Descubrí la clave en el último verso del haiku. Encontré el poema entre dos páginas de mi cuaderno de ideas sin futuro.

El agua turbia

El primer verso me llevó hasta el lago de nuestra infancia. Allí jugábamos junto a los vertidos de la fábrica textil que nos alimentaba al tiempo que nos envenenaba la vida.

Refleja balanceos

En el extremo más alejado, una cuerda anudada a un cedro hacía las veces de improvisado columpio. En el vaivén vi tu ropa interior por primera vez, cuando el viento te levantó la falda animado por tu risa adolescente.

En mi alma calada

Tu mirada encontró la mía enturbiada por las ondas del agua y no pude hacer más que sumergir tu cuerpo en el volumen de mis lágrimas.

Fotografía: Tom Walter (flickr con licencia Creative Commons BY-2.0)