Como ya pasó en 2014, Mónica Basterrechea ha decidido emprender de nuevo el reto de los 30 libros: una oportunidad para compartir lecturas, confesar oscuros secretos y, sobre todo, disfrutar en compañía de otros lectores, que es por lo que más interesante me parece esta convocatoria. Podéis ver todas las categorías de esta edición aquí. Para ella es ya el sexto año en que convoca este periplo y para mi el segundo en que me uno encantada.

Como ya hice el año pasado, voy a resumir en post semanales mis seleccionados. Si queréis verlos día a día, tendréis que entrar en el blog de Mónica a leer mis respuestas, o bien podéis pasaros por mi cuenta de Twitter o Instagram.

Ahí van mis seleccionados:

Día 1: Un libro tonto

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En mi biblioteca hay un poco de todo, es cuestión de rebuscar. Y dentro de ese todo, hay unos cuantos libros que, literariamente hablando, dejan mucho que desear, pero que son entretenidos, te divierten y los puedes leer una página hoy, un párrafo dentro de dos semanas… sin sentirte culpable en absoluto. Así que he escogido uno de esos, más concretamente Orgulloso de ser friki, de Germán «Señor Buebo» Martínez. Además, tampoco queda tan lejos el día del orgullo friki, el 25 de mayo, razón por la que se escribió precisamente este libro. Pongo la sinopsis para que os hagáis una idea sobre el contenido:

Son buenos tiempos para los frikis. Aunque la sociedad les trata aún como marginados, consiguen lo que quieren gracias a Internet y las tiendas especializadas. Sin embargo, en las noticias sólo hablan de ellos cuando van disfrazados a los salones del cómic o para decir que un crimen está relacionado con los juegos de Rol. E ste libro descubre la verdad sobre los frikis, cómo viven, cómo se comportan, cómo se relacionan y cómo, más tarde o más temprano, acabarán dominando el mundo…

Día 2: Un libro que te reconcilie con la vida

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En este caso me quedo con Mi amigo Dahmer, de Derf Backderf. Ya os hablé de esta novela gráfica hace un tiempo. Aunque reconciliar creo que es una palabra muy dura para expresar lo que sentí al leerlo, sí que puede aplicarse. El libro es, en cierto modo, una llamada de auxilio, aunque hecha demasiado tarde, cuando ya no había solución posible. Se nos muestra a un asesino en serie antes de serlo, cuando todavía era un adolescente con los traumas, inseguridades y dolor que puede arrastrar cualquier joven de su edad –y alguno más, para qué negarlo–. Para mi es un libro sobre lo falible que puede ser la gente, hasta llegar al punto de ser obtusos.

Día 3: Un libro que subrayaste

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Primera categoría (seguro que no es la última) en la que ha habido cierta discusión. A excepción de dos personas –al menos que hayan confesado– incluida la propia Mónica, el resto consideramos una aberración subrayar los libros o «deformarlos» de alguna forma. En mi caso, opto por sacar fotografías de los párrafos que más me han gustado. Conozco también a quien prefiere escribir a mano esos mismos párrafos en su cuaderno de citas. En resumen, que casi todos teníamos que retroceder a los tiempos de estudiante para encontrar la última obra que hubiéramos subrayado.

Así que, aunque hago trampas, yo he escogido un libro al que le haya sacado muchas fotos, que sería mi equivalente a haberlo subrayado mucho: Canadá, de Richard Ford. Los que me conocéis ya sabéis que adoro a Ford, así que era una elección fácil. Por cierto, me comentaban que la traducción al castellano deja bastante que desear, al menos eso dice Juan Carlos Márquez en su página de Facebook, donde debe estar revisándolo al detalle. Me entran ganas de leerlo en inglés, para qué os voy a mentir.

Día 4: Un libro con niños.

El misterio de la isla de Tökland

El misterio de la isla de Tökland, de Joan Manuel Gisbert. Este libro lo leí cuando era muy pequeña y tengo el recuerdo de que me impresionó y me gustó muchísimo. Por circunstancias de la vida, hace poco me llegó otro ejemplar donado a la protectora de gatos en la que soy voluntaria. Pero ahora me da miedo volver a leerlo, no vaya a ser que me decepcione, que es algo bastante habitual cuando intentas retomar lecturas infantiles –¿habéis vuelto a leer un libro de La familia Hollister o de Los cinco? ¡Son horribles!—, así que he decidido quedarme con el buen recuerdo que tengo de él y no estropearlo.

Por cierto, no estoy segura, pero creo que no salen niños en él, pero como a mi me retrotrae a mi infancia… lo voy a dar por bueno.

Día 5: Un libro con ancianos

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Otra categoría que me ha resultado muy sencilla, sobre todo porque acabo de leer el tercer volumen de los Diarios de Iñaki Uriarte. Si hay algo que me fascina de los ancianos, es llegar a ese punto en que pueden ser sinceros consigo mismos y decir lo que les pasa por la cabeza sin temer a las consecuencias. Y Uriarte es un hito en la sinceridad, porque poner iniciales en lugar de los nombres completos es toda la licencia a la discreción que se permite. Algo que, en muchas ocasiones, no sirve de nada porque todos sabemos de quién está hablando.

Día 6: Un clásico insoportable.

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Creo que la imagen habla por sí misma. No paro de oír que es una obra maravillosa, perfecta, sublime… pero no he sido capaz de leerlo. Lo he intentado al menos un par de veces y no he pasado de la página veinte. No consigo conectar con Cien años de soledad. Aunque me consuelo porque por Twitter hay gente que me ha dicho que le ha pasado lo mismo y que, llegado el momento adecuado, lo disfrutaron con locura. Así que seguiré intentándolo periódicamente hasta que ese momento de disfrute llegue. Mientras tanto, ahí está bien guardado en la estantería esperando su turno.

Día 7: Un libro injustamente olvidado 

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Un libro que yo he olvidado. He olvidado el título, el autor y la editorial. Sólo puedo decir que es un libro infantil que me encantó y que me encantaría volver a tener entre las manos, si es que alguien consigue acordarse de él y me dice cuál es.

Era la historia de un niño al que no le gustaba leer, pero que acababa viajando por mundos fantásticos acompañado de tres libros: uno que representaba la fantasía (tenía la apariencia de un hada), otro la aventura (vestido de pirata) y un tercero el género de terror (éste creo que no iba de nada, tenía un aspecto como enfermizo y asustado). Como es de suponer, la historia acababa bien, el niño descubría que leer era lo mejor del mundo porque podía entrar en mundos nunca conocidos y aprender formas de enfrentarse a la vida. No es un argumento muy original, pero era un libro ilustrado precioso. A ver si alguien lo reconoce.

Hasta aquí la primera semana. Si queréis formar parte del reto, no tenéis más que pasaros por el blog de Mónica, que seguro que os recibe con los brazos abiertos. También podéis comentar aquí alguna de las categorías si os apetece.