¿Qué haces cuando un montón de gente te recomienda un libro? ¿Te dejas guiar por la corriente, dejas de lado tu instinto natural y te decides a leerlo? ¿Qué haces entonces cuando el libro no cumple tus expectativas en ninguna forma? Eso es, poco más o menos, lo que me ha sucedido con Del color de la leche, novela de Nell Leyshon, una dramaturga inglesa multipremiada y desconocida en castellano que nos fue descubierta por la editorial Sexto Piso y reconocida después por el gremio de libreros de Madrid, que le dieron el premio a la mejor novela en el año 2014.

Del color de la leche nos lleva a la Inglaterra rural de la primer mitad del siglo diecinueve para contarnos la historia de Mary, la menor de cuatro hermanas que viven junto a sus padres y su abuelo en una finca donde se encargan de ordeñar y cosechar de sol a sol, sin descanso, sin tiempo para nada más, siempre explotadas bajo la férrea disciplina que un padre exhausto y decepcionado con la vida les ha impuesto. La vida de Mary cambia por completo cuando el vicario del pueblo la “compra” —paga una retribución a su padre de la que, por supuesto, ella no ve ni una moneda— para cuidar de su mujer enferma y ayudar en las tareas de la casa. Se abre un mundo nuevo para Mary, donde se le descubre la lectura y la escritura y aprende unos modos que la alejarán de forma irremediable de su vida anterior sin llegar a pertenecer tampoco a la nueva.

Nell Leyshon es dramaturga y  eso se deja sentir en cada página. Empezando con el estilo narrativo escogido —una carta escrita por la propia Mary en la que refleja su historia, una epístola para nadie, sin destinatario, sin que entendamos bien el por qué de esa necesidad de poner por escrito de una persona que, cuando menos, se ha mostrado en extremo reservada en toda la novela—, un estilo más próximo al teatro, al diálogo de personajes que a la narración que cuenta al menos con la gran ventaja de la complicidad del lector, de la rápida identificación de los caracteres, de la sencillez de una lectura que se agrava por el esfuerzo de la escritura por ponerse en la mente de una chica de quince años semianalfabeta que escribe sin mayúsculas, con frases cortas, simples e incluso repetitivas, en algún momento demasiado llevando al lector al hastío más absoluto al ser capaz de repetir las frases antes de leerlas.

Tal vez el mayor problema que he sentido al abordar este libro no ha sido su falta de emoción, el dolor que desprenden sus palabras, el sufrimiento de una niña que se encierra en sí misma y en el trabajo para no tener que abordar todo lo que tiene en contra: haber nacido mujer, discapacitada por una malformación en la pierna, en un ambiente a todas luces hostil y donde su existencia no parece importarle a nadie excepto a su abuelo, el único que parece entenderla y con quien tiene una manifiesta complicidad. Para mí el problema ha sido la falta de novedad más absoluta, leer una historia mil veces contada —no paran de resonar ecos en mi memoria de Raíces, de Alex Haley, en especial de las primeras páginas, mucho más terribles a todas luces—, sino que además esta falta de originalidad se trata de mantener en pie gracias a un recurso estilístico, muy logrado por otra parte, pero en mi opinión insuficiente para mantener el interés a medio plazo en la obra.

Es posible que no lo haya leído en el momento más propicio o que se me hayan escapado matices importantes de esta obra que hay quien califica de prodigio. No lo sé. En todo caso, para mí Del color de la leche no ha llegado más allá de ser un entretenimiento amable, placentero pero poco sustancial. Muchos de sus aspectos me ponen en alerta: desde el final que trata de avanzar durante toda la novela y que considero innecesario para transmitir algo que ha quedado siempre claro, la obsesión por repetir ciertas expresiones que no me lleva necesariamente al terreno de la verosimilitud, e incluso el hecho mismo de que esté escribiendo una carta —¿Sería viable que en aquella época se le concediera, en sus circunstancias, el regalo del papel y pluma?—, son algunos de los puntos que generan en mí cierto resquemor ante la historia que nos están narrando.

En todo caso, y me parece justo decirlo, todas las reseñas que he encontrado son muy positivas. Cuestión de perspectiva, cabría pensar.

  • Título: Del color de la leche
  • Autor: Nell Leyshon (traducción de Mariano Peyrou)
  • Editorial: Sexto Piso (podéis encontrar algo más de información aquí)
  • 184 páginas. 16 Euros (Edicion en papel).
  • Puedes comprarlo aquí:

del color de la noche o

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