—Alfil Rey a c5. Jugador, indique su próximo movimiento.

—Esto… Vale, sí, lo tengo. No, espera. ¿Ese movimiento es legal?. A ver… manual, página 67: “Cómo se mueve el alfil”. Vaya, pues sí, es legal. ¡Quién lo iba a decir!

—Jugador, indique su próximo movimiento.

—Vale, vale, ya voy, dame un momento. ¿El caballo se movía como una “L”, no? ¿o ése era el peón? No, el peón se mueve hacia delante o en diagonal. Sí, seguro. Mejor lo miro. Manual, página 73: “Cómo se mueve el caballo”. ¿Ves? Lo que yo decía, en “L”. Entonces, si pongo el caballo ahí…

—Jugador, indique su próximo movimiento.

—¡Que ya voy! ¡Mira que eres pesadito! ¡Ni que tuvieras que ir a ningún sitio! Pues eso, caballo reina a g3. Si esto es facilísimo, no sé ni para qué practico.

—Procesando… Torre Rey a e8. Jaque mate. ¿Desea comenzar otra partida?

—¿Cómo? ¿Jaque mate? ¡Pero si llevamos cinco jugadas! Además, eso no se puede hacer con la torre, la torre mueve una sola casilla cada vez, y no siete de golpe, a ver qué te habías pensado. Pero claro, por veinte euros, no podía esperar que estuvieses bien programado, ¿no? ¡Los libros! ¡De esos sí que te puedes fiar! Como éste, ¿ves? “Aprenda a ser un campeón de ajedrez en quince cómodas lecciones”. Y si vamos a la página 33: “Como se mueve la torre”, podrás ver que la torre… Vaya, pues no, la torre puede moverse más de una casilla. Entonces, ¿quién demonios movía sólo una casilla?

— Jugador, ¿desea comenzar otra partida?

—¿Sabes qué? Teniendo en cuenta que es nuestra primera partida juntos, podrías haberme dejado ganar. No sé, para infundirme ánimos o algo. Que se supone que eres un juego, y los juegos son para divertirse, ¿no? Y, aunque no te lo creas, no me estoy divirtiendo nada de nada.

—Jugador, ¿desea comenzar otra partida?

—¿Te han limitado el vocabulario, verdad? Podrías ampliarlo, con frases como: ¿Qué tal te ha ido hoy el día? O ¿Te has acordado de comprar el pan? A lo mejor así me caerías mejor y se me pasarían las ganas de estrellarte contra la pared. Esa actitud tuya no hace que me convierta en un fan de la tecnología, ¿lo sabías?

—Jugador, ¿desea comenzar otra partida?

—¡No! ¡No quiero! ¿Dónde he dejado el teléfono?… ¿Susana? Hola Susana, ¿qué tal estás? Oye, siento avisarte tan tarde, pero no voy a poder ir al campeonato de ajedrez. Sí, ya sé que te hacía mucha ilusión ver lo bien que juego. He cogido un virus, ¿sabes? Uno de ésos que te dejan el estómago hecho polvo. La verdad es que hoy ni he ido a trabajar. ¿El dinero de la inscripción? No mujer, no te preocupes, ¡qué son mil euros para mí! Si cada vez que me inscribo en un torneo gano veinte veces más. Si lo prefieres, llama a Jorge, y vais juntos. ¡Claro que no me importa! Tranquila mujer, un día de éstos quedamos y te doy unas clases. Llámame y me cuentas qué tal os ha ido, ¿vale?. Venga, un beso. (…) ¿Señor Gómez? Buenas tardes, soy Javier. Sí, me encuentro mejor, muchas gracias. Le agradezco que me dejara irme a casa, no me sentía nada bien. Quería comentarle que… bueno, me ha surgido un imprevisto y… Sí, necesitaría que me adelantase el sueldo. Sí, otra vez. Se lo agradezco eternamente. Mañana estaré ahí dándolo todo desde primerísima hora. Muchísimas gracias Señor Gómez. No sé cómo agradecérselo. Hasta mañana.

—Jugador, ¿desea comenzar otra partida?

—¡Cállate!

Fotografía: Snugg LePup (flickr con licencia Creative Commons BY-2.0)