Ahora que por fin ha pasado la etapa navideña, con sus fiestas en martes y la dificultad que supone mantener una rutina entre comilona y comilona, entre felicitación y felicitación, ha llegado el momento de ponernos serios y revisar con calma la planificación para el nuevo año que ha llegado.

Del que, por cierto, ya hemos perdido una semana completa. ¿La has aprovechado para avanzar algo en tus retos?

En 2019 tengo muchos planes, muy ambiciosos algunos de ellos —tal vez demasiado—. Pero en este contexto, como corresponde, sólo os voy a hablar de los referidos a la lectura. Ya habrá tiempo para comentaros algunos de los demás, si se tercia la ocasión.

Muchos libros y muy cercanos

Empezaré por lo primero. ¿Cuántos libros quiero leer en 2019? En mi reto en la plataforma Goodreads he señalado como objetivo setenta libros. Me parece más que asumible, teniendo en cuenta mis estadísticas de los años precedentes. Pero admito que he fijado el número un poco al tuntún, sin preocuparme demasiado. Quiero leer bien. Quiero disfrutar de la lectura. Si al final son veinte libros, bienvenidos sean. Si son doscientos, me asombraré bastante, pero también me parece una cifra correcta.

Lo que sí me he propuesto es leer más literatura escrita en castellano y, más en concreto, de autores de España (sudamericanos hispanohablantes, ya tendréis vuestra ocasión. Estoy segura). Por eso hace unas semanas os hablé de mi particular reto #52provincias52libros (que es la etiqueta que pretendo usar en redes, si no se me olvida. Es posible que se me olvide). A raíz del vídeo de Ann Morgan reflexioné sobre el origen de mis lecturas y caí en que, en su mayoría, eran traducciones, del ingles sobre todo.

Tengo cerca de una veintena ya escogidos y el resto podré ir decidiéndolos a medida que avance el año. En algunas provincias escasean los nombres y en otras «me sobran».

romancero del mío cid

Ahora que lo pienso, los libros que estoy revisando son todos actuales. Quizás podría darles una vuelta y leer (o releer) algunos clásicos. Este no, claro. No sabría a qué provincia asignarlo.

De todas formas, aún estáis a tiempo de recomendarme lecturas de autores de diversas provincias. En  la entrada del blog os comentaba cómo podéis ayudarme (este formulario también está abierto para ese fin).

Ahora que la meta principal está fijada, voy con las secundarias.

Leer «por obligación»

Lo de por obligación del título tengo que escribirlo con comillas, sí.

Por un lado, y por cuestiones laborales, me gustaría leer más literatura juvenil. En la librería tengo tiempo (no siempre, pero sí en ocasiones) de revisar álbumes ilustrados. A un adulto le bastan unos minutos para acumular un buen puñado de lecturas de esta índole. Pero con la literatura juvenil, aunque es menos exigente en la mayoría de los casos, se requiere algo más de tiempo. Y es un campo en el que me siento muy perdida a la hora de recomendar obras.

Ya en 2018 he empezado a leer algunas novelas o libros de relatos para jóvenes a partir de los diez o doce años, y en 2019 quiero que esa tendencia siga. Lo que aún no tengo claro es cómo fijar de forma consistente ese objetivo. ¿Tal vez dos libros al mes sea algo factible? Creo que, al menos durante el primer trimestre, va a ser una cuestión de ensayo y error, de ver cómo encaja este «volumen añadido de letras» en mi tiempo.

Otro género que quiero encarar es el de los libros relacionados con el cine. Me encantará poder seguir colaborando en 2019 con Cine y otras Drogas y, sobre todo, es una inquietud que deriva de mi afición por ver películas. No es algo en lo que me quiera especializar, pero sí tengo interés por aprender algunos aspectos técnicos o descubrir nuevas obras que hoy en día me resultan ajenas.

Leer para aprender

El último bloque de lecturas que va a formar parte de mi disciplina en 2019 son las relacionadas con temáticas que me puedan aportar algo interesante en mi crecimiento profesional o personal. Algunas de ellas serán la base para artículos, informes o charlas y otras se quedarán en el ámbito más privado.

Pero, lo más importante, es que quiero interiorizar los conocimientos que adquiera. No me quiero limitar a leer, sino que quiero poner en práctica las sugerencias que se planteen, experimentar y ver qué funciona y qué no en mi rutina. En esta línea os recomiendo mucho una serie de entradas que Raúl Hernández preparó para su blog relacionadas todas ellas con el aprendizaje (en el enlace podéis verlas, justo al comienzo).

Algunos de los temas que voy a abordar: 

  • Creatividad (formas en que el cerebro funciona, modos de ejercitarla, ejercicios…)
  • Creación de hábitos.
  • Gestión de proyectos.
  • Gestión de redes sociales.
  • Escritura en soportes digitales

Tengo ya bastantes libros y documentación de cursos sobre estos temas acumulados en mi oficina, así que, para estar segura de que no voy a dejar que la lectura por placer interfiera, me he propuesto dedicar veinte minutos al día, justo antes de comenzar con mi trabajo. Tomaré notas en hojas sueltas o fichas, que luego me permitan extraer conclusiones y buscar la forma de aplicar lo aprendido.

Probablemente escriba alguna entrada sobre este tema, según gane confianza.

Con esto finalizo la planificación lectora para 2019. Aún quedan muchos ajustes por hacer, pero creo que voy bien encaminada.

Y vosotros, ¿Tenéis algún reto para el año? ¿Queréis comentármelo? Podéis dejar un mensaje aquí mismo. 

Fotografía de portada: Marco Verch (Flickr 2.0 con licencia CC)