Alan Moore es un personaje controvertido y tal vez sea personaje la mejor definición de su ser. Arisco, anarquista declarado, sus declaraciones públicas no suelen dejar títere con cabeza, atacando prácticamente a todo ser viviente sobre la faz de la Tierra —muy sonadas resultaron sus críticas al género de cómic de superhéroes en la entrevista que concedió a The Guardian en 2013—. Sus entusiastas se cuentan por miles, pero aquellos que creen que su valor artístico está sobredimensionado tampoco se quedan atrás.

Lo que no se puede negar es que es el creador de grandes obras de la novela gráfica que perdurarán en el tiempo, como Watchmen, V de Vendetta, From Hell, Batman: la broma asesina o Promethea, entre otras muchas. Sus obras están construidas capa sobre capa e incluyen multitud de referencias culturales a otras obras gráficas, literarias, cinematográficas o culturales, haciendo de ellas micro universos complejos que requieren más de una lectura si se quiere profundizar lo suficiente como para conocer sus orientaciones.

En todo caso, si queréis conocer más sobre la peculiar visión de la vida de Moore y su obra, podéis ver el documental The mindscape of Alan Moore (es complicado de encontrar en DVD, pero por supuesto existen plataformas en las que podréis verlo subtitulado sin demasiados problemas).

En el año 2003, Moore ofreció una conferencia en Northampton College (la ciudad en la que nació), en la que leyó un extracto de su obra El espejo del amor, para conmemorar el mes de la historia LGBT. El espejo del amor es una obra poética en verso, ilustrada por José Villarrubia en su edición más reciente, en la que Moore documenta la historia de la homosexualidad hasta finales de los años ochenta. La publicó originalmente en la revista AARGH! (artistas en contra de la evidente homofobia del Gobierno), en reacción  al artículo 28 de 1988, que se vio como un ataque a la comunidad homosexual y fue la respuesta del gobierno británico al aumento de casos de VIH. Dicho artículo afirmaba que las autoridades locales «no deben promocionar intencionadamente la homosexualidad o publicar material con la intención de promocionar la homosexualidad» o «promocionar la enseñanza de la aceptabilidad de la homosexualidad como una supuesta relación familiar en cualquier escuela subvencionada».

el espejo del amor, alan moore

Porta de El espejo del amor, editado por Kraken.

Podéis ver la conferencia completa en el este enlace, pero lo que os quería enseñar hoy en realidad es parte de una entrevista posterior que le realizó la propia institución; más concretamente, es un fragmento en el que Moore expresa su punto de vista sobre los escritores y la escritura. Algunos de sus comentarios pueden ser un poco polémicos, pero dado que dura apenas cinco minutos, os recomiendo que la veáis (está subtitulada en castellano):

Como decía, en apenas cinco minutos suelta varias ideas que creo son muy interesantes:

Por un lado, quien quiera convertirse en escritor —es decir, rebasar el hecho de hacer de la escritura una afición, algo que es por otro lado muy aceptable— debe tomárselo en serio. No basta con decir que lo eres: tienes que entregarte a ello en cuerpo y alma. En este sentido, Moore elige una metáfora que por un lado es muy hermosa, pero que también ofrece a la escritura un papel dominante sobre el escritor: la equipara a un dios al que tendrás que ofrecerle tu mejor trabajo. No puedo dejar de imaginar un dios vengativo que reina sobre sus esclavos, los escritores, que fallecerán antes de haberle ofrecido algo que de verdad sacie sus ansias de poder.

El segundo concepto que me ha llamado la atención —y lo ha hecho además porque estoy leyendo una biografía de David Foster Wallace en la que el escritor norteamericano expresa algo muy similar aunque más matizado— es que tenemos que encontrar la diferencia entre el Escritor, con mayúsculas,  y el novelista de carrera. Es una afirmación un tanto controvertida, pues parece que tira por tierra el trabajo de aquellos autores que aspiran a estar en las listas de más vendidos y a ganar dinero con ello. Como bien dice, ganar dinero no es malo, es incluso beneficioso porque te permite seguir escribiendo, pero no debería ser tu objetivo principal. Contar lo que quieres contar y en la forma en la que quieres contarlo, sí. Creo que también va un poco por la línea de criticar las escuelas de escritura, que no son malas de por si —a mi me parecen estupendas sobre todo en los estadios iniciales, cuando hay muchos vicios que corregir y te permiten conocer gente que te apoya y entiende— pero que a veces da la impresión de que las voces que salen de ahí cantan en un único acorde.

La tercera idea que me ha fascinado ha sido la descripción de la escritura como algo orgánico, como un tiburón que no puede estar quieto, puesto que si se para, si se deja de indagar, de experimentar o de moverse, muere. Esa insistencia en que, cuando creas haber dominado una técnica, des un salto e irrumpas en un terreno nuevo y desconocido, me recuerda mucho a los “errores infalibles” de los que hablaba Neil Gaiman, cuando comentaba que “Las normas sobre lo posible y lo imposible en el arte fueron dictadas por individuos que no intentaron rebasar los límites de lo imposible. […] Si no sabéis que es imposible será más fácil lograrlo. Y como nadie lo ha hecho antes, aún no se han promulgado leyes para prohibir que alguien lo repita”.

Para finalizar, una de las frases de Moore con la que poca gente podrá estar en desacuerdo:

Recuerda que la literatura es un arte glorioso y noble

¿Qué os ha parecido el vídeo? ¿Estáis de acuerdo con las afirmaciones de Moore? Tenéis los comentarios a vuestra disposición. 

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