La balada del café triste es la última propuesta del taller de lectura, la séptima, y esta vez ya hemos recuperado el nivel de asistencia habitual después de las vacaciones que algunos habrán disfrutado con placer.

Vamos a pararnos un momento para mirar, desde fuera, el libro. Aprovechando el centenario del nacimiento de Carson McCullers (Columbus, Georgia; 19 de febrero de 1917 – Nyack, Nueva York; 29 de septiembre de 1967), Seix Barral le da un lavado de cara a sus obras con las ilustraciones de Sara Morante y prólogos de autores actuales —mi edición, de bolsillo, carece de ese prólogo—. Pero se han olvidado, tal vez, de un pequeño detalle: la traducción es de 1958, a cargo de María Campuzano. Cincuenta y nueve años han pasado y han optado por no revisarla al menos, o esa es la impresión que da tras su lectura. El lenguaje suena metálico, anquilosado, y bien le habría sentado una revisión.

Por otro lado, el título no es del todo correcto. Se trata este libro como si fuera una novela, cuando en realidad es una antología de relatos: La balada del café triste, extenso, de unas noventa páginas, es más una novela corta o un relato extenso tanto en forma como en contenido; pero, además, acompaña a este texto otros seis relatos muy breves, magníficos al punto que me han gustado bastante más que el texto que se pretende ensalzar.

Carson McCullers se enmarca dentro del renacimiento literario de los escritores sureños, generación en la que se incluirían autores como William Faulkner, Catherine Ann Porter, Tenessee Williams, Harper Lee o Truman Capote. Autores muy distintos entre ellos, pero con una fuerte carga política en sus obras, ya tratara del racismo, de la religión o, como en el caso que nos trae aquí, del género, aunque McCullers recibió críticas de sus contemporáneos por no implicarse lo suficiente en un momento en que, perdida la guerra la secesión, la mayoría de las novelas se centraban en un pasado glorioso y en el dolor de la pérdida de identidad.

En La balada del café triste nos encontramos además con otra característica habitual de esta generación: personajes marginales, violentos, extraños, borrachos, homosexuales… personajes que incitan la repulsa y la atracción al mismo tiempo, porque en la naturaleza humana hay una parte de mórbido deseo por lo que no entendemos y nos provoca al mismo tiempo miedo y anhelo.

Es la novela un despliegue de personajes que están tan retorcidos que podríamos hablar de arquetipos, de guiñoles de ficción en un escenario extraño: un pequeño pueblo sureño que estaría casi muerto —o muerto del todo, ya que está planteado como un flashback— de no ser por la presencia del café regentado por la señorita Amelia, un personaje cuando menos peculiar: solterona heredera de los negocios y tierras de su padre, gobierna el pueblo a su antojo, con mano de hierro. Su físico es además más propio de un hombre, lo que podríamos tratar como una “mujerona”: vestimenta masculina, bien musculosa y alta. Es uno de los primeros personajes que podríamos definir como transgénero que, según el momento narrativo, adapta su aspecto y sus acciones a un rol más masculino o femenino.

Por otro lado, destaca también la narración: McCullers se inclina por un narrador en tercera persona, que todo lo ve pero no llega a intuir el devaneo mental de los personajes, solo sus acciones. Además, en una semblanza con la fábula o el cuento infantil, se dirige al espectador para avisarle de tal o cual momento crítico, para recordarle que no se olvide de algo que será crítico en un momento narrativo posterior. Y, para finalizar, un pequeño cierre a modo de moraleja final, también propio de la fábula. Es, en cierta forma, la voz de un pueblo que asiste a una  tragedia pero no quiere ser partícipe de ella, solo disfrutar con el espectáculo que se le ofrece.

El espectáculo es un triángulo que resulta extraño tratar de amoroso, aunque tal vez lo sea: Amelia se casa con Marvin Macy, el típico galán que se costea la vida a cargo de los demás y engatusa a mujeres para conseguir de ellas lo que quiere y luego airearlo. El matrimonio apenas dura diez días, una vez que Amelia expulsa en la noche de bodas a su marido del dormitorio y éste acaba por irse, humillado y herido. Tiempo después, aparece un jorobado en el pueblo que afirma ser primo de la mujer y, ante la sorpresa de todos, que la tienen por una dama implacable, difícil de engañar y poco emocional, lo acoge en su casa y lo colma de atenciones, al punto de abrir el café solo por su existencia. ¿Está enamorada de él? ¿Se trata más de una necesidad de afecto maternal? En todo caso, el narrador ya nos avisa desde el principio que nada terminará bien para Amelia.

Por otro lado, y como comentaba al principio, el libro se completa con seis relatos muy breves que son un ejemplo de maestría narrativa. Con apenas unas pinceladas y un lenguaje sin artefactos ni sutilezas técnicas, Carson McCullers nos sumerge en la naturaleza humana, siempre desde la perspectiva de la soledad y la tristeza, y nos presenta a borrachos, mentirosos compulsivos, jóvenes que ya no encuentran sentido a su vocación —Wunderkind es un texto que guarda gran semejanza con su vida, cuando ella también abandonó sus estudios musicales a los quince años—, hombres que triunfan en su profesión pero no pueden dejar de mirar atrás y lamentarse por las elecciones que no tomaron… Creo que es aquí, en estas historias, donde destaca más la prosa suave, de detalle, de McCullers y es, sin duda, la parte de La balada del café triste que más he disfrutado.

Para terminar, me gustaría incluir este poema que Bukowski dedicó a Carson McCullers, porque La balada del café triste y el resto de relatos encajan bien con la descripción que hace de ella:

Murió alcohólica
envuelta en una manta
sobre una silla plegable
en un transatlántico.
Y todos esos libros suyos
de aterradora soledad
esos libros
sobre la crueldad
del amor sin amor
es todo lo que de ella queda
uno que pasaba
descubrió su cuerpo
y avisó al capitán
y su cadáver fue trasladado
a otra zona del barco
mientras todo lo demás seguía
exactamente como ella lo había descrito.

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  • Título: La balada del café triste.
  • Autor: Carson McCullers (traducción de Maria Campuzano).
  • EditorialSeix Barral (podéis leer más información sobre el libro aquí y leer un fragmento de la obra aquí).
  • 168 páginas. 16,00 Euros (formato papel); 7,00 Euros (formato bolsillo)
  • Puedes conseguir el libro clicando en la imagen de la portada

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