Esta semana os traigo un vídeo sobre las portadas de los libros. La semana pasada escribía, en un tono que espero se entendiera como humorístico, de las fajas como instrumento de marketing editorial.  La conclusión al margen del humor es que, si se siguen usando, será porque sí compensa ponerlas. Dudo que ninguna empresa se dedique a hacer añadidos a su producto si no sirven para nada. Si lo hace no está aprovechando bien los recursos de que dispone. O tiene tantos que no le importa malgastarlos—.

Antes de que me lo preguntéis: Sí. Hay gente que me escribió mensajes afirmando que las fajas son fundamentales, claves en la venta, absoluta y completamente necesarias. No, no eran personas que trabajaran en el sector editorial. Eran lectores. Tal vez ahí estriba la belleza de la literatura: no existe la uniformidad. No habrá libro ensalzado por todos ni denigrado por todos. Tampoco sucederá con las fajas.

En todo caso, a raíz de esa entrada y de los comentarios, reflexioné sobre el primer elemento que nos atrae de un libro y que es meramente visual: la portada.

Con las portadas sucede una cosa extraña: no se destacan demasiado cuando son buenas y originales, pero enseguida notamos si hay fallos, si algo no cuadra. O, como suele ser muy habitual, si la imagen escogida para una portada se repite hasta en la sopa. Como es el caso del cuadro Mujer joven vista de espaldas (1904) de Vilhelm Hammershøi, que ha sido utilizada hasta en diez ocasiones, como contaban en el blog Las lecturas de Mr. Davidmore.

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Imagen extraída del blog Las lecturas de Mr. Davidmore

Aquí tenéis un nuevo ejemplo, extraído del blog El jardín del sur. En su entrada podéis ver algún otro caso.

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Muchas novelas negras pero una misma portada para todas. Fuente: Los jardines del Sur

La pregunta que me planteo es: Si la portada es una primera impresión, ¿Qué significa esta falta de originalidad? ¿Son las novelas que ilustran estas imágenes iguales? En ocasiones usar la misma imagen (o similares) es un recurso comercial: “si te gustó X, te va a gustar Y”. Esto es así porque la mente del lector hace una asociación rápida entre ambas y asume —a menudo de forma equivocada— que la temática y la calidad es similar.

El último caso que más ha llamado la atención en los últimos años fue el de Crepúsculo. Al poco tiempo las librerías estaban colmadas de obras de portada negra y detalles en rojo. Algunos de estos libros supusieron auténticas ofensas para el lector, como las ediciones de Cumbres borrascosas u Orgullo y prejuicio, de las que se habla en este otro artículo de Verne.

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Crepúsculo y sus “alter egos”. Fuente: Verne

En otros casos, podemos asumir que se trata de falta de ganas o de presupuesto del editor. O un extraño caso de “total, si no se va a dar cuenta nadie”.

Chip Kidd: una vida diseñando portadas

Chip Kidd es un hombre bastante peculiar y muy hilarante, como podréis comprobar si veis el vídeo que os dejo más abajo. Trabaja como diseñador gráfico de portadas desde 1986 para la centenaria editorial Alfred A. Knopf y también es editor y director de arte en la editorial Pantheon Graphic Novels (del grupo Penguin Random House), con un catálogo de lo más interesante.

En su discurso “Diseñar libros no es cosa de risa. Bueno, sí lo es”, Chip Kidd habla, precisamente, de la importancia de la portada y de cómo combinar el aspecto creativo con la obra del autor para que, de una simple vistazo, el lector potencial puede hacerse una imagen precisa del contenido de la novela.

Lo que el comprador necesita es, precisamente eso: un imagen, una cara, una primera impresión sobre lo que tiene entre manos, y la tarea esencial de diseñador es lograr destilar la esencia del libro —Kidd lo compara a ejecutar un haiku—. Su trabajo es secuencial: leer el libro, interpretarlo y traducirlo de forma responsable: tanto para el lector, al que no se debe tratar de estúpido (ahí encajarían algunos de los ejemplos anteriores), como para el editor como, sobre todo, para el autor.

Kidd pone algunos ejemplos de sus trabajos. También explica cómo, libros en apariencia similares, pueden terminar con portadas completamente diferentes. Es cuestión de analizar bien el enfoque literario y el contenido.

Una última reflexión en torno a las portadas: Chip Kidd es, lo deja claro, amante del papel por encima de la lectura electrónica. En relación a las portadas no dejo de preguntarme por qué los lectores electrónicos nos niegan esa parte de información esencial del libro y nos conducen, de buenas a primeras, a la primera página. ¿Acaso para quienes —también– leemos en formato electrónico esta pieza tan relevante de información no lo es tanto?

Con estas breves reflexiones os dejo con la charla de Chip Kidd. Como os he comentado, es muy divertida. Además podréis apreciar algunos aspectos que, seguro, no tenéis en cuenta cuando compráis un libro:

Vosotros, ¿Os dejáis llevar por una portada bien diseñada?