Acaba de estrenarse en televisión la adaptación a serie de la famosísima novela de Ray Bradbury, Farenheit 451. La acogida no está siendo buena, en especial por parte de los fans de la novela, que critican que el director Ramin Bahrani no ha comprendido nada de la misma.

Aunque la mayoría de la gente piensa que se trata de una obra sobre la censura, en realidad no es así: Ray Bradbury (Waukegan, 22 de agosto de 1920 — Los Ángeles, 5 de junio de 2012)​​ explicó que es una historia sobre cómo los medios de comunicación son capaces de tornar la opinión de las masas y cómo la “caja tonta” reducía la capacidad de la gente de comprender mensajes con un cierto nivel de complejidad. 

ray bradbury, farenheit 451

Aunque me avergüenza, admito que aún —lo de aún es importante, porque supone una intención firme que espero no tarde en materializarse— no he leído la novela. Sí vi, y disfruté, la versión cinematográfica de 1966, con guión y dirección de François Truffaut.

En todo caso, creo que es una oportunidad estupenda para traer un vídeo que he revisado recientemente. Se trata de una entrevista a Ray Bradbury emitida en enero de 1974 a cargo de  James Day, presentador televisivo que estaba al frente del programa Day at Night.

Os recomiendo que la veáis. De ella se pueden sacar interesantes conclusiones:

Ray Bradbury, fantasía y escritura

Como comentaba, hay muchos temas interesantes en esta breve entrevista:

El bagaje y la experiencia lectora

Por un lado, Bradbury habla de la importancia de tener un bagaje lector y de que este se introduzca desde una edad temprana. En su caso, se refiere a cómo su madre y su tía le leían los cuentos de los hermanos Grimm y los de Anderson desde que tenía tres años, o los libros de Poe cuando tenía ocho. En su entrada a la adolescencia, ya tenía un enorme imaginario que “desbordaba su mente”, conformado por los libros que había leído, sumados a otras fuentes, como la mitología griega y romana o incluso los mitos cristianos fruto de su asistencia a la escuela dominical. Bradbury explica ese fondo, esa experiencia como algo clave para su capacidad de contar historias, cuentos y mitos modernos. La influencia de más de dos milenios de lecturas precedentes inculcan en la sangre la habilidad de crear historias que se recuerdan con facilidad. 

Al hilo también del bagaje lector, y pensando en todas las críticas que se hacen estos días a los libros escritos —podríamos poner comillas en lo de escritos, quién sabe— por booktubers, me encanta su reflexión sobre la importancia de leer obras de menor calidad. Bradbury afirma que cree necesario poner en manos de los jóvenes obras melifluas, de menor calado o calidad, para poder crear una base que sostenga a otro tipo de lecturas:

No puedes comprender Shakespeare sin leer a Burroughs primero. Necesitas a ambos en tu vida. Uno no va a contaminar al otro, no lo va a corromper. Hay espacio suficiente en la mente para todo.

Las escuelas de escritura y la necesidad de buscar la emoción

Afirma Ray Bradbury que no cree en las escuelas para escritores:

No creo en las escuelas para escritores. Creo que son peligrosas, que hay muchos profesores muy obstinados, esnobs que se creen superiores desde un punto de vista intelectual.

Siguiendo con esta cuestión, comenta que la inteligencia es un peligro para la creatividad, porque te lleva a racionalizar todo, a buscar justificaciones para cada cosa que haces en lugar de guiarte por el instinto y mantenerte fiel a ti mismo, a lo que eres, a quien eres, a lo que quieres ser.

En la máquina de escribir de Ray Bradbury ha habido, durante veinticinco años, una nota adherida que reza: No pienses. El proceso de escritura no es racional, es emotivo. Debería ser una experiencia vital.  El teclado no es el lugar para que la mente ejerza ese proceso de reflexión, habrá tiempo a lo largo del día. Una persona creativa tiene que dejar de pensar demasiado y tratar de sorprenderse a si misma. 

Su consejo es: sé una personal activa, emocional, busca en tu interior, haz listas de lo que amas y de lo que odias y escribe sobre ello. Entonces, cuando has acabado de escribir, puedes pensar sobre ello, analizar si funciona o no, si falta algo o no. Si falta, entonces da un paso atrás y vuelve al estado emocional.

La máquina de escribir es el equivalente a una tabla de güija: es una herramienta sobre la que se mueven las manos y que te ayuda a ejercitar la introspección, a descubrir cosas que no sabias. Hay aspectos dentro de cada persona que son oscuros y destructivos, y escribir sobre ellos ayuda a sacarlos a la luz y otorgarles un velo creativo.

No puede haber arte de ningún tipo sin emoción, sin sentimiento. Cuando Ray Bradbury habla de su poesía, habla de que no tiene idea de estructura interna, de rimas. Se deja guiar por la intuición, por las palabras de todos esos héroes —sus héroes, los poetas que a él le gustan— a los que ama.

Escribir es buscar en el interior, atreverse a sentir y a poner por palabras esos sentimientos, confiar en que la gente te apoyará y no preocuparse demasiado por el argumento. Las grandes novelas de la historia no se leen por sus argumentos, por la historia central que cuentan, sino por sus aristas filosóficas, lo que asoma a su alrededor.

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Las listas de lectura y las bibliotecas

Las listas de lectura no tienen utilidad. Hay que ir picoteando, adentrarse en las novedades de todas las secciones. La gente no se divierte leyendo porque no acuden a la zona infantil de sus bibliotecas y librerías. Pero los libros infantiles son diez veces más disfrutabas que cualquier novela americana media. Ray Bradbury afirma que le gustaría poder estar lado a lado con sus héroes: Mark Twain, Charles Dickens, Robert Louis Stevenson o Edgar Allan Poe.

Respecto a las bibliotecas, Bradbury habla de cómo se deja guiar por el instinto, al igual que hace con la escritura. Va en blanco, sin listas de lo que quiere leer, coge un libro de una estantería, lo abre y, si no siente un amor rápido e instantáneo por él, lo deja y salta a otro libro. La vida es para ir de amor en amor.

La importancia de tener un propósito en la vida

Bradbury habla de lo importante que es trabajar en algo que ames profundamente. No merece la pena vivir si no haces algo que te guste, algo que te lleve a levantarte por las mañanas y lanzarte a por ello. Si vives una vida mediocre, sin objetivos, haciendo cosas sólo para rellenar el tiempo, no merece la pena vivir, sería mejor suicidarse.

No entiendo que la gente pueda vivir sin un cierto grado de emoción, de felicidad, de creatividad, sin importar qué tan grande o pequeño es ese grado.

Una vez tengas un objetivo, ve a por ello, tenlo siempre en mente y avanza poco a poco, sin paciencia y sin vergüenza —es muy ilustradora la historia que cuenta sobre cómo llegó a trabajar en la radio con siete u ocho años—.

La mayoría de la gente no quiere nada, o no luchan por lo que quieren, así que no consiguen nada.

El concepto de fantasía y ciencia-ficción

Ray Bradbury se considera sobre todo un escritor de cuentos, de fantasía. La fantasía está asociada a algo malo, un sinónimo de holgazanear, de estar ensimismado. Sin embargo, la habilidad de fantasear es la habilidad de sobrevivir y de crecer, es lo que hacen niños y adolescentes: creer que pueden ser alguien, que pueden llegar a algo. Cuando fantaseas le estás dando forma a un sueño que quieres alcanzar más adelante.

Crecer con historias de ciencia ficción te ayuda a desarrollar interés por todo lo que te rodea. No estoy preocupado porque la realidad alcance tecnológicamente lo que se narra en las obras de ciencia ficción. Las grandes cuestiones que plantea el género son de matiz filosófico, y apenas hemos rozado el conocimiento de la naturaleza humana.

Espero que os haya resultado tan interesante como a mi esta entrevista. Yo, al menos, me reafirmo en algunas de las ideas que tenía: La importancia no solo de leer para escribir, sino de dar rienda suelta a las lecturas, sin evaluarlas en materia de dogma o calidad literaria, y lo relevante que es no plantearse demasiado la escritura como algo racional (algo de lo que hablé, por ejemplo, en mi artículo sobre escritura libre).

Es vuestro turno: ¿Hay alguna idea que hayáis sacado en limpio de la entrevista? ¿Algo que os haya sorprendido (su alusión al suicidio me parece bastante radical, por poner un ejemplo)? Tenéis los comentarios a vuestra disposición.