En una semana en la que tendría que haber terminado tres novelas, he optado en su lugar por morderle el diente a Cutter y Bone, una propuesta de novela criminal que llevaba casi un año a la espera en mi estantería. Por alguna razón, las novelas de Sajalín me ayudan a aislarme y a relajarme y esta historia, que fue recomendada por Jon Bilbao entre otros, no es una excepción.

Cutter y Bone es una historia de casi cuatrocientas páginas editada por primera vez en 1976 que nos muestra, de forma clara pero indirecta, los efectos que la guerra de Vietnam tuvo en buena parte de la sociedad americana y que materializa en un personaje atípico, ni antihéroe ni víctima: Alex Cutter un veterano de Vietnam tullido. Tuerto, manco y con una prótesis en la pierna, no son esos los rasgos que más llamarán nuestra atención, sino su carácter explosivo fruto del trauma de la guerra, que han hecho de él una persona amargada, corrosiva, que se refugia en las broncas y el humor ácido y negro como mecanismo de defensa ante lo que le sucedió y que paga con los que están a su alrededor cada uno de sus arranques.

Una de esas personas es Richard Bone, la antítesis de Cutter: un hombre en la treintena, atractivo. Un triunfador si se lo propone pero que abandonó todo, un buen puesto en Chicago, una mujer y dos hijas, para perderse entre las calles de la variopinta y salvaje California, donde sobrevive con trabajos de poca monta o recurriendo a la asistencia social, y a quien nos encontramos al comienzo de esta historia durmiendo en el sofá de Cutter.

Newton Thornburg (Harvey, Illinois, 1929- Bothell, Washington, 2011) nos lleva así de la mano por una historia que se mueve paralela a su propia vída. De su infancia en Chicago recupera el pasado de Bone, que le surge al paso con una pizca de remordimiento no aceptado; en Santa Bárbara, donde se sitúa la mayor parte de la novela, vivió varios años compaginando su trabajo de escritor con el de redactor publicitario hasta que pudo abandonar el segundo gracias al éxito de su segunda novela, KnockOver. También lleva a sus personajes antagónicos a las Orzak, un terreno donde la clase media no pinta nada y que queda relegada a las clases más pudientes; y termina en un territorio asociado a la américa más profunda, con vaqueros de sombrero de ala que escupen tabaco de mascar sin parar y grandes camionetas con rifles listos para ser disparados en la parte trasera.

Su conocimiento del terreno es lo que hace de esta especie de Road movie a ninguna parte un reflejo de lo que era Estados Unidos en 1976, una época en la que los grandes magnates se mezclaban en bares de mala muerte con jóvenes hippies dispuestos a llegar a cometer atentados con tal de evitar la contaminación del planeta por parte de las compañías petroleras; donde la liberación de la mujer consistía en someterse como puta a sueldo de un único hombre; donde muchos, como Cutter, sufren la amargura de saber que la guerra no sirvió para nada, que Estados Unidos es un país peor, más capitalista y que el sufrimiento de hombres como él ha sido olvidado, relegado a una pensión mísera y los centros de veteranos.

En medio de este clima, Bone cree saber quién es el asesino de una joven y Cutter trama un plan para extorsionar al presunto asesino, un rico hombre hecho a sí mismo, la última solución que ve para escapar de su vida actual. En el caso de Cutter el lector ve en su desesperación un acto por llamar la atención sobre sí mismo, la forma en que Thornburg llama la atención sobre todos y cada uno de esos hombres desbocados; en Bone hay un descenso a un infierno controlado, un acto criminal tras otro, cada uno más grave que el anterior, arrastrado por la necesidad y la falta de objetivos. Es un personaje con una moral más clara, pero que renuncia a ella por hastío con todo y con todos. Ambos, unidos en la acción criminal pero separados por su visión de la vida y su ética, nos llevan a un viaje que, en la superficie, es una novela criminal clásica, llena de acción, de malas palabras y de sexo, pero que a un nivel más profundo llega mucho más allá.

Cutter y Bone se adaptó en 1981 a una película protagonizada por Jeff Bridges y que, como sucede con la novela, que no había sido editada en nuestro país hasta ahora, no es demasiado conocida, lo que es una lástima, porque una historia que atraviesa nuestras conciencias con esa claridad y que nos introduce en un tiempo y un lugar que no son los nuestros con esa rapidez, no debería dejarse pasar. 
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  • Título: Cutter y Bone
  • Autor: Newton Thornburg (traducción de Inga Pellisa)
  • Editorial: Sajalín. Colección Al Margen (podéis leer más información sobre el libro aquí y leer las primeras páginas de la novela aquí).
  • 386 páginas. 22,50 Euros (formato papel)
  • Puedes conseguir el libro clicando en la imagen de la portada

¿Habéis leído Cutter y Bone o habéis visto la película? Recientemente, Sajalín ha editado una segunda novela del autor, Morir en California, a la que le tengo ganas. ¿Tenéis referencias de ella? Tenéis los comentarios a vuestra disposición.