Agosto, Octubre. Una vez más nos enfrentamos los asistentes al taller de lectura —pocos esta vez, pesan las fechas vacacionales y algunos han debido dejar la lectura para entornos más propicios—a la ya sexta novela propuesta. Hemos pasado el ecuador del curso y se empieza a perfilar con tristeza el fin de las oportunidades de descubrir obras maravillosas.

La trama de base de Agosto, Octubre no va a pillar a nadie desprevenido: pocas veces asistimos con tanta claridad a una historia que se enmarca dentro de las novelas de aprendizaje o de formación. El joven niño se enfrenta, a través de un suceso a veces relevante a ojos de cualquiera y oras solo a los suyos, a un brusco paso de la infancia a la adolescencia, de la ignorancia y la inocencia a un estado de consciencia, tal vez no plena pero incipiente, en donde despierta a los sentimientos adultos.

Tal vez la diferencia que señala a Agosto, Octubre como una gran novela es, precisamente, que no pueda ser tachada como tal. En realidad, estamos ante dos relatos extensos —el primero mucho más que el segundo—, mediante los cuales el autor, con una precisión sorprendente y una narrativa centrada en lo que importa, sin artificios, nos ofrece estos dos saltos: niñez a adolescencia, adolescencia a madurez.

En la primera parte Tomás, un joven, va con su familia —sus padres y su hermana pequeña— a pasar unos días de veraneo en un pueblo en el mes de Agosto; en la segunda, Tomás vuelve en Octubre, esta vez solo, a enfrentar la culpa que le reconcome a raíz de lo que sucedió allí dos meses antes. De nuevo nos vemos ante una historia que se desenvuelve en dos términos: la culpa y la expiación de la misma.

Andrés Barba (Madrid, 1975), pertenece a una generación de escritores que conocieron el éxito literario muy jóvenes y vieron una temprana repercusión de sus obras en la sociedad, generación en la que también podríamos incluir a Alberto Olmos o Elvira Linda. Su primera novela, La hermana de Katia (finalista del Premio Herralde) se publicó en 2001, cuando contaba con veintiseises años y después llegaron Ahora tocad música de baileVersiones de Teresa (Premio Torrente Ballester), Las manos pequeñas y Agosto, octubre y las nouvelles de La recta intención. Es también autor de El libro de las caídasen colaboración con el pintor Pablo Angulo.

Tomás despierta, en apenas dos actos, a un mundo despiadado, lleno de crueldad. La novela es una llamada al propio despertar del lector, al recuerdo de esos momentos que le hicieron darse cuenta de que el tiempo de ser niño había ya pasado. Así, por un lado tenemos al niño que se enfrenta a una muerte cercana por primera vez, la de su tía, a quien quiere pero que al mismo tiempo es un impedimento, visto desde una perspectiva infantil, para poder disfrutar de unas vacaciones que cree merecidas.

Es también ese momento en que  el niño se rebela ante sus padres, en el que descubre que no son ya dioses omnipotentes que velan por su bienestar, sino que tienen taras, defectos que hasta entonces le estaban ocultos, que toman decisiones ante las que el joven, que cree saberlo todo con sus ojos recién abiertos a la vida, se rebela, se opone por el simple placer de poder hacerlo, de poder llevar la contraria.

Junto a la muerte, el sexo. La toma de consciencia de su propio cuerpo, de sus reacciones, de su presencia física como elemento que llama la atención sobre los demás, que debe ser cuidada de una cierta manera, decorada si se quiere, para poder encajar mejor en lo que la sociedad espera. Andrés Barba juega con esta sexualidad incipiente y la contrasta con la de la pandilla con la que Tomás se cruza en su veraneo: jóvenes de una escala social menor, más pobres pero más seguros de sí mismos, que han madurado antes al no haber conocido la protección de una familia de buena posición deseosa de envolver a sus vástagos en algodón. Jóvenes que ven el sexo como un acto social, basto, carente de emoción, un pasatiempo que, con o sin el consentimiento de la parte contraria, es un símbolo de poder, de estatus.

Agosto, Octubre nos lleva así, en una marea de contrastes sociales, de madurez, de aprendizaje, hacia un acto final que ya se intuye duro desde un principio pero que se revela aún más mórbido de lo que cabría esperar, más terrible aun si cabe para un niño que apenas sabe nada del mundo real y sus honores.

Y, en un segundo acto que pretende redimir al niño y liberar de su culpa la mente del adulto que narra, que recuerda de una forma un poco ajena a si mismo, a quien se ha convertido, nos enfrentamos a sus acciones con más dureza, con menor capacidad de perdonar, porque el niño ya no es niño, es joven, casi adulto, y debiera haber aprendido algo de su experiencia. Cuando lo cierto es que no, que aún está iniciando esa etapa de auto análisis, de comprensión.

Agosto, Octubre es una novela estupenda, precisa, bien armada, de lectura directa y que, sin embargo, encierra la capacidad de ponernos, no ya en la situación del protagonista, sino en la nuestra propia cuando teníamos su edad.

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  • Título: Agosto, Octubre
  • Autor: Anagrama
  • Editorial: Anagrama. Colección Narrativas Hispánicas (podéis leer más información sobre el libro aquí)
  • 152 páginas. 7,90 Euros (formato papel en tapa blanda)
  • Puedes conseguir el libro clicando en la imagen de la portada

¿Habéis leído esta novela? ¿Qué otras novelas sobre el paso de la infancia a la madurez conocéis y os gustan? ¿Creéis que es un tema muy trillado, o todavía se pueden crear buenas obras en torno a él? Tenéis los comentarios a vuestra disposición.