¡Bienvenidos a un nuevo curso en Relatos en construcción! 

Después de un pequeño descanso veraniego (que no lo ha sido tanto), encaro un nuevo año lectivo. Sí, como supondréis, tiendo a ejecutar los años desde septiembre hasta julio, más aún teniendo en cuenta que el aniversario del blog se celebra, precisamente, en ese mes. 

Como esta va a ser una entrada un poco larga, lo mejor es que comience sin más. 

Lecturas del mes

La primera decepción ha venido por el lado de las lecturas. Tenía un objetivo clarísimo: leer La broma infinita, de David Foster Wallace, dedicando a sus casi mil doscientas páginas todo el mes de agosto. ¿La realidad? No he leído prácticamente nada. A día de hoy, llevo leídas unas doscientas páginas. Ha sido una enorme desilusión personal pero, sobre todo, una mezcla entre una falta de planificación clara y un optimismo exacerbado sobre mi capacidad para compaginar actividad profesional y dedicación personal. Por un lado, he estado dos semanas trabajando en mi librería infantil favorita, Sopa de Sapo. Me lo he pasado muy bien, he conocido a gente estupenda, pero he sobrestimado el tiempo que iba a tener disponible para dedicarme a la lectura. O, tal vez, la tentación de tener tanto libro ilustrado a mi alcance me ha podido.

El resto del mes lo he dedicado a planificar la entrada del curso y a adelantar todo el trabajo posible, porque durante el mes de septiembre voy a dedicarme a tres proyectos laborales diferentes y todos ellos presenciales.

Así que, mientras continúo paseando ese enorme volumen “de bolsillo” que espero no se deshaga —poco me fío de esas ediciones, más aún con un número de páginas tan elevado, sigo avanzando con la esperanza de que septiembre me deje algún que otro tiempo libre para la lectura no profesional.  

Entradas en el blog 

Como en Agosto no he publicado nada, resumo rápidamente las últimas entradas de las que podéis disfrutar y que se publicaron a lo largo del mes de julio.

  • Todo lo que dio de si… junio: El último resumen mensual con lecturas, acumulación insaciable de libros y entradas publicadas. 
  • Bram Stoker más allá de Drácula: algunos de sus relatos. La criatura literaria parece haber fagocitado al autor, pero Stoker es mucho más que su vampiro sediento de sangre. En esta entrada os recomendé dos libros de relatos con un enfoque muy diferente entre si.
  • La uruguaya y la crisis masculina de los cuarenta. Los escritores sudamericanos me están dando alegría tras alegría en 2018. Pedro Mairal no es una excepción. Esta novela se ha convertido en una de mis favoritas en lo que va de curso. 
  • Clubes de lectura: ¿Una forma de fomentar el hábito lector? Después de haber participado por vez primera en un club de lectura durante el primer semestre, resumo algunas impresiones personales que he podido extraer de la experiencia. 
  • Los reyes de la mudanza: el capitalismo que todo lo inunda. La última reseña del curso ha sido para una novela de una editorial recién creada que impresiona por el análisis de la sociedad occidental y por el entramado de situaciones que plantea.  
  • También podéis leer en Cine y otras Drogas mi última entrada sobre libros y cine. En esta ocasión, Nosotros somos ellos: Análisis y evolución del género de zombis en George A. Romero, de Josep Oliver. Un imprescindible para amantes del género: 

Botín mensual 

Mientras que en agosto he podido mantenerme firme y solo he comprado un libro —llevada por la curiosidad y por cierto nivel de confianza en el autor— julio iba por buen camino hasta que un cataclismo de regalos de última hora han inundado la biblioteca y, de paso, la han desorganizado. Otra vez.

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  • Si yo fuera un hombre, de Charlotte Perkins. He leído hace nada El papel amarillo, de la misma autora, en una edición impecable de Bestia Negra, y me entusiasmó la construcción del relato, así que era obligado sumarse a una de las últimas publicaciones de Uve Books que, además de incluir ese mismo relato, suma unos cuantos más. 
  • Manual del club de lectura, de Rosa García Perea. Mi intención era utilizar este libro de base para la entrada sobre los clubes de lectura, pero ha sido una desilusión absoluta: un contenido pobre con una redacción endeble y una edición que deja mucho qeu desear. No lo recomiendo.
  • Cartas a jóvenes artistas. Editado por Continta Me tienes, es una colección de misivas escritas por dibujantes, artistas plásticos, poetas, filósofos, galeristas… que hablan de su visión del arte, de la creatividad, del proceso mercantil que les acompaña… una pequeña maravilla, con los altibajos que supone una obra escrita a muchas manos. 
  • La belleza, con guión de Hubert y dibujo de Kerascoët. Uno de esos cómics de los que no se para de hablar y al que tenía muchas ganas, pero que ha tardado en llegar a casa, entre otras causas porque es demasiado grande para mi gusto —y mi librería no da para más—. Espero leerlo y comentarlo muy pronto.
  • Domando gatos, de Sarah Andersen. No puedo evitar reírme a carcajadas con las anécdotas cotidianas de Sarah. Hasta el momento este el tercer libro que ha publicado y, aunque se hace muy, muy corto, vale cada risa que arranca. Me siento muy identificada con muchas de sus historias y me encanta que tome cualquier adversidad con humor.
  • Sex Criminals, Volumen 3, de Matt Fraction y Chip Zdarsky. Editado por Norma Cómics, sigo leyendo con interés esta historia que en su tercer volumen se vuelve más profunda, con una reflexión sobre el binarismo en el sexo, la asexualidad, la presencia del sexo en la televisión… una oportunidad de aprovechar los recursos de una utopía en el cómic para hablar de cuestiones de actualidad.
  • Eastwood, desde que mi nombre me defiende, de Francisco Reyero. Aprovechando la presencia del autor en mi ciudad, me hice con una copia de este ensayo que estudia la presencia del actor y director en España durante la grabación de la famosa trilogía de espagueti westerns.
  • Versus, de Karlos Linazasoro. Versus es una obra extraña: una colección de noventa y nueve microrrelatos de un naúfrago en una isla apenas más grande que una habitación. Una oportunidad de leer algo diferente, de la mano de Jekyll and Jill.
  • Drugstore Cowboy, de James Fogle. Quienes me conocen, saben que siempre hay un ejemplar de la colección Al Margen de Sajalín en mi estantería. Un recurso que nunca me decepciona y me ayuda a desconectar. En breve os hablaré de esta historia.
  • El arte de llevar una vida creativa, de Frank Berzbach. Y hablando de libros habituales en mis estanterías, poco a poco voy formando una interesante colección sobre creatividad y escritura. Esta ha sido la última adquisicion hasta el momento.
  • Lo que más me gusta son los monstruos, de Emil Ferris. Junto con el anterior, regalo de mi pareja. Después de su éxito en los premios Eisner, me da un poco de rabia admitir que lo tenía en la lista pero que su precio, unos treinta y cinco euros, me ha obligado a postergar una y otra vez su compra. Ahora parece que me subo al carro del “os lo dije”, pero será más bien el de “me lo decíais todos”. O tal vez no. Habrá que esperar a su lectura.
  • Voy a incluir del tirón tres regalos extraños pero entrañables: por un lado, una edición de Mary Poppins editada por Fher en 1965 y regalo de Anna Gómez Llanos. Una auténtica curiosidad que me ha encantado, porque soy de esas personas que ven la película de Disney al menos una vez al año. Y mis amigos Ero y Mireia, que han tenido la ocurrencia de casarse en Las Vegas —con un doble de Elvis amenizando el enlace, claro está—, me han traido un par de volúmenes de tiendas de segunda mano de San Francisco: Una primera edición del primer volumen de Sin City, de Frank Miller, The big fat kill, editada por Dark House; y The who, the what and the when: 65 artists illustrate the secret sidekicks of history, una obra de varios autores que repasan, a través de figuras a la sombra de personajes históricos relevantes la historia de los Estados Unidos, principalmente. Que no se diga que no saben regalarme libros raros.
  • Memorias de un asesino a sueldo, de Daniel Ter: regalo de su autor, aún podéis encontrar esta historia en edición digital, aunque la editorial cerrara hace ya algún tiempo. No sé por qué, pero tiene aspecto de que el humor negro va a destacar por encima de todo, y eso lo hace irresistible para mí.
  • Dejando ya los regalos a un lado, las dos últimas adquisiciones de agosto. Por una parte, Las niñas prodigio, de Sabina Urraca, editada por Fulgencio Pimentel. Había oido cosas estupendas de esta historia y, aprovechando la semana de saldos de la editorial —que no he entendido bien, porque a mí el ejemplar me llegó en unas magníficas condiciones—, me he hecho con ella. Espero que no me decepcione.
  • Para terminar, Todas ellas, de Isaac Belmar. Leí hace tiempo Tres reinas crueles, y tenía curiosidad por esta colección de relatos autopublicados. El blog de Isaac, Hoja en Blanco, es de un cinismo —y realismo— adorable, así que bien vale ver su faceta escritora.

Con todo esto, que no ha sido poco, doy por iniciado el año y espero que me acompañéis de nuevo. Como siempre, estoy abierta a vuestros comentarios ya sea aquí, o a través de las redes sociales (donde parece que da menos vergüenza hablarme, no lo sé). 

¡Sed bienvenidos al sexto año de Relatos en construcción!