Entrevistar a “mi jefa de los sábados” es una sensación un poco extraña. Se me hace además superfluo, porque hemos hablado ya muchas veces de libros y de librerías, de mercados y de lectores. Pero como mi memoria es escasa —cada vez más— y la idea de malinterpretar sus palabras (o poner las mías en su boca) me molesta y preocupa, nos sentamos un rato en ese sofá que también es mesa y fuente inagotable de juegos en los talleres y saco la grabadora para hablar con Naia Hernández, la propietaria de Sopa de Sapo, librería especializada en literatura infantil y juvenil de Bilbao. Mi casita de los sábados, en la que me siento muy a gusto y donde he redescubierto un género que había dado por olvidado. Gran error el mío y el de tantos.

Sopa de Sapo está en el corazón de Bilbao: en la plaza Indautxu. En octubre cumplirá cuatro años. Un periodo dedicado a la literatura, pero también a los cuenta cuentos, a talleres orientados a descubrir e inventar. Y a aprender, pero siempre sin que los más pequeños se den cuenta, alejándose del modelo educativo más tradicional. Poco hay más estimulante que aprender disfrutando y jugando.

¿De dónde viene tu afición por los libros infantiles?

Yo estudié publicidad y me dediqué a ello durante años. Todo empezó en la “crisis de los treinta“. Fue un momento en el que me puse a pensar cómo era mi vida y decidí ponerme a hacer lo que siempre había querido: escribir. Me apunté a cursos de escritura y cuando ya llevaba varios, un profesor me dijo que tenía una voz literaria infantil. Me sentó mal en aquel momento, aunque él puntualizó que no era algo negativo, sino que  podría encajar bien en la literatura infantil. Yo llevaba mucho sin contacto con el género y me reencontré con ella y me gustó. Encontré que escribir para niños es tanto o más complicado que escribir para adultos. Los niños son un público muy difícil, muy exigente, no te dejan equivocarte en nada, todo tiene que tener un sentido. Te pillan en todo. Así que me puse a leer mucho, y me gustaron tanto los libros infantiles que me puse a visitar librerías en Barcelona, donde vivía entonces y unifiqué negocio con plan de vida y con mis gustos para dar forma a un proyecto.

Lo planteaste ya para Bilbao

En Barcelona trabajaba en publicidad. El mundo de la publicidad, sumado a una gran ciudad es algo muy estresante, exigente, que demanda mucho… tenía también ganas de volver a casa. Pensaba que ese modelo de librería infantil que en Barcelona existía y aparentemente funcionaba, podía planteármelo en Bilbao, donde no existía.

Hice un plan de negocio. Los números no daban, pero me venció la ilusión por el proyecto y me lancé a la piscina. Cambié mi vida radicalmente, dejé la publicidad y monté esto. La gente me decía: Qué valiente has sido. Y yo me ponía muy nerviosa, porque no entendía a qué tenía que tener miedo. Me hablaban de un fantasma que yo no veía, hasta que apareció.

Experiencia en librerías no tenías

Experiencia en librerías, ninguna. Ahora, echando la vista atrás, hice cosas que estaban bien, como reflexionar, pensar y poner por escrito el modelo de negocio, hacer un plan de empresa, mirar bien los números… pero hubiera estado bien tener una experiencia previa en librerías porque hubiera visto el día a día del funcionamiento real de una. Sobre todo me hubiera ahorrado aprender temas de gestión. Nunca hubiera pensado que una librería suponía tanto papeleo, tanto trabajo administrativo que me lleva la mitad de mi jornada.

Además el modelo de las librerías, con el sistema de devoluciones, añaden más gestión.

Es un modelo que tiene sus pros y sus contras. Los libros tienen el precio protegido, algo que me doy cuenta de que mucha gente no lo sabe y que me gustaría comunicar de alguna forma. Valen lo mismo en todas partes. El editor fija el precio y las librerías tenemos la obligación de respetarlo. Sólo podemos hacer un 5% de descuenta y un 10% en ferias o el día del libro. Ese precio conlleva también que el margen de las librerías sea bajo, en comparación con otros sectores como el de restauración o el de la ropa.

La ventaja es que podemos cambiar los libros. Si uno no funciona, no gusta o no se vende, no tenemos por qué tenerlo en la librería, sino que se lo devolvemos a la editorial y ésta te da la posibilidad de cambiarlo por otro, generando un saldo a tu favor. La ventaja es que arriesgamos menos, porque un libro no podemos leerlo antes de que nos llegue ni sabemos qué va a pasar con él. Tenemos menos margen pero menos riesgo.

Y también está la posibilidad de trabajar en depósito. No siempre es posible, pero muchas veces, hay editoriales o distribuidoras que te dejan algo de stock en depósito, con lo que arriesgas aún menos.

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Logotipo de Sopa de Sapo. Diseño: Hodo.

¿Los niños necesitan sus propias librerías?

Si las librerías generalistas tuvieran un espacio diferenciado para infantil, que muchas lo tienen, no haría falta. No es imprescindible, pero como liberaría especializada me puedo dar el lujo de tener mucho fondo editorial que otras generalistas no se pueden permitir. Puedo saber mucho más de libros infantiles como librera que otros trabajadores. Se publican 10.000 títulos infantiles al año. Una librería generalista, o bien tiene un librero especializado en el tema o no llega a todo. Ni siquiera yo puedo llegar a conocer todo y eso que ahora mismo tengo un fondo de unos cuatro mil títulos diferentes. No me puedo permitir el lujo de tener todo lo que se edita. Pero al estar especializada puedo conocer más, atender mejor, conocer más a fondo a los padres, descubrir qué problemáticas pueden tener sus hijos al empezar a leer, saber cuándo empiezan a leer, cómo podemos ayudarles a leer o a escribir, qué herramientas les podemos ofrecer para que les guste la lectura, recomendar mejor… pero hemos vivido muchos años sin librerías infantiles y no pasa nada. Imprescindibles no somos.

Todo ese feedback que se obtiene de los padres, ¿el librero puede transmitirlo al distribuidor o a la editorial?

El modelo de editorial hoy en día consiste en publicar, centrarse en la promoción de ese libro (con una periodicidad que depende del tamaño de la editorial) y, cuando pasa un tiempo, el libro queda relegado porque le sobreviene otro. Si ha sido un éxito de ventas sí hay un seguimiento y buscan más información para saber cómo ayudar a que funcione mejor. Pero si ha pasado sin pena ni gloria, pasa a mejor vida y caduca.

Sí les gusta recibir feedback, pero no sé si son capaces luego de aplicarlo. ¿Qué porcentaje de libros infantiles se reedita? No lo sé. Al reeditar, ¿se tienen en cuenta las aportaciones de las librerías? No lo creo. Pero sí se enteran de lo que les contamos: no para lo que ya han editado, sino para el futuro, para cubrir huecos y necesidades que los padres buscan. Eso sí. Hay comunicación, aunque podría ser mejor y más fluída.

¿El mercado puede asimilar esa avalancha de publicaciones infantiles?

No. Es un modelo que se fagocita. ¿Que se publique tanto es bueno? No lo sé, porque unos libros matan a otros. No hay tiempo para asimilarlos. Además, las novedades están muy vinculadas a la moda, a las tendencias… tendencias que se contagian también de la literatura adulta. Por ejemplo, el contacto con la naturaleza, el volver a los orígenes… ahora está llegando al libro infantil. Es un bucle sin fin.

¿No funciona también al revés? Cada vez hay más libros para adultos ilustrados.

No, yo creo que funciona al revés. Si en adulto funciona un tema, se acaba exportando a libro infantil. Otro tema que está ahora agotándose, es el libro sobre emociones, que viene de los libros de autoayuda.

¿Están los niños dejando de leer cuentos? Quiero decir, ahora mismo hay muchos libros infantiles orientados a objetivos.

Esta es una tendencia que tenemos muchos padres a encontrar una solución a un problema. Como adultos nos vamos a la sección de autoayuda, y con los niños también tenemos esa orientación. Es un debate muy amplio, pero a mí me gusta la idea. El libro es una herramienta que te sirve para hablar con tu hijo, es una excusa, es construir un camino entre tú y tu hijo para hablar sobre un tema: dejar el chupete o el pañal, falta de autoestima… Tú pones a un personaje en el que el niño pueda verse reflejado y al que le pasen ciertas cosas y las solucione. Es una herramienta estupenda. El problema es cuando los libros que tiene ese niño son solo del tipo “libros para…”. Cuando su biblioteca se reduce a este tipo de libros, a este niño nunca le va a gustar leer, va a pensar que los libros solo sirven para aprender, para quitarse traumas… Si conviven con otro tipo de libros, es una situación muy válida.

Ahora que se reedita tantos cuentos “antiguos” (Roald Dahl, Rodari…) tengo la impresión de que los compran los padres para ellos, por nostalgia, pero hay cierto rechazo a comprarlos para sus hijos porque los ven anticuados.

Los libros que nos han quedado grabados tan profundamente, eso es buena literatura. Si un padre considera que es bueno y consigue compartirlo con sus hijos, va a dar forma a un lector. Pero algunos de estos libros han envejecido muy mal, porque los niños de ahora viven otra realidad, como sería el caso de la serie de Los cinco. Los niños de doce a catorce años, que es la edad que teníamos nosotros al leerlos, los encuentran infantiles, facilones. Pero hay otros libros, como Charlie y la fábrica de chocolate, Matilda, El pequeño vampiroque han creado un mundo de fantasía alejados de la realidad, tanto de la nuestra como de la de los niños que ahora, que funcionan mucho mejor y que gustan más.

Hay padres que, con libros como El pequeño vampiro, Donde viven los monstruos… que son clásicos reputados, te dicen que no los quieren porque a sus hijos les dan miedo. ¿No estamos sobreprotegiendo a los niños, cuando el cuento tiene como finalidad, precisamente, enfrentarles a un mundo con sus peligros?

Antropológicamente los cuentos se usaban para poner encima de la mesa una ficción que reflejaba una realidad con la que alguien se podría enfrentar. Era una forma de practicar ante la vida, de ejemplificar que si te pasaba algo, podría haber tales o cuales consecuencias. En la vida existe el bien y el mal. Y si sobreproteges a tu hijo ocultándole el mal, no estás haciendo ningún bien, desde mi punto de vista. Tarde o temprano se va a encontrar con esa realidad. Dárselo en forma de cuento es como vacunar a tu hijo. Una vacuna es una dosis de un virus para que una persona genere anticuerpos. Para mí, un cuento es lo mismo: es implantar una pequeña dosis de maldad para que el niño genere anticuerpos, para que haga un ejercicio de reflexión, para charlar con él sobre un tema, para que discierna entre diferentes opciones.

No pasa nada si un cuento acaba mal. A los niños les gusta la sangre, les gustan las historias truculentas. No tienen ese poso de maldad que tenemos los adultos, eso se adquiere. Hay que estar preparado para todo.

¿Se puede convencer a un niño para que le guste un libro?

No. Puedes convencerlo para leerlo, pero si no le gusta, ahí lo deja. Tienen las ideas mucho más claras que ninguno de nosotros.

¿Es necesario organizar actividades alrededor de una librería?

Por poder, se pueden no hacer. Como en cualquier negocio, son muchos factores los que afectan a la supervivencia. Hay una serie de teclas con las que puedes jugar para que suene todo bien. Pero es una forma para que pase gente por la librería, te conozca… Las actividades como tal no son un negocio, o yo no las planteo así.

sopa de sapo, estanterías

¿Hay más adultos que se acercan y compran libros ilustrados? ¿Ha habido un boom de libros joya, más cuidados en su edición, o viene de siempre?

Hay libros ilustrados que son más coleccionables, se acercan más al modelo del libro objeto. Son como una pieza que quieres tener en casa para poder echarles un vistazo de vez en cuando.

Yo creo que siempre ha habido libros especiales, que son los que se conservan a lo largo de los años. Los libros más normales se acaban retirando de las librerías: se tiran, se donan… Pero se conservan los pop-ups, los libros de pestañas, los libros de sonidos…

Hay padres que tienen rechazo a comprar esos libros, porque dicen que sus hijos los rompen.

Ya, pero eso forma parte del aprendizaje. Cuando lo vuelven a coger, ven que está roto y se plantea el por qué está roto, cómo tiene que comportarse… si nunca le compras un libro que pueda romper, nunca aprenderá a tener cuidado con las cosas.

¿Los libros infantiles son caros?

Un libro de niños se amortiza, porque lo leen miles de veces, son incansables cuando les gustan. Cuando alguien te diga que son caros, porque no tienen texto, les recomiendo que vayan a la biblioteca pública, lo cojan, lo lleven a casa y miren cuántas veces sus hijos les piden leerlo. Es probable que, cuando llegue la fecha de devolverlo, vayan a la librería y compren un ejemplar.

¿Nos das alguna recomendación?

Las brujas, de Roald Dahl, que da mucho miedo; ¡Voy a comedte!, de Jean-Marc Derouen y Laure Du Faÿ, que funciona muy bien si pones voces y haces el bobo; Comerse el tarro, de Isabel Minhós Martins, María Manuel Pedrosa y Madalena Matoso. Es un libro sobre el cerebro, pero no solo físicamente, sino en todos los aspectos: sentidos, emociones, creatividad… para niños de unos doce años que sean curiosos, inquietos y con ganas de aprender de otra forma, de saber. Y para los más pequeños, me parecen muy divertidos los libros de la colección Mi primera sopa de libros, de Anaya, en especial los escritos por Lucía Serrano (Mocos, Todos a la mesa, Cuando estoy enfadado…)

collage, recomendaciones, sopa de sapo

Algunas recomendaciones para todas las edades.

¿Conocíais Sopa de Sapo o alguna otra librería infantil? ¿Os dejáis seducir por la literatura infantil y juvenil?  Tenéis los comentarios a vuestra disposición.

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