Vaya por delante que no soy una fanática de la música. Me gusta, pero no colecciono discos —no llamo coleccionar a archivar canciones sueltas en una carpeta en la nube—, apenas he ido a conciertos y soy capaz de tararear cientos de canciones de las que no sé ni autor ni título. En resumen, mi formación musical es casi nula, autodidacta y poco especializada. En el otro plato de la balanza pongo que Iban Zaldua (San Sebastián, Guipúzcoa, 1966) es un escritor vasco con cuyos relatos siempre he disfrutado, así como con sus novelas y ensayos. Escribiendo tanto en euskera como en castellano, entre sus obras destacan libros de relatos como Gezurrak, gezurrak, gezurrak (2000), La isla de los antropólogos y otros relatos (2002, puedes leer mi reseña aquí), Etorkizuna (2005; galardonado con el Premio Euskadi de Literatura 2006) o Inon ez, inoiz ez (2014). También ha publicado las novelas Si Sabino viviría (2005) y Euskaldun guztion aberria (2008), así como diversos ensayos entre los que sobresale Ese idioma raro y poderoso. Once decisiones cruciales que un escritor vasco está obligado a tomar (2012; Premio Euskadi de Ensayo en 2013), una obra de la que disfruté especialmente y de la que hablé aquí con motivo del movimiento #LeoAutoresEspañoles. Al final, poniendo ambos elementos en valor, acabé haciéndome con mi ejemplar del último libro de relatos publicado del autor, Biodiscografías.

Biodiscografías es en realidad una traducción del euskera de Biodiskografiak, publicado por la editorial vasca Erein en el año 2011. Son una colección de cuarenta y dos relatos —cuarenta y tres si consideramos el texto de la contraportada, todos de extensión muy reducida —el más largo será de unas seis o siete páginas— que tienen, como punto de unión, que cada uno de ellos hace referencia a un álbum de música, la mayoría perteneciente a las décadas de los setenta y los ochenta.

La colección desprende, como no puede ser de otra forma, pasión por la música en todos sus formatos: de la vieja cinta de casete con las canciones escritas a lápiz en la carátula, por si luego había que regrabarla, hasta el más moderno reproductor de música en forma de Ipod; desde la experiencia personal de escuchar en bucle un vinilo en la soledad de tu habitación hasta la manifestación de histeria colectiva en un concierto mítico. Zaldua desgrana, en cada una de estas microhistorias, sus gustos personales y relata las particularidades de las canciones, los grupos, los detalles de las portadas, la historia en la que se enmarcan… Son relatos que podrían decirse de autoficción, con un poso autobiográfico que se desdibuja sin que el lector sepa —tal vez tampoco el autor, pues la memoria a veces es engañosa– dónde acaba la realidad y dónde empieza la historia inventada.

Los relatos apenas tienen tienen relación entre sí salvo, tal vez, un par de ellos conectados por elementos metaliterarios, que salen del libro y se vuelven a fundir en él. Biodiscografías tiene, en general, un tono apagado, gris oscuro casi negro: historias de amores truncados, de desamores, divorcios, malas relaciones y custodias compartidas, de accidentes, olvidos y descuidos, de una sociedad donde ETA estaba siempre presente, aunque no se nombrara. Son historias que destacan por sus finales truncados, por las vueltas de tuerca constantes y, en algunas ocasiones, algo forzadas. Es, en resumen, la descripción socio cultural de una época y un lugar muy concretos, donde las referencias son abundantes y destacan los bares y tiendas de discos.

Es tal el esfuerzo que pone en que las referencias musicales tengan sentido dentro de los relatos que, en muchas ocasiones, la unión de ambos no termina de funcionar: a medio camino entre ejercicio de melómano y cuentista, el equilibrio no se alcanza, pero tampoco funciona com una u otra cosa: los discos en ocasiones están metidos con calzador en la historia o bien la historia no termina de acoplarse al disco y ambos elementos resbalan el uno sobre el otro en el texto sin llegar a fundirse. Es una sensación extraña, de que algo no cuadra, tal vez incrementada por el hecho de que son más de una treintena de relatos seguidos con el mismo patrón. Puede que, a modo de píldoras, aislados los unos de los otros, funcionaran mejor, pero presentados como un recopilatorio se emborronan, se eclipsan y pierden su esplendor individual.

No deja por ello Zaldua de ser fiel a su estilo narrativo directo, sencillo, carente de florituras, que se expresa en esta ocasión de variadas formas, desde una entrevista a una carta, con o sin diálogos… Además, Biodiscografías cuenta con una selección de ilustraciones de Alatiz Alberdi que reinterpreta algunas de las portadas de los discos más míticos mencionados en el libro.

Si sois aficionados a la música es probable que lo disfrutéis más –u os indignéis con la selección tan personal de Zaldua, que destaca obras que tal vez consideréis insignificantes frente a otras que os sean imprescindibles—. Por sus páginas pasan, entre otros, The Beatles, Nick Drake, Genesis, The Jam, Big Country, The Stone Roses, Elvis Costello, Radiohead, Los Planetas, Paul Weller… 

Biodiscografías es, sin duda, un libro para escuchar. Y como las tecnologías tienen, a veces, la función de facilitarnos las cosas, aquí os dejo para terminar la lista de las canciones incluidas en el libro, gracias al trabajo de Iker Armentia:

  • Título: Biodiscografías
  • Autor: Iban Zaldua (escrito originalmente en euskera).
  • Editorial: Páginas de espuma (podéis encontrar más información en el siguiente enlace)
  • 224 páginas. 17,00 Euros.

¿Has leído este libro? ¿Qué te ha parecido? ¿Y algún otro de temática musical? Tienes los comentarios abiertos para lo que quieras decir.

Si quieres leer este libro, puedes conseguirlo aquí:

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