Mi madre me advirtió. “Ten cuidado y mira dónde vas a vivir, los edificios son muy tramposos”. Yo no entendí eso de las trampas y supuse que se refería a que no hubiera humedades o que el viento no se filtrara por las rendijas de puertas y ventanas. La casa cumplía con esos requisitos y con muchos más: espacio abierto, muebles originales de principios de siglo, una ventana orientada al oeste junto a la que leer al final del día… Todo era perfecto. Solo tenía una pega: la cerradura del portal se atascaba, sobre todo cuando más prisa tenía. El portero me prometió arreglarlo mil veces. “Un poco de aceite lubricante y listo”, decía. Pero el aceite no llegaba. Y aquella noche, en aquel callejón sin más escape que el portal, el filo de una navaja relució bajo el brillo de una luna anaranjada.

Nocturna 3. Hector de los ojos barroso.

Nocturna 3. Fotografía de Héctor de los Ojos Barroso. Premio a la mejor fotografía de la calle del Sol. XIII concurso de fotografía Sol Cultural