No te olvides de que al principio todo era muy sencillo. Gritabas para satisfacer tus necesidades más básicas y era una estrategia que te funcionaba. Claro que tampoco conocías otras formas de lograr tus objetivos porque todavía no habías aprendido a hablar. Cosas de ser un bebé. Como mucho, ponías muecas extrañas que a ti te parecían un recurso perfecto para aclarar cuáles eran tus reclamaciones, pero al parecer nadie más se daba cuenta de ello. Así que gritabas. Gritabas por todo. Gritabas cuando tenías hambre o cuando tenías sed. Gritabas cuando notabas una extraña humedad entre las piernas o cuando la temperatura no era lo suficientemente cálida o fría. Tus necesidades eran muy básicas y tu forma de solucionarlas, también.

Después aprendiste a hablar. Enhorabuena: ya tenías una segunda forma de conseguir lo que querías. Pero, ¡vaya! junto con esas nuevas opciones de comunicación crecieron también tus deseos, y estos ahora no eran tan básicos. No había ningún problema en que pidieras comida o agua, o en que dijeras que estabas cansado cuando en realidad lo estabas. Pero cuando intentabas llegar un poco más allá y tensabas el hilo para conseguir  esas cosas que no eran necesarias, pero que tú querías con todas tus fuerzas… entonces lo de hablar no funcionaba. Pero gritar sí. No siempre, es cierto, pero solía funcionar. Te ponías a gritar en medio del supermercado, en la sala de espera del dentista, te tirabas al suelo y te desgañitabas a medio camino de la escuela… Gritabas, gritabas y gritabas. Y, aunque no siempre lo conseguías, a veces caía una barra de chocolate dentro del carrito o tus padres cambiaban la cita del médico para otro día en que estuvieras más calmado. Habías pasado a un nivel superior de comunicación, pero gritar seguía siendo útil para satisfacer algunos de tus caprichos.

Gritar no sólo se reducía a pedir cosas, también servía para llamar la atención. Si tus padres no te miraban con el debido entusiasmo, soltabas un par de berridos y rápidamente atraías sus ojos hacia ti. Era un recurso que utilizabas mucho cuando hacías el pino puente o cuando girabas un plato de plástico sobre tu dedo anular, cuando querías que apreciaran en todo su esplendor tu última obra de arte en la pared o cuando conjuntabas el tutú de ballet con una camisa vaquera.

Pasaban los años y lo de llamar la atención seguía siendo efectivo, pero ya no te compraban lo que querías con solo oír tus gritos. Era el momento de encontrarle una nueva utilidad a esta habilidad que para entonces tenías tan perfeccionada. Fue en la celebración del cumpleaños de algún pariente perdido cuando diste con la respuesta: gritar es muy útil para ganar discusiones cuando no llevas la razón o no sabes si la llevas. Empezaste a gritar como último recurso para vencer en todas y cada una de las peleas que se te ponían delante. Te sentías poderoso cuando tenías la última palabra y ésta la pronunciabas dos o tres tonos por encima de las de los demás quienes, incapaces de igualar tu volumen, acababan reducidos a tristes seres que huían lamentándose en susurros.

Pero como nada es eterno, llegó un momento en que te enfrentaste a un ser más poderoso que tú que te demostró que no hacía falta gritar para ser más fuerte ni para tener razón. Era la sabiduría de sus argumentos la que daba fin a cada discusión y te dejaba como perdedor afónico. Te diste cuenta de que ganar era para ti más importante que gritar, y empezaste a reducir el volumen de tus reclamaciones y a formarte con entusiasmo, a aprender a razonar, algo que hasta ese momento te había parecido innecesario. Y así, a fuerza de aprender, de descubrir e indagar, por fin diste con el mejor uso posible para un grito: proclamar a todo el que quisiera escucharte quién eres, qué es lo que hace de ti algo único; defender las causas que te parecen justas y que por eso merecen un gran grito, un grito atroz que se sume al de muchos otros y que deje claro que estás dispuesto a luchar por tus creencias. Por fin viste el grito como algo positivo, algo que sumaba en vez de convertirse en una demanda. Felicidades.

Esta entrada ha sido inspirada por el Blog Action Day 2015, un movimiento de blogueros que cada año se ponen de acuerdo para tratar un tema. Este año el lema ha sido Eleva tu voz. Aquí podéis leer su proclama anual:

We have the power to create the world we want to see when we raise our voice to promote positive change and expose unjust actions. However, those who speak out are often under attack. This Blog Action Day we will celebrate those heroes who raise their voice when faced with censorship, threats and even violence. We will raise our voices to defend their right to raise theirs. We will overcome silence with our words and actions. We will share their stories. We will fight for those whose voice has been silenced.

Fotografía: Garry Knight (flickr con licencia Creative Commons BY-2.0)