El hombre que lleva un chaleco de pescador espera al niño a la salida de la escuela. Le coge de la mano y camina junto a él hacia el bosque al final de la cuesta. El niño no para de hablar: 

Cuando sea mayor, tendré una esposa como la abuela. Será cariñosa todo el rato y siempre tendrá a punto una bandeja recién horneada de galletas de mermelada de fresa, porque sabrá que son mis favoritas. Y daremos paseos por el parque como hacen los abuelos. La agarraré de la mano, como vamos nosotros ahora, y le contaré las cosas que he hecho durante el día. Le explicaré que he construido en el laboratorio una nave espacial tan grande que podrá transportar a todo un país, incluso a las mascotas. Así que nuestro perro, porque tendremos un perro y se llamará Laika, en honor al primer perro que viajó al espacio, podrá viajar con nosotros y conocer otros planetas. ¿Conoces a Laika? Cuando paseemos por el parque, Laika nos acompañará, pero no le tiraremos palos, porque seremos demasiado mayores y estaremos cansados. Nos sentaremos al anochecer en el banco de lamas blancas que está frente al embarcadero y mi esposa reposará su cabeza sobre mi hombro. Y me contará lo que ha hecho  durante el día. Aún no he decidido a qué quiero que se dedique. A lo mejor es una doctora que encuentra la cura de una enfermedad muy rara que sólo afecta a un niño de cada mil millones. No sé cuánto es mil millones, pero debe ser una barbaridad. ¿Tú sabes cuánto es mil millones? ¿Podré alguna vez tener mil millones de algo? Mamá dice que tendré mil millones de pulgas si sigo acariciando a todos los perros y gatos con los que me cruzo. ¡Pero a mí me gustan los animales! Además, yo creo que mamá exagera. ¡Ya lo sé! Mi mujer será una gran veterinaria. La conoceré al llevar a Laika a poner sus vacunas. Y será muy cariñosa con Laika y le pondrá las vacunas con cuidado, para que no le duela, y entonces sabré que es una buena persona. Los abuelos se conocieron en una boda. Ella era amiga de la novia y él del novio. Los abuelos son geniales, siempre están sonriendo. Y papá y mamá a veces se quedan mirándoles como cuando yo miro la bicicleta nueva de Xavier, toda roja y brillante. ¿Y tú tienes abuelos? ¿Por qué no ha venido hoy mamá a buscarme? Creía que vendría un poco tarde, eso me dijo a la mañana al dejarme en la puerta de la escuela: tengo que ir al médico y llegaré diez minutos tarde, pero tú espérame en los columpios del patio y llegaré lo antes que pueda. Pero mamá sabe que no me gusta esperar, me aburro mucho y el tiempo va casi tan despacio como en clase de matemáticas. Por eso te ha enviado a buscarme, ¿verdad? Mamá es genial, siempre está en todo. Me prepara la bolsa de deporte los días que tengo gimnasia y deja la flauta guardada en la mochila cuando tengo música. No sé cómo es capaz de acordarse de todas sus cosas, y de las de papá, y de las mías… ¿Dónde vamos? Hoy es miércoles y me toca clase de inglés con la señorita Mary. ¡Qué nombre tan absurdo! Seguro que en realidad se llama María y dice que es Mary para parecer más estirada. Lleva siempre faltas muy largas y oscuras que parece que dan mucho calor y se enfada cuando miro por la ventana. Pero es que me aburre mucho la gramática. Me cae mejor cuando nos pone dibujos en el televisor. Yo preferiría irme a jugar con Xavier y los demás al parque, pero papá dice que el inglés es muy imporante y que algún día me alegraré de haberlo aprendido. Pero ya llevo tres meses y no me he alegrado nada, así que a lo mejor papá se equivoca. Y entonces, ¿dónde vamos?

El hombre se para en el linde del bosque y mira al niño. Le sonríe y le aprieta con más fuerza la mano, antes de dar el siguiente paso. 

Foto: Don Debold (flickr con licencia Creative Commons BY-2.0)