¡Mierda! ¡Mierda, mierda, mierda! ¿Y mis calcetines? ¿Dónde demonios están mis calcetines? ¿Lo tengo todo? Calzoncillos, pantalones, jersey, cartera, móvil… ¡El móvil! ¿Tiene el sonido activado? Ahora no puedo mirarlo. Se vería la luz desde afuera. ¡A quién se le ocurre poner una cortinilla de tela en vez de puertas en el armario!

Se suponía que su marido estaba de viaje. ¡Si es que ya no te puedes fiar de una esposa infiel! ¡Parece que quieran ser pilladas in franganti! Tenía que haberle hecho caso a mi instinto, que esa no era para mí. Se la notaba demasiado ansiosa. Se aburre y busca un poco de emoción. Seguro que además es tan tonta que ha llamado a sus amigas para pavonearse. “¿Sabes? Le estoy poniendo los cuernos.” Y a las que no son sus amigas, también. A ver cuánto falta para que le vayan contando el chisme al marido. Si muchas luces no parecía tener, no.

Seguro que me los he dejado afuera. ¿Y si los ve? A lo mejor se piensa que son suyos. Más vale que no se atreva a ponérselos. ¡Son mis calcetines de follar! ¡Son intocables! ¿Y por qué huele a alcanfor? Este armario parece el de mi abuela, me estoy asfixiando. Aquí no puedo hacer nada hasta que el tipo este se duerma. ¿Y esta camisa? ¿De verdad alguien puede ponerse una camisa con brillos verdes? ¡Qué mal gusto tiene la tía! Claro que… Si ella tiene mal gusto… ¿soy acaso un tío con mal gusto? De eso nada, mira mi…. ¿Y mi camisa? ¿Dónde demonios está mi camisa? ¡Perfecto! Me he dejado los calcetines de follar y la camisa. La camisa me da igual, pero los calcetines… No ha habido una sola vez que los haya llevado y no hayan surtido efecto. Tengo que recuperarlos. ¿Pero es que éste no se va a dormir nunca? A mí qué me importan los problemas que tiene negociando con el alemán. ¡Eh, tío! ¡Entérate! A tu mujer tampoco le interesa una mierda. Por eso estoy yo aquí encerrado. ¡Y duérmete una vez, para que pueda coger mis calcetines!

Foto: Jason Rogers (flickr con licencia Creative Commons BY-2.0)