The Twilight Zone, conocida en España como La dimensión desconocida o En los límites de la realidad, fue una serie de televisión estadounidense emitida entre los años 1959 y 1964, cuyos 156 episodios giraban en torno a la ciencia ficción, la fantasía o el terror. Su éxito fue tal que, a lo largo de los años, se han producido numerosos productos que giran en torno a sus historias: desde una nueva serie a mediados de los ochenta y otra más en el 2002, pasando por cómics, revistas, películas…

Una de las razones de su éxito y de que haya pervivido en la mente colectiva —y que aún sea objeto de revisión por los entusiastas tanto de las series en general como de esta en particular— es que se trataba la ciencia ficción con seriedad, con un enfoque más puro, haciendo del género una excusa para tratar diferentes temas sociales. Entre sus guionistas se contaron figuras como Richard Matheson (no hace mucho revisé su novela Soy Leyenda) o Ray Bradbury, el autor de la novela Farenheit 451 que, en cierta manera, guarda relación con el tema de hoy.

Con la idea de encontrar series o películas que giren en torno a los libros, escritores o literatura en general —hace unos meses proponía la divertida Black Books— hoy traigo un capítulo de esta serie: The obsolete man (El hombre obsoleto), emitido por primera vez en 1961. Lo he descubierto gracias a Alberto Abuín, analista y crítico cinematográfico, quien mencionó este episodio hace unos días en Twitter y me “obligó” a localizarlo.

El capítulo, de unos veinticinco minutos de duración, nos lleva a una sociedad distópica, a un futuro donde un estado autoritario rige el pensamiento de sus ciudadanos. Allí, quienes no se consideran útiles para la sociedad son juzgados y condenados a muerte. Uno de esos condenados es Romney Wordsworth, imputado por ser una persona anticuada e incompetente. Es decir: obsoleto. Se enfrenta además a un juicio por dos gravísimas acusaciones: en primer lugar, ser un bibliotecario en un mundo en que los libros están prohibidos; en segundo, ser creyente cuando la ley dice que Dios no existe. Por ambas causas se le condena a muerte, pero se le ofrece el derecho de elegir cómo desea ser ejecutado.

Este capítulo en concreto fue escrito por Rod Serling y dirigido por Elliot Silverstein. Su nivel técnico es de factura más bien sencilla y poco elaborada, pero su mayor carga viene dada por los temas que trata.

Se ha asociado siempre la falta de cultura, de libre pensamiento, con el alzamiento de los movimientos totalitarios. La posibilidad de acceder a nuevas ideas a través de la literatura es básica para el desarrollo de la mente pero es lo primero que trata de aplastarse, de hundirse. De ahí que este capítulo tenga por protagonista a un bibliotecario, aferrado a su pequeña librería —que imagino rescatada con esfuerzo, en secreto, leída y releída cien veces—. En la lucha absurda entre humanidad y tecnología, parece que el hombre esté predestinado a convertirse en un robot, en un autómata que cumple órdenes y que debe avergonzarse o culpabilizarse —o permitir, como es el caso, que otros le juzguen— por su arranques sentimentales.

Marc Ambit decía que “Nuestra capacidad de análisis, de creatividad e innovación, de comprensión y, por lo tanto, de decisión, se ha visto mermada enormemente. Somos menos inteligentes que antes, ahora que ya no nos hacen falta los libros ni los bibliotecarios. Y eso, sin duda, pronto nos convertirá en seres obsoletos.”

Sin dar más detalles, os dejo con el episodio “El hombre obsoleto”. Siento mucho no haber sido capaz de localizar una versión traducida o, al menos, con subtítulos en castellano, pero aún así espero que podáis disfrutar de él y que extraigáis algunas conclusiones interesantes:

The Obsolete Man from Ryan Sebo on Vimeo.

¿Conocíais esta serie? ¿Y el episodio El hombre obsoleto? ¿Qué os ha parecido? Tenéis los comentarios a vuestra disposición.