1.- Los parques de atracciones americanos.

¿Qué significa que no puedo subir? ¡Llevo dos horas haciendo cola! Lo siento, señor. El acceso a esta atracción solo está permitido a personas cuya altura supere el metro cincuenta. ¿Y eso dónde narices lo pone, eh? Si mira a su derecha verá una flecha indicando la altura mínima para acceder. ¿Y eso no lo podían haber puesto al principio de la cola? ¡Dos horas! ¡Dos putas horas esperando para nada! Lo siento mucho, señor. Tomo nota de su queja y la trasladaré al responsable para ver si se puede hacer algo al respecto. Entiéndalo, es por razones de seguridad. ¿Por seguridad? ¿Y ese? ¡Pero si es un bebé! Sí, señor, lo es. Pero las normas de acceso a la montaña rusa no especifican nada sobre la edad de los pasajeros, solo sobre su altura y su peso. ¡Un bebé! ¡Me da igual que mida más de metro y medio! ¡Lleva pañales, por el amor de Dios! ¡Y un chupete! ¿Un chupete? Espere un momento señor. Disculpe, señora, ¿es este su hijo? Sí, ¿a que está guapo? Y de un crecidito… Viene alto, como su padre. Sí, señora, está muy guapo, pero le ruego que le quite el chupete durante el viaje. No se permite llevar objetos que puedan caer y resultar peligrosos para el resto de usuarios del parque. ¡Ah! ¡Claro, claro! Cariño, ven aquí que te guarde el chupete.

2.- Alijos ocultos. 

Año tras año, John era el encargado de comprar los regalos para sus hijos. No sólo en navidades, sino también en cada cumpleaños y en cada celebración especial, como cuando a Mike se le cayó su primer diente y recibió a cambio un coche de carreras de juguete o cuando Elena superó el último curso del conservatorio de música y le compraron una fina pulsera de plata de Tiffany decorada con unos diamantes enanos formando el símbolo del infinito alrededor del aro de base. El problema con sus hijos no era escoger los regalos. Eso lo tenía dominado. No, el problema era mantenerlos a salvo hasta que fuera el momento de entregárselos. Eran unos expertos buscadores de tesoros. No necesitaban poner patas arriba las habitaciones. Parecía que tuvieran un sexto sentido que les dirigía hacia el lugar exacto donde se encontraba el paquete. Por suerte, John tenía algo de su parte: una altura de dos metros diez unida a la escalera telescópica que desplegada llegaba a los dos metros y que solía utilizar para colgar los adornos que ocultaban la fachada de su casa en Navidades o para podar las ramas más altas de los árboles del jardín. Pero en ocasiones también se servia de estos elementos para dejar paquetes en el nido de gorriones bajo el alféizar de la ventana de la buhardilla, entre las ramas de ese roble que llevaba más años sobre la tierra que él, su padre y su abuelo juntos, o encima del tejado del garaje, tapados con un plástico para que no se estropeasen. Así era como John conseguía conservar la ilusión en su familia.

3.- Llegar antes a los sitios.

No me lo puedo creer, señoras y señores. Contra todo pronóstico, Vivier Jones ha superado en tres centésimas de segundo al vigente tetracampeón de los cuatrocientos metros lisos, Abdoul Samil. Este joven de diecinueve años salido de la universidad estatal de Ohio ha conseguido lo impensable: batir la insuperable técnica del francés y hacerse con la medalla de oro en el primer mundial en que participa. Señoras y señores, estoy seguro de que las casas de apuestas estarán echando chispas en estos momentos. Nadie podría haber previsto una final tan emocionante. Está claro que los diez centímetros más de altura de Jones han sido decisivos en la resolución de la carrera. Es la zancada más larga que he visto en todos mis años de profesional del atletismo. Señoras y señores, esto es el deporte.

4.- Fácil de localizar. 

Y ahora elegiremos a un voluntario para que se acerque al escenario y pueda compartir la que será la última actuación de este inmortal grupo de rock. A ver…. sí, la chica alta de la esquina, la que está junto al buffer. Sí, tú, ¿podrías acercarte al escenario? Démosle todos un enorme aplauso. Espero que tengas la cámara preparada, porque esta es una oportunidad única en la vida.

5.- Sueldos proporcionales a la altura.

Creo que deberíamos subirle el sueldo a alguien. ¿Estás loco? Pero si nos va de pena… Ya, por eso precisamente. Se hace necesario inyectar una dosis de energía positiva en los empleados. Y, por qué no decirlo, hay que mentirles un poco y que piensen que las cosas están mejor de lo que están, para que pongan más energías en el trabajo y no las desperdicien buscando otras oportunidades en los portales de empleo en internet. ¿Y si simplemente les cortamos el acceso a internet? No seas estúpido, tendrían más razones para ponerse nerviosos. Además, cuando un empleado quiere hacer el vago, no hay forma de impedírselo. No. Lo que tenemos que hacer es subirle el sueldo a alguien. Pero tiene que ser algún trabajador raso, claro, no puede ser nadie con rango directivo, porque entonces pensarían que, encima de que la empresa se va a la quiebra, estamos intentando robar el poco dinero que queda asegurándonos una prestación más alta. Claro, claro. ¿Y quién se te ocurre que puede ser el elegido? ¿El hombre éste que se encarga de los correos y de la paquetería? No, idiota. No puede ser tampoco alguien con tan poca responsabilidad, daría demasiado el cante y la gente se olería que algo sucede. Tiene que ser alguien con un puesto de cierta importancia, mejor si además lleva muchos años trabajando en la empresa, que parezca que le estamos recompensando por su enorme dedicación. Pues entonces sólo se me ocurren dos personas: Lucía, de contabilidad y Jaime, de expediciones. Los dos llevan más de diez años en la empresa, han sido promocionados un par de veces, trabajaron mano a mano con nuestro padre… no se me ocurren candidatos mejores. ¡Vaya, pues me parecen muy buenas opciones! ¿Y con cuál nos quedamos entonces? ¿Sabes lo que te digo? Que yo apostaría por Lucía. Mírala, es alta, espigada, tiene una buena presencia a pesar de la edad… mientras que Jaime es un botijo. Tienes toda la razón, Lucía quedará muchísimo mejor en las fotografías del boletín interno de la empresa. Pues nada, ya está decidido. ¿Irene? Puedes pedirle a Lucía que se pase aquí cuando tenga un momento disponible?

6.- Efecto intimidatorio.

¿Exactamente qué es lo que necesita, señor? Bueno… esto… estaba buscando unos zapatos negros, que pueda llevar con un traje, pero también con unos vaqueros. Ya sabe, que valgan lo mismo para un roto que para un descosido. ¿Su número? Un cuarenta y tres. ¿Y había pensado en algún modelo en especial? ¿Un modelo clásico como los Oxford, o damos un paso más arriesgado y nos decantamos por unos Saddle? Unos Derby también podrían ser una buena opción, salvo que no le gusten los zapatos de cordones. En ese caso, le recomiendo que se decante por unos con hebillas, de estilo Monk Straps. Ahora mismo son lo más de lo más y podrá verlos en cualquier pasarela de moda masculina. ¿Había pensado en algún color? Tenemos los clásicos negros y marrones oscuros, pero también están irrumpiendo con fuerza los verdes oscuros, los azules marinos o incluso los marrones claros y los de color crema para hombres con un estilo muy vanguardista, perfectos para caballeros muy seguros de sí mismos. Y, además del cuero, también trabajamos otros acabados, si le interesa. No, mire, verá. El problema no es el estilo, me da un poco igual con tal de que sean negros. La cuestión es… la cuestión es que el sábado le pediré la mano de mi novia a su padre, ¿sabe usted? ¡Vaya! ¿Se va a casar? ¡Mi más sentida enhorabuena! Eso de que me voy a casar está por verse. No… Bueno, lo que quiero decir es que mi suegro es un armario, ¿sabe usted? Casi dos metros de altura y unos hombros tan anchos que no pasa por las puertas si no se pone de lado. Y claro, yo soy bajito. ¡Señor! Si tiene usted una altura de lo más respetable. Si, respetable si me pone junto a un hombre de estatura media. Pero no junto a mi futuro suegro. Y la cuestión, lo que yo necesito, es un zapato que me haga parecer un poco más alto, que me dé cierta envergadura para que no me achante tanto a la hora de pedirle la mano, ¿entiende usted? Por supuesto, señor. Le he entendido perfectamente. Mire, si pasa usted a este reservado, tenemos una sección de calzado con calzas internas que van a cumplir sin duda sus expectativas.

7.- Abrazos femeninos.

¿Esa es Ana? ¡No me lo puedo creer! Si la última vez que la vi era una niña y ahora… ahora está cañón, todo hay que decirlo. ¡Menudas curvas! Ese par de melones no los tiene su madre. Ahora tendrá unos veinte años, creo. Mayor de edad. Perfecto, nada de lo que piense será ilegal. Bueno, casi nada. Aunque mucho, lo que se dice mucho, no ha crecido. En eso sí que se parece a su madre. Ni al metro sesenta llega. Cuando me vea y nos abracemos su cara va a estar justo a la altura de mi… ¡Ana! ¡Ana! ¿Te acuerdas de mi? Soy Antón, tu primo por parte de madre. ¡Cómo has crecido, muchacha! ¡Anda, ven aquí que te dé un abrazo!

 Fotografía: Amit Patel (flickr con licencia Creative Commons BY-2.0)
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