Cliente de la semana. Semana 1

Ayer tuve mi primer “Cliente del día”. Quien no sepa qué es eso, que busque la etiqueta en Twitter y se ría un poco, porque bien lo merece. Los clientes del día con risas son menos desesperantes. Me he dado cuenta de que, en realidad, he tenido muchos de ellos antes, en otros trabajos, en otros ambientes, hasta tal punto que ahora ignoro a muchos porque “tampoco es para tanto”. Si en el sector del comercio os quejáis, tendríais que conocer la industria (si en la industria os quejáis, tendríais que conocer la administración; si en la administración os quejáis… etc.). Total, que yo me conformo con tener un cliente de la semana.

Mi cliente apesta. Mucho. Y tienen ganas de charlar conmigo. Y yo ahí, aguantando la arcada, con lo sensible que tengo el olfato a pesar de esos mocos que se instalan en mi cavidad olfativa en octubre y no desalojan hasta mayo. Permanezco firme y mantengo la sonrisa y deseo que se vaya. Y se va, sí. Al cabo de media hora y después de perfumar toda la librería. Qué asco, señores.

cliente de la semana 1

Cliente de la semana. Semana 2

Me chifla el comprador lector indeciso. el que se pasa cuarenta y ocho minutos moviéndose como un animal enjaulado por la librería sin saber qué hacer con su vida. Coge uno, coge otro, coge un tercero y deja dos para luego volver a cogerlos. Parece que le va a dar un infarto. Media hora más tarde vuelve a por el primero que había cogido y dejado. Casi, casi, llora por los rincones, entre estantería y estantería. Dan ganas de abrazarle. Y de decirle: “elige un puto libro de una vez y vete a vivir la vida, que aquí se te está consumiendo sin sentido”.

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Cliente de la semana. Semana 3

El cliente de la semana se acerca y me dice: “¿Te has fijado en ese? Parece que esté buscando a Chopin en la sección de música”. Mi respuesta más que lógica, dado que son las cuatro y cuarto de la tarde y mi estómago está en pleno proceso digestivo, es de una lucidez incontestable: “¿Ein?”.

Ein es, en apariencia, la peor respuesta que le podría haber dado porque, a partir de ese momento, me entero de toda la biografía de Chopin, su relación con George Sand, su mala vida, su locura… y de paso, y a través de una intrincada relación que no he desencriptado, también la de no sé qué monje que acabó encarcelado y que escribió toda la historia de España, hasta los Reyes Católicos, donde los susodichos reyes acababan mal parados. Como podéis ver, no capté todos los detalles porque estaba más atenta a mi pesadez estomacal y no eran horas. Pero el hombre le puso ganas. Y entusiasmo. Y gritos. El resto de los clientes me miraban con cierta cara de pena.

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Cliente de la semana. Semana 4

El cliente de esta semana me hace conjugar al mismo tiempo una ternura incalculable con unas ganas de odiar difíciles de controlar.

El cliente es un hombre de unos setenta años, curtido en la vida, con un audífono enorme que le ocupa media oreja. Es casi, casi, uno de esos auriculares telefónicos de teleoperador profesional, lo que me hace pensar que es un hombre orgulloso, construido a si mismo y que no se avergüenza de sus debilidades. Dicho sea de paso, mi abuelo se ha gastado un pastizal en su audífono y se niega a ponérselo, a pesar de que no se ve. Esto me hace pensar, no creáis que no. 

El cliente tiene una nieta que, criaturita, cumple quince años la próxima semana. Sí, lo sé. Estáis pensando en las fiestas de quinceañeras de los hispanohablantes del sur de Estados Unidos. ¿No? Pues yo sí. Al cliente no se le ha ocurrido otra cosa que regalarle un libro. Hasta ahí bien. La cuestión es que el libro ha de tener una particularidad: haber sido editado en 2002, el año de nacimiento de la susodicha.

Primera pregunta del cliente: “¡Ah! Pero, ¿no puedes encontrarlos por año de edición?” Yo sonrío mientras en mi cabeza entono un sonoro ¡PQC!

Como en ese momento no hay más gente en la librería —los clientes aparecen cuando quieren, no cuando se les necesita—, empezamos una tarea rocambolesca: abrir todos los libros juveniles buscando la cifra mágica de 2002.

Y cuando ¡oh, milagro! encuentro uno y creo que mi tarea ha sido cumplida con efectividad y buena disposición, resulta que el libro en sí no termina de convencerle. Es decir, que había un segundo criterio oculto a mi conocimiento: el libro le tiene que molar.

Os voy a ahorrar el recorrido que hemos hecho por casi todas las secciones de la librería, que he dado por finalizado cuando se ha puesto a revisar los libros de ficción erótica.

Al final se ha llevado tres libros, pero espero no volver a verle, como poco, hasta febrero del año próximo.

Como idea me ha parecido muy bonita, ojo, siempre que no sea yo quien tenga que buscar el dichoso libro.

cliente de la semana 4

Cliente de la semana. Semana 5

El cliente de la semana es MEDIUM. No lo digo yo, lo dice el diente. Y en una vida pasada se dedicó a algo relacionado con los libros. Y es un prescriptor intuitivo, sabe qué va a gustar a alguien con tan solo echarle un vistazo. Dejo lo mejor para el final: Huele los libros. Bueno, eso igual es muy fuerte. Digamos que los olisquea como un químico olisquea una botella cuyo contenido es desconocido: agitando el aroma que sale de ella con un movimiento de mano algo amanerado. Lo que, por otro lado, es mejor que meter la nariz y quemártela con ácido. Pues eso, que inspira con gracejo el aire alrededor del libro y con eso sabe si le va a gustar el libro o no.

Más clientes conozco, más quiero a mis libreros.

Cliente de la semana 5

Cliente de la semana. Semana 6

El cliente de la semana es… bueno, la verdad es que no tengo muy claro cómo es, porque nuestra compañía eléctrica nos ha bendecido esta tarde con ocho cortes de luz en poco más de una hora. Así que no sé si el cliente es joven, viejo, si tiene barba pelirroja o perilla teñida de azul. Sé que es hombre por la forma en que arrastra los pies por el suelo. Y sé que es un lector bien preparado para practicar uno de los deportes de riesgo más desconocidos: la selección de libros a oscuras. El cliente de la semana venía pertrechado con una linterna. En serio. Cada vez que se iba la luz, metía la mano en el bolsillo y sacaba una linterna con la que enfocaba las estanterías y continuaba su búsqueda. De mientras, yo maldecía a la compañía eléctrica incapaz de garantizar un suministro continuado a pesar de que ha sido la primera tormenta en semanas.

Una linterna. En serio.

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Cliente de la semana. Semana 7

El cliente de esta semana es anticuario y por lo general se lleva libros de arte. De edad avanzada, no se corta un pelo en decirme lo mona que soy. Yo, en lugar de ofenderme por este tipo de comentarios, siempre que se digan con cierta elegancia, tiendo a aprovecharlos en mi favor. Así que sonrío en plan “pues mira tú qué bien” y al lío. Bueno, también me dice que explico las cosas de forma clara y amable. Como pelota no tiene parangón.

Aquí el anticuario quiere descubrir la literatura sudamericana. La grande, la de siempre, lo que quiera que eso signifique. Yo le digo que vale y desempolvo mi lista de autores del otro lado del charco.

El anticuario se lleva tres Borges, dos Cortázar, un Rulfo, tres Monterroso y cuatro o cinco García Márquez. Podríamos haber seguido, pero las manos ya no daban para sostener más libros. Y, admitámoslo, los libros en papel pesan un riñón.

Mi cliente de la semana es adorable.

La conclusión es que esperéis un par de días a venir a comprar algo de estos autores. Estamos en fase de reposición. 

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El cliente de la semana. Semana 8

El cliente de esta semana ha venido tres veces en cinco días. Es mayor, jubilado. No está muy echado a perder, así que intuyo que no ha sido el suyo un trabajo muy manual. La mayoría de mis clientes de la semana son mayores. O me fijo más en ellos o es que son más descarados, más ellos mismos y están menos preocupados por el qué dirán.

El cliente de esta semana tiene una obsesión: Álvaro de la Iglesia. Este escritor, que mira por donde nació vasco aunque murió inglés un año antes de que yo naciera, es conocido por sus historias humorísticas. Lo de que es conocido lo digo yo ahora porque lo he buscado en la Wikipedia.

Aquí mi cliente se ha llevado ya cinco libros suyos. Todos los que tenía. Cuando vino la última vez acompañado de su esposa se sintió muy decepcionado porque no tuviera más. Yo estaba agobiadísima. Su mujer me cuenta que se pasa las mañanas sentado en el sillón del salón riéndose a carcajadas con sus obras. Entiendo que eso está muy bien: por un lado, el hombre disfruta, y por el otro, su mujer descansa de él un ratito y le mantiene ocupado.

Total, que he rebuscado desesperada en el almacén y he encontrado dos nuevos libros. Estoy deseando que venga a por ellos y ver el brillo de felicidad en sus ojos pensando en los buenos ratos que va a pasar en el sofá con dolor de costado de tanto reír

cliente de la semana 8

El cliente de la semana. Semana 9

Cotillea en la librería de un hombre y sabrás de qué pie cojea. Y si te invita a su casa para venderte sus libros, ni os cuento lo que podéis llegar a descubrir.

No puedo hablar de cómo es físicamente el cliente de esta semana, porque no me ha tocado a mí ir a recoger los libros. Solo os diré que nos ha vendido la colección completa de “libro amigo” de Bruguera. Completa, sí. Desde la novela negra más clásica (Himes, Chandler…) hasta los grandes de la ciencia ficción (Orwell, Clark, Lem, Lovecraft…). Desde los grandes clásicos universales (Joyce, Melville, Dostoievsky…) hasta los grandes de las letras hispanas. De la narrativa de ficción al ensayo, de la filosofía a los textos religiosos, de la teoría literaria a las ciencias naturales.

En vista de esto podríais intuir que es la biblioteca de un hombre culto, leído, con amplios conocimientos en muchas materias. Podéis imaginar las estanterías de madera noble donde se agolpaba el trabajo de tantos y tantos escritores.

¿Eso es lo que pensáis? Pues os equivocáis de cabo a rabo.

¿Por qué? Por una buena razón: ¡Todos y cada uno de los volúmenes están precintados!

Pues sí, todos intactos, vírgenes de lectura, con un maravilloso plástico transparente que los ha protegido del polvo, de la humedad… Vamos, que el hombre este no ha leído una mierda, pero a cambio hemos conseguido una colección maravillosa.

cliente de la semana 9

Todas las fotografías Flickr con licencia Creative Commons BY-2.0)