un ensayo que una novela. En ocasiones pierdo de vista el hilo narrativo porque el objetivo de la novela es incluso demasiado evidente. Hay un repaso al costumbrismo machista que es tal vez excesivo. 

Para mí era importante poner la historia en contexto. A mí me parece que funciona con mucha acción y agilidad y mucho ritmo desde el principio construyendo una trama basada en las experiencias casi costumbristas de acercamiento en distintas fases del protagonista hasta llegar a un terreno casi de ciencia ficción. Me parecía natural e importante entrar con una mirada al mundo que nos rodea, acudir a la familia, a las relaciones sentimentales y sexuales, a las cuadrillas de amigos, a los movimientos, charlas y conferencias del movimiento feminista… todo ello para vestir un contexto que llevara al personaje a la determinación definitiva. Si lo hubiera hecho sin contextualizar de esta forma casi cotidiana no se habría explicado la intención del personaje de querer acelerar las cosas. 

La gente me está contando que se han sorprendido al sentirse identificados, reconocidos y por tanto interpelados con estas primeras páginas porque nunca habían tenido la opción de verlo con otros ojos.  Desde mi punto de vista, lo que cuento no está siendo tan obvio para gran parte de la sociedad. En especial a los hombres nos está costando muchísimo darnos cuenta de todo lo que hacemos o dejamos de hacer. 

Me gusta el personaje de la madre porque para mí presenta una generación «perdida», de micro o machismos tan interiorizados tanto por parte del hombre como de la mujer. 

Seguramente sea imposible que salgan de ahí. Supondría desmontar sesenta años de identidad. Entiendo que puedas recomponerte con treinta, cuarenta años, incluso con más, pero llegada una determinada edad, donde ya «está todo hecho», atreverte a dar el paso tiene que dar muchísimo vértigo, no me lo puedo ni imaginar. 

También es muy interesante ese concepto de ira interna, contenida, manifestada con una sonrisa. 

La he visto en mi vida, creo que soy capaz de reconocerla. Pienso en mujeres que nunca han tenido muchas más opciones, que nunca han podido elegir. Su universo era casarse, tener hijos y cuidar del hogar y de ellos. Así cientos de miles. Lo interesante es que el sistema patriarcal funciona tan bien que a esa generación no se le permitió imaginar que había algo más. Incluso a las mujeres independientes que en esos tiempos no se convirtieron en amas de casa, madres ni esposas, que las hubo, se las ha considerado como las valientes, las que saltaron en el vacío. La tristeza es menor porque no había otras opciones. Viéndolo hoy con perspectiva creo que nos podemos dar cuenta de que hemos sido muy injustos y hemos construido una ratonera para las mujeres. Ahora el movimiento feminista está intentado liberarse de esa trampa pero tenéis en contra a los hombres porque o bien no hacen nada o empujan a la contra para manteneros ahí. 

iván repila, biografía

Las otras novelas publicadas por Iván Repila hasta el momento:
Una comedia canalla (Libros del silencio, 2012)
El niño que robó el caballo de Atila (Libros del silencio, 2013. Reeditado por Seix Barral en 2017).
Prólogo para una guerra (Seix Barral, 2017)