Las instrucciones lo describían como un dispositivo de calentamiento dieléctrico, que potenciaba la rotación de las cargas eléctricas parciales de los átomos, logrando así la dispersión de la energía. No disponía de conocimientos de física aplicada suficientes para comprender su mecanismo de funcionamiento, pero sí intuyó las consecuencias que su puesta en marcha acarrearía. Como era habitual en su especie, en apenas unos segundos imaginó un enorme abanico de aplicaciones bélicas y visualizó un fin del universo en el que un haz de ondas fundiría a cualquier enemigo en parsecs a la redonda.

Tenía ante si una pequeña caja con recubrimiento plástico e interior de una aleación metálica para él desconocida, con una rejilla de ventilación en su parte superior. En el frontal, una puerta acristalada a través de la cual se podía visualizar el interior. En la parte trasera, diversos iconos advertían de los peligros de un uso incorrecto. Y junto a la portezuela, botones numerados, códigos indescifrables, ruedas giratorias y una pantalla que reflejaba las opciones seleccionadas. Por último, el botón de ejecución, el catalizador final del proceso, delataba su existencia con su color rojo.

En sus manos sujetaba el libreto con las instrucciones de funcionamiento. Pasaba las hojas con rapidez y sus ojos saltaban de un apartado a otro sin llegar a detenerse en ninguno ni encontrar la opción acorde a sus deseos. Sentía un nerviosismo creciente que afloraba desde lo más profundo de su organismo y se manifestaba en el evidente temblor de su cuerpo. No se atrevía a pulsar ningún botón en concreto. Giró la cabeza a izquierda y a derecha, con la secreta esperanza de ver aparecer a su compañera, más experimentada en el uso de equipamiento básico de alta tecnología.

Finalmente ésta llegó con paso sereno desde el extremo del pasillo. Parecía muy enfrascada en la lectura de un pliego de papel encerado. Al llegar junto a él, y ver su cara plagada de dudas, paró en seco y dejó el documento sobre una repisa.

— ¿Qué haces?

—Calentar agua para preparar un té.

— ¿Y?

—No sé cómo se pone en marcha el microondas.

—… ¿Perdona?

—Que no sé cómo funciona.

—No sabes cómo funciona… No sabes cómo funciona la lavadora, no sabes programar el vídeo, no sabes cambiar una bombilla… Y tampoco sabes calentar agua en el microondas. De verdad, a veces creo que vienes de otro planeta.

Fotografía: Theen Moy (flickr con licencia Creative Commons BY-2.0)