El pasado veinte de abril Isabel Bellido publicaba en Yorokobu un artículo que trajo consigo cierta mofa entre mis contactos en redes sociales: Bookstagrammers: el postureo con los librosEl cachondeo no venía del artículo en sí, bien redactado, sino del contenido del mismo: la tendencia en las redes sociales —y, de forma más concreta, en Instagram— de convertir los libros en obra artística, en una pieza con un valor estético más allá de su contenido.

Bookstagrammers: haz de un libro una obra de arte fotográfica

Así, hemos asistido al resurgimiento de un grupo de personas que invierten tiempo, esfuerzo e imaginación en lograr la composición perfecta con la luz adecuada y un derroche de esplendor que podría en algunos casos ser la envidia de muchas revistas. Hacer fotos bonitas es un arte del que yo al menos me considero bastante incapaz.

A las editoriales esto les ha venido de maravilla: por fin hay alguien capaz de crear una imagen original, creativa y atractiva de sus libros —y gratis, no nos olvidemos de eso, o a cambio de un mísero ejemplar, que también sale a cuenta—. Lo que sus expertos en marketing no han logrado durante años, vienen ahora a hacerlo un grupo de personas, mayoritariamente mujeres diría yo, que consiguen lo que siempre han querido: crear deseo por un libro en un entorno visual como es el de la red y, más concretamente, de Instagram.

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Supongo que podéis ver la dificultad de leer un libro en estas condiciones

Cuestión aparte es si esos libros son leídos o simples herramientas para recolectar “me gusta” o captar la atención de nuevos seguidores.

#Yosíqueleo: Busca y comparte lecturas en la comunidad virtual

Sin embargo, la de los Bookstagrammers no es la única tendencia en Instagram en relación a la lectura. La red social La lectora Futura lanzaba hace unos meses la campaña “Si lees, dilo”, en la que animaban a usar el hastag —o etiqueta— #Yosíqueleo (con tilde) con el objetivo de que los lectores compartieran el libro que estaban leyendo en ese momento y pudieran localizar, a través de la etiqueta, a otros lectores con los que compartir impresiones. Como bien explicaban: «Solo desde un mensaje optimista se puede avanzar. Queremos demostrar que hay una comunidad lectora activa, dinámica y atractiva, capaz de ganar nuevos lectores». Esta campaña fue apoyada por el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid a través de su red de bibliotecas públicas, y por el Gremio de libreros de la región aunque, a nivel virtual, su alcance se ha extendido mucho más allá.

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cartel de la campaña: Yo sí que leo.

#Lomopoesía: de proyecto artístico a tendencia 

En las últimas semanas ha aparecido una nueva tendencia etiquetada como #lomopoesía. Consiste en crear una poesía, o al menos una pequeña estrofa, puede que incluso un haiku, a partir de los títulos de libros de tu biblioteca. El nivel de complejidad lo escoge el compositor, ya sean dos libros o veinte. Por si no lo he explicado bien, aquí tenéis algunos ejemplos:

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Curiosamente, no se trata de una idea innovadora, sino que tenemos que remontarnos a 2013 para hallar su origen. Nina Katchadourian era una estudiante de arte a punto de licenciarse en la Universidad de San Diego. A los fundadores del programa de Bellas Artes de su centro les interesaba mucho la conexión del arte con la vida, y una de sus profesoras invitó a varios alumnos, incluida Nina, a casa de sus padres, con el propósito de que crearan a lo largo de una semana una obra a partir de lo que allí encontraran.

Nina decidió encerrarse desde el primer día en la biblioteca, analizando el orden en que estaban dispuestos los volúmenes, familiarizándose con las diversas temáticas que ahí abundaban. Recordó entonces un momento en la biblioteca de la universidad cuando, buscando un libro, había vuelto la cabeza hacia un lado mientras recorría las pilas y pensaba lo espectacular que sería si todos los títulos formaran una frase accidental cuando se leyeran uno tras otro en Una cadena larga. Su siguiente paso fue cambiar de lugar y reorganizar los libros, juntándolos para que sus títulos formaran frases cortas. Ese fue el inicio de su proyecto “Sorted books”, que ha ido desarrollando y al que ha ido imponiendo ciertas normas estéticas y de contenido, que podéis ver en su web.

Como podéis ver, de forma periódica se dan una serie de movimientos que juntan libros, arte, fotografía y composición y que, más allá de un propósito estético, generan un sentimiento de comunidad entre los lectores. Ya sea #yosíqueleo, #lomopoesía o cualquiera otra de las cientos de etiquetas que giran en torno al libro, su presencia en las redes no queda relegada a un pequeño nicho, como cabría esperar, sino que tiene un espacio propio y bien definido.

#lomopoesía o

mi pequeña aportación a la etiqueta #lomopoesía

Y vosotros, ¿tenéis cuenta en Instagram? ¿Habéis hecho alguna vez uso de estas u otras etiquetas? ¿Compartís vuestras lecturas aunque sea de una forma menos artística? Tenéis los comentarios a vuestra disposición.