Internet es, y será siempre, un arma de doble filo, un punto de encuentro para aquellos que desean intercambiar conocimiento, buscar gente afín a sus gustos, compartir ideas… pero también un espacio presto a la ocultación de la personalidad, a la falsedad, al robo de identidad, al hurto, a la copia de lo ajeno. Es la red el medio en el que desenvuelve esta novela opresiva, asfixiante pero fascinante de la que hablo hoy: Cicatriz.

Sara Mesa (Madrid, 1976) nos ofrece con Cicatriz su cuarta novela, tras los libros de relatos La sobriedad del galápago (2008)  y No es fácil ser verde (2009), además de las novelas El trepanador de cerebros (2010), Un incendio invisible (2011) y Cuatro por cuatro (2013), esta última Finalista del Premio Herralde de Novela en 2013. Su primer poemario, Este jilguero agenda (2007) fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández. Recientemente ha publicado una nueva novela, Mala letra (2016).

En Cicatriz nos encontramos una relación extraña, discordante, entre Sonia, una chica de veintitantos, culta, sobrecualificada para el trabajo que desempeña, y Knut, un hombre asocial. Ambos se conocen en un foro de literatura y contactan por medio del correo electrónico, hasta que la simple actividad de comentar obras llega más allá: él le pide una fotografía a ella y a cambio se ofrece a enviarle unos libros que le parecen interesantes. A partir de ahí se establece una relación que dura unos diez años, con altibajos, con interrupciones,que lleva a situaciones agobiantes e incluso repulsivas en el ámbito de lo psicológico.

Knut es un intelectualoide que emplea como armas discursos palabreros y la retórica para, supuestamente, ensalzar e incitar a Sonia a que desarrolle su talento como escritora, pero al mismo tiempo la oprime, la humilla y rechaza todos sus argumentos. Tiene además la peculiaridad de que todo lo que le envía –al principio sólo libros, pero luego añadirá ropa interior, perfumes y, sobre todo zapatos, todo ello de alta gama– es robado, algo para lo que encuentra una justificación razonable. Sonia, por su parte, simboliza la emoción, el deseo de contentar a través de la sumisión, la constante necesidad de alejarse de él pero no saber cómo, aspectos que la llevan, indefectiblemente, a contactar de nuevo con el individuo que la tortura, sí, que la asfixia. No estamos ante un caso de maltrato, al menos no entendido desde la perspectiva de género. Del comportamiento de Knut se intuye que sus reacciones serían similares si su opuesto fuera un hombre, si bien es cierto que achaca a la mujer una serie de “taras” o debilidades inherentes al género.

¿Dispuestas a qué?, contesta Sonia. ¿A reflexionar sobre qué? Él siempre está dándole vueltas a todo, ¿no se da cuenta de lo agotador que resulta? De lo mismo me acusa M, dice Knut, pero sois vosotras las que dais vueltas y más vueltas. Yo voy en línea recta: rectitud y dureza, tal como determina la simbología masculina. ¿Y cuál es la simbología femenina?, pregunta Sonia. El círculo, obviamente, donde vosotras estáis atrapadas.

Son estos contrastes entre la razón y el sentimiento, él y ella, los que crean unos roles de padre-hija, madre-hijo y mentor-alumna. La mayor debilidad de esta historia es que la intencionalidad de Sonia no se entiende con claridad, al quedar patente su sumisión, su falta de acción para terminar una relación de la que es consciente que no va a salir beneficiada. ¿Por qué no cambiar de cuenta de correo entonces? se preguntará el lector que no logrará descubrir las razones de su comportamiento.

La estructura de la novela ayuda a crear un clima desasosegante y opresivo. La narración no es lineal, da saltos el tiempo intercalando capítulos muy cortos, de una o dos páginas, que ayudan a romper la trama e incorporan elementos que reactivan la historia, que de lo contrario podría caer en lo monótono, al tratarse de una novela que casi no cuenta con acción y que transcurre en el ámbito interior. Tambien llama la atencion el uso de la cursiva cuando se habla a través de Knut y la falta de guiones para diálogo, aunque no suponen un problema para seguir el hilo.

Cicatriz trata una relación basada en el anonimato que ofrecen las redes, en el temor ante la suplantación de la personalidad de uno por su imagen virtual, en las falsedades que se ocultan tras una pantalla. Pero una vez los protagonistas se encuentran, se adentra en muchos otros temas, como el enfoque de la cultura y la ilustración como elementos fetichistas, inalcanzables, una abstracción imposible de lograr; también hay  referencias notables al erotismo, a la importancia de fantasear: Sonia fantasea con la forma en que él prepara y le envía los paquetes, se relame en la vanidad y en el halago; Knut fantasea con una imagen de Sonia irreal, creada a partir de sus propios intereses, razón por la cual le envía prendas que él considera que serán perfectas para culminar esa imagen, ajeno a si a ella le gustarán o no.

Está en el lado incorrecto de la historia, piensa confusamente. Siempre en el lado incorrecto, se repite. No sabe bien qué quiere decir eso, pero la idea la acompaña unos minutos, hasta que el taxi se detiene a la entrada del local y alguien abre la puerta para que baje.

Cicatriz es una novela epistolar oscura, densa y muy recomendable que os adentrará en la confusión de las emociones y las relaciones, en los aspectos que hacen de éstas algo tangible y real y en los factores que la desvirtúan hasta límites macabros. Si queréis leer algo más sobre ella, podéis echarle un vistazo a esta entrevista a la autora en El cultural

  • Título: Cicatriz
  • Autor: Sara Mesa
  • Editorial: Anagrama (podéis encontrar algo más de información aquí y leer un fragmento del libro aquí)
  • 200 páginas. 16,90 Euros (Edicion en papel)
  • Aquí encontrarás algunas citas que he escogido de este libro. 

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Cicatriz, sara mesa, anagrama, relatos en construcción¿Has tenido la oportunidad de leer Cicatriz? ¿Y alguna otra novela de esta escritora que puedas recomendarme? Tienes los comentarios abiertos para cualquier tema que te interese.