Capítulo 2.- El jubilado

—Señora, ¿sigue usted bien?

¡Ay, Dios! Que no contesta. ¿Y si le ha pasado algo? Esta pobre chica, aquí encerrada desde hace tanto tiempo… Seguro que le ha pasado algo. Y el técnico que no llega. ¿Qué es eso que suena? ¡El cacharro este! ¿Dónde lo he dejado? En el bolsillo de la bata no está; en el pantalón… ¡Aquí está! A ver, espera que me ponga las gafas. ¿Qué botón me dijo Susana que tenía que apretar? ¿Qué pasa, por qué deja de sonar? ¿A que me he equivocado otra vez? Nada, que no hay forma, no sé para qué les ponen tantos botones a los aparatos estos. ¿Y ahora qué hago? ¿Dónde estará Elena? Esta mujer… se ha ido hace ya una hora. “Voy a por el pan y vuelvo en cinco minutos, tú vigila el cocido, no se vaya a quemar”. Cinco minutos dice, ¡cinco minutos! ¿Desde cuándo esta mujer ha conseguido hacer nada en cinco minutos? Seguro que está de charleta con alguien. No para de encontrarse con gente. No hay forma de llegar a tiempo a ninguna parte. ¡Espera, que vuelve a sonar! A ver, a ver… el verde, eso es.

—¿Diga? ¡Oiga! ¿Quién habla?

—¿Es usted el administrador de la calle Aurelio Bravo 36?

—¿Qué dice? No le entiendo nada. ¿El administrador? Oiga, yo no soy el administrador, soy el presidente de la comunidad. ¿Quién es usted? ¿Qué quiere?

—Soy el técnico del ascensor. Estoy en un atasco, pero llegaré en unos quince minutos.

—Pero hombre, ¡dese prisa! Que la chica esta lleva ya más de cuarenta minutos esperando ahí encerrada. A saber cómo estará. Estoy preocupado, ¿sabe? Ha dejado de contestarme.

—No exagere, señor, que me han dado el aviso hace veinte minutos. Seguro que está bien.

—Pues le habrán avisado mal, porque yo he llamado hace casi una hora. A mi no replique. ¿Qué se cree, que chocheo?

—Está bien, está bien, no se enfade. Vamos de camino y llegaremos lo antes posible, ¿de acuerdo?

Pues no me ha colgado! Y ahora, qué tengo que hacer, ¿tengo que apretar algún botón? Y esta pobre chica, aquí, sin decir nada.

—Perdone, ¿me oye usted? ¿Por qué no dice nada?

Nada, que no contesta. ¿Y si se ha mareado, o se ha desmayado? ¿Qué hago?

—Antón, pero qué haces en la escalera en bata?

— ¿Que qué hago? Pues esperarte a ti, que ya iba siendo hora de que aparecieras. Hace una hora que te has ido, ¿dónde has comprado el pan? ¿En Madrid?

—Anda, anda, qué exagerado eres. Si sólo me he parado un momento a hablar con la hija de Mariló.

—¿La hija de quién?

—Ay, que sí, que ya sabes de quién te hablo. La hija de Mariló. Si Susana de pequeña jugaba con ella todas las tardes en la plaza al salir del colegio. Muy guapa estaba, aunque no sé qué decirte, yo creo que no se parece al padre ni en pintura. Claro que se decían muchas cosas cuando Mariló se quedó embarazada. Hay tanto chismoso por ahí perdido que no tiene otra cosa que hacer…

-—Tú es que no te callas ni debajo del agua.

—Pero qué tonterías estás diciendo? ¿Y qué haces aquí? ¿Y el cocido?

—¡Qué cocido ni que chorradas! ¿No ves que está el ascensor averiado? Se ha quedado una chica encerrada, y estoy esperando al técnico, que ha dicho que llegaría enseguida.

—¡El ascensor averiado! Y yo con todo este peso. Si es que no funciona bien, ya lo dijimos en la reunión de la comunidad. Pero ese administrador es un inútil. ¡Claro, como lo eligió el del quinto! Creo que es su tío, o su primo, o yo que sé. Cógeme esta bolsa, y yo llevo el pan, que para cuando lleguemos a casa se te habrá quemado el puchero, lo estoy viendo. Si es que no se te puede encargar nada…

—Pero, ¿me has oído? Que hay una chica ahí encerrada.

—¡Pues déjala, ahí no se va a perder! El ascensor no se va a caer, ¿no? Ya se encargará de sacarla el técnico, que para eso se le paga. ¡Cómo si tu supieras algo de ascensores!

—He trabajado veinte años como electricista. Algo sabré, ¿no?

—Sí hombre, si, no te lo tomes a la tremenda. Anda, Antón, que ya no tienes edad. Deja que se encargue el técnico y vámonos a casa. ¡En bata! ¡Cómo se te ocurre! Si coges un catarro, ya verás, ya, quién va a cuidar de ti. ¡Vamos! Que hoy al final comeremos un bocadillo.

—¿Señora? Señora, ¿me oye usted?

—¡Antón, que subas ahora mismo!

Y esta chica que no contesta. Un inútil, me trata como si fuera un inútil. ¡A ella querría verla yo trabajando! ¿Y cuándo he cogido un catarro? ¡Nunca! Cotorrear y mandar, eso es lo único que sabe hacer. ¡El cocido! ¿Dónde habré dejado el reloj de cocina ese que pita?

Episodios anteriores:

  1. La chica del ascensor
Fotografía: Megabeth (flickr con licencia Creative Commons BY-2.0)